‚úäūüŹľ El compromiso del escritor

¬ŅDebe un escritor comprometerse con causas sociales y pol√≠ticas? Si los escritores que admiro son comprometidos con una causa, ¬Ņsignifica que yo tambi√©n deber√≠a comprometerme con alguna? ¬ŅY siempre tiene que ser un compromiso social y pol√≠tico? ¬ŅNo puede ser un compromiso de otra naturaleza? ¬ŅCu√°l es la diferencia entre el compromiso y la responsabilidad art√≠stica? Espera un momento, ¬Ņde qu√© hablamos cuando hablamos del compromiso del escritor?


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Mi ceguera ideológica

Cuando a√ļn estudiaba en la universidad, mi Maestro Ren√© Avil√©s Fabila, que en paz descanse, nos encarg√≥ leer un libro delgad√≠simo y aburrido que reciclaba ideas del marxismo. Mi formaci√≥n universitaria estuvo impregnada por el marxismo, ideolog√≠a filos√≥fica, pol√≠tica y econ√≥mica con la que mantengo un amor apache desde entonces. 

Pero esa no fue la raz√≥n por la que aquel librito, un ensayo quiz√°, me result√≥ tan aburrido. Creo que trataba sobre la literatura postrevolucionaria de M√©xico, no lo s√©, han pasado ya demasiados a√Īos. Tengo memoria de pez, as√≠ que no recuerdo el t√≠tulo ni el autor y como el libro me interes√≥ poco lo dej√© en M√©xico y no lo tengo conmigo. 

Ren√© quer√≠a ponerme a pensar sobre el compromiso que asum√≠a como escritor, no s√≥lo ante el ejercicio de crear literatura, sino ante el ejercicio ciudadano de quien ha cultivado el don de la palabra. 

Ahora que lo pienso, quiz√° el libro no me interes√≥ porque yo entonces andaba bien clavado con el Movimiento por la Diversidad Sexual que coordinaba junto a otros colegas. Aunque nuestras actividades y objetivos ten√≠an un marcado car√°cter social y pol√≠tico, yo no encontr√© en aquel libro la inspiraci√≥n necesaria para reflexionar sobre los compromisos o responsabilidades ideol√≥gicas que empezaba a asumir, sin ser muy consciente de ello. Todo lo concerniente a la salud sexual y reproductiva, a la defensa de los derechos humanos de las personas LGBTI+, me tocaba personal, social y pol√≠ticamente hablando. Y no es que otro tipo de lucha me diera igual o me pareciera menos digna de atenci√≥n, es, sencillamente, que esta ha sido siempre mi lucha, con la que he tenido que lidiar, aunque yo no quiera. Y all√≠ he tenido la cabeza desde que sal√≠ del armario a los dieciocho a√Īos, quiz√° desde antes.

Descubr√≠ el compromiso o la responsabilidad c√≠vica en la universidad, ejerciendo el activismo LGBTI+ durante todos los a√Īos de mi carrera. Quienes me conocieron entonces saben que me entregu√© en cuerpo y alma. Lo llevaba todo hacia adelante: clases, deberes y coordinaci√≥n. No ten√≠a tiempo para nada m√°s, ni siquiera para m√≠, pero no me import√≥. Deb√≠a hacerlo. Al ayudar a los dem√°s, tambi√©n me ayudaba a m√≠ mismo. Esos cuatro a√Īos de activismo social, cultural y pol√≠tico me dejaron exhausto y los √ļltimos meses de la carrera tuve que dar un paso atr√°s porque me dej√© la salud. Me diagnosticaron un problema de tiroides derivado del estr√©s y tuve que centrarme en la tesis. 

Mientras estudi√© el M√°ster en Creaci√≥n Literaria de la Barcelona School of Managment, m√°s de una d√©cada despu√©s, en 2020, le√≠ El punto ciego, de Javier Cercas, cuyo cap√≠tulo titulado ‚ÄúEl hombre que dice que no‚ÄĚ me llev√≥ nuevamente a pensar en lo que Ren√© Avil√©s Fabila quiso que me planteara a√Īos atr√°s.

El ensayo de Cercas me hizo recordar que, durante mi √ļltimo a√Īo de licenciatura en M√©xico, tambi√©n le√≠ As√≠ se escribe un cuento del argentino Mempo Giardinelli, en el que se expone este viejo asunto, en el cap√≠tulo ‚ÄúLos caminos de la Literatura Latinoamericana y el compromiso del escritor‚ÄĚ. 

Voy a usar algunas ideas y citas encontradas en dichas fuentes, para hacer hoy contigo, que te encuentras en un periodo formativo y conviene que empieces a darle una vuelta a este asunto, lo que René hizo conmigo. Espero que mis palabras ahora tengan algo más de efectividad que aquel librillo delgado y somnífero a través del que debía cuestionarme acerca de la relación ideológica que empezaba a establecer con la vida y la literatura.

Ahora que me obligo a pensar en ello, la raz√≥n por la que aquel ensayo medio marxista no me estimul√≥, fue que me sonaba todo muy antiguo y ajeno. Y quiz√° lo era, pero s√≥lo parcialmente. Entonces no lo supe ver. La lucha del pueblo, del oprimido, del proletario, no se diferencia mucho de la lucha del discriminado y del rechazado, ¬Ņverdad? Todos luchan por la igualdad.

Mi ceguera de entonces me granje√≥ una p√©sima nota en el trabajo de reflexi√≥n que se nos hab√≠a encomendado y me pregunt√©: ¬Ņa caso no tengo el suficiente inter√©s en los asuntos sociales como para ser un escritor comprometido? La falta de compromiso con las causas que defiende este ensayo tan adormecedor y que siento tan ajeno a mi propia realidad, literaria y social ¬Ņme impedir√° ser escritor? ¬ŅEstoy obligado, a caso, a adquirir compromisos que no quiero adquirir? ¬ŅEse es el precio de ser escritor? ¬°Ten√≠a la cabeza hecha un l√≠o!

Un poco de historia sobre el compromiso del escritor

Por supuesto, Ren√© Avil√©s no tuvo la culpa de nada. Fue un gran maestro para m√≠ y para todos mis compa√Īeros y compa√Īeras de generaci√≥n. La forma en que se relacion√≥ con la literatura y la vida social y pol√≠tica de M√©xico son ejemplo suficiente para entender lo que es un escritor comprometido. El problema, en mi opini√≥n, estuvo en aquel ensayo, que pudo haber sido muy √ļtil e inspirador para los j√≥venes mexicanos de finales de los a√Īos setenta, que a√ļn respiraban los aires del pri√≠smo represor, pero ya no era ya igual de efectivo para todos los j√≥venes de mi generaci√≥n. Las inquietudes, intereses y batallas de los j√≥venes de finales de siglo XX no eran exactamente las mismas que ten√≠amos los j√≥venes de principios de siglo XXI.

En mis a√Īos universitarios, M√©xico se cre√≠a realmente capaz de la autogesti√≥n social y pol√≠tica, la llegada de Vicente Fox a la presidencia nos hizo pensar que viv√≠amos en un pa√≠s realmente democr√°tico en el que la libertad de expresi√≥n era posible; aunque siguiera gobernado por la derecha, ya no era la misma derecha de siempre. 

Era todo una ilusi√≥n, por supuesto, pero no se respiraban ni se respiran los mismos aires que se debieron respirar en el M√©xico de Gustavo D√≠az Ordaz. Aunque‚Ķ si nos ponemos a rascar detalles a la historia, podr√≠amos empezar a sacar un mont√≥n de mierda, pero no es lo que pretendo hacer ahora. 

La cuesti√≥n es que aquel ensayo, del que s√≥lo recuerdo el sopor que me produjo, no habl√≥ en mi idioma y no me llev√≥ a pensar en lo que supuestamente deb√≠a. Y peor a√ļn, me llev√≥ a enfrentarme a una crisis art√≠stica, porque, aunque no me atrev√≠a a decirlo en voz alta, era un artista en formaci√≥n que no daba la talla, o eso cre√≠a, seg√ļn los est√°ndares de un compromiso o responsabilidad ideol√≥gica que mi incipiente literatura deb√≠a adquirir.

Mempo Giardinelli cuenta que durante la segunda mitad del siglo XX, los escritores latinoamericanos m√°s relevantes discutieron este tema siguiendo las ideas de Juan-Paul Sartre, el pensador que impuls√≥ el debate y que en palabras de Javier Cercas es quiz√° la encarnaci√≥n perfecta del escritor comprometido. 

Seg√ļn Giardinelli, muchos escritores usaron el debate como excusa para discutir el protagonismo social y las perspectivas de una revoluci√≥n que entonces parec√≠a posible, recordemos que se refiere, sobre todo a las d√©cadas convulsas de los a√Īos sesenta y setenta. En aquellos tiempos, la discusi√≥n del tema era una necesidad en Am√©rica Latina, m√°s que una moda. 

Giardinelli tambi√©n dice que es natural que ahora desechemos los productos de aquella corriente, porque al amparo de la llamada literatura comprometida surgi√≥ un producto deleznable: la escritura panfletaria. Se escribieron estupideces dogm√°ticas; se maltrat√≥ a la literatura con lecturas sectarias, se despreci√≥ a autores como Borges. 

Los escritores ‚Äúcomprometidos‚ÄĚ hicieron de las suyas, protegidos y alentados por mafiosos y dogm√°ticos. Y as√≠ las ideas sobre el compromiso de los escritores y la llamada literatura comprometida, acabaron siendo reiterativas. A la luz de esta realidad, no resulta raro que me haya costado conectar con aquel ensayo, ¬Ņverdad? Es bastante probable que tuviera algo de aquellas intenciones dogm√°ticas que rechac√© en autom√°tico, inconscientemente.

¬ŅCompromiso o responsabilidad? Una visi√≥n propia

Después de profundizar un poco en el asunto he sacado alguna conclusión que te voy a compartir ahora, porque quiero que mi visión sea sólo eso, una visión más entre las que habrás de navegar para sacar la tuya propia. Luego te presentaré las visiones que han tenido muchos otros escritores y escritoras al respecto. Así, al final podrás hacer una síntesis.

A m√≠, como a Giardinelli, m√°s que hablar de compromiso me gusta hablar de responsabilidad. De hecho ya lo hice en alg√ļn otro v√≠deo en el que reflexiono sobre el ejercicio comunicativo a trav√©s de las historias. 

Si partimos de la noci√≥n de que toda obra literaria es un ejercicio esencialmente comunicativo, no es dif√≠cil comprender el concepto de responsabilidad ideol√≥gica o discursiva. O sea, uno puede decir lo que le d√© la gana a trav√©s de sus obras literarias. LO QUE SEA. Pero, no porque uno tenga derecho a decir lo que le venga en gana, no ha de responsabilizarse de lo que dice. 

No se confunda el concepto contar con decir. No son lo mismo. Uno dice a través de lo que cuenta. El sentido del discurso se extrae de lo narrado.

Las palabras (las historias, las obras literarias) tienen poderosas implicaciones, de las que el autor no puede ni debe deslindarse. Y no me refiero aqu√≠ a la tonter√≠a esa de confundir lo que dice o piensa un personaje con lo que dice o piensa un autor. Me refiero al mensaje √ļltimo que toda obra transmite, al tratamiento del tema que el autor hace, su visi√≥n art√≠stica, su posicionamiento frente al tema.

Piensa un minuto: si al hablar te haces responsable de todas y cada una de tus palabras, que representan tu pensamiento y la visi√≥n que tienes de la vida, ¬Ņpor qu√© no ibas a hacerlo cuando escribes, aunque escribas ficci√≥n? 

En mi opini√≥n, todo se reduce a esto: el escritor es comprometido en la medida en que se hace responsable de su discurso. El discurso del escritor no tiene por qu√© comprometerse expl√≠citamente con intereses ajenos, es decir, m√°s all√° del c√≠rculo que delimita su personalidad creativa y circunstancias de vida. ¬ŅPuede hacerlo? ¬°Por supuesto! Falta que quiera, ¬Ņno? A nadie le gusta que le fuercen a asumir compromisos. 

Toda historia tiene un discurso. El escritor que no llega a ser consciente de cu√°l es el discurso de su propia obra, no es digno de ser llamado autor en el m√°s estricto sentido de la palabra. Detr√°s de toda obra hay un autor y detr√°s de toda historia un discurso ideol√≥gico. Quiera o no reconocerlo el que escribe, le guste o no. 

A la responsabilidad discursiva habr√≠a que a√Īadir la responsabilidad est√©tica: aquella que establece la visi√≥n formal que el autor tiene frente a su ejercicio literario. Tanto la postura discursiva como la visi√≥n est√©tica de un autor, son producto del mundo que habita, de sus referentes, de su relaci√≥n con el entorno, la cultura, la tecnolog√≠a, la ciencia, la religi√≥n, etc. La forma y el fondo de nuestro mundo ahora, agosto 2021, no es la forma y el fondo de 2011 y mucho menos la de 2001. 

Ya que el escritor produce arte y no sermones cuya misión es inocular ideas en las mentes de los lectores, los compromisos estéticos que asume un escritor, en justa relación con su responsabilidad discursiva, conjugan la autoría.

Gracias a esta s√≠ntesis de ideas, hoy puedo entender lo que me sucedi√≥ hace aproximadamente una d√©cada, leyendo aquel ensayito sopor√≠fero al que tanto me he referido. Las causas que defend√≠a (la pobreza de los campesinos), los compromisos de los que hablaba (la necesidad de alcanzar un desarrollo democr√°tico despu√©s de un siglo de opresi√≥n pol√≠tica), ten√≠an poco que ver con las circunstancias inmediatas de mi vida y con mi propia personalidad creativa en esos momentos de mi existencia. Esto no excluye, por supuesto, al resto de mis compa√Īeros de generaci√≥n. Quiz√° alguno consigui√≥ conectar con el texto, pero no fue mi caso.

Otras visiones sobre el compromiso del escritor

Jean Paul Sartre pensaba que la literatura no es adorno ni entretenimiento, sino acci√≥n; que el resultado de esa acci√≥n es una revelaci√≥n: la revelaci√≥n de lo real; y el resultado de esa revelaci√≥n es, a su vez, una revoluci√≥n. 

Para Sartre la literatura sirve para transformar la realidad, es decir, para cambiar el mundo; también para cambiar a los hombres, llevándoles a asumir plenamente su responsabilidad… el hombre es por completo responsable de su destino.

Si me detengo hasta aqu√≠, la visi√≥n de Sartre no es demasiado diferente a la que tengo yo o la que puedes tener t√ļ mismo, ¬Ņverdad? El problema es que su reflexi√≥n lo llev√≥ a concluir con demasiada vehemencia que la literatura deb√≠a estar al servicio de la revoluci√≥n proletaria, es decir, del comunismo. 

Esta conclusión, apunta Javier Cercas, olvida que en la literatura es imposible tener ambición política y moral sin tener ambición estética, o que es imposible cambiar la realidad sin cambiar antes la representación de la realidad. En cualquier caso, la visión de Sartre sobre el asunto abrió el debate.

Simone de Beauvoir, que fue pareja de Sartre, resume su pensamiento y expone que la literatura representa un desnudamieto de la realidad, pero tambi√©n una refutaci√≥n, y el escritor es, para la sociedad, una conciencia inquieta, un incordio, un insumiso, un respond√≥n, un impugnador de los valores com√ļnmente aceptados, y sus obras el instrumento de tal impugnaci√≥n. Esta es, seg√ļn Javier Cercas, todav√≠a hoy la idea de la literatura y del escritor comprometido que defiende Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa explic√≥ a Cercas que la [literatura comprometida era para √©l] la literatura que no es un mero juego ni un simple pasatiempo, la literatura seria, la que reh√ļye la facilidad y se atreve a encarar, con la m√°xima ambici√≥n, grandes asuntos morales y pol√≠ticos.

Julio Cort√°zar, por otro lado, cre√≠a que el escritor revolucionario era aquel en quien se fusionaba la conciencia de su libre compromiso individual y colectivo, con esa otra libertad cultural que confiere el pleno dominio de su oficio. Si ese escritor, explica Cort√°zar, que es responsable y l√ļcido, decide escribir literatura fant√°stica, psicol√≥gica, vuelta hacia el pasado o como fuere, su acto es un acto de libertad dentro de la revoluci√≥n (enti√©ndase el contexto hist√≥rico y sociopol√≠tico revolucionario), y por eso es tambi√©n un acto revolucionario en s√≠ mismo, aunque sus cuentos no se ocupen de las formas individuales o colectivas que adopta la revoluci√≥n.

Nótese como Cortázar, que llegó a establecer un gran compromiso estructural y estético, se asegura de equiparar el compromiso del escritor con el compromiso del revolucionario, aunque los campos de batalla de ambos sean completamente distintos.

V√≠ktor Shklovski, que fue uno de los principales estructuralistas rusos del siglo XIX, defendi√≥ que la misi√≥n del arte consist√≠a en desautomatizar la realidad, en convertir en extra√Īo y singular lo que a fuerza de tanto verlo, ha acabado pareci√©ndonos normal y corriente.

Lo que hacen el arte en general y la literatura en particular, o lo que deberían hacer, dice Shklovski, es permitirnos mirar la realidad física, moral y política como si la viésemos por vez primera, con todos sus perfiles, en toda su maravillosa plenitud y todo su espanto, arrebatándole la máscara automatizada de la costumbre.

A mí esta visión me gusta y hasta puedo llegar a adoptarla como propia porque no aboga, de manera manifiesta, por la defensa política como el principal compromiso del arte, pero no podemos olvidar que Víktor Shklovski fue un escritor al que se conoció esencialmente por su trabajo como panfletista en la antigua Unión Soviética.

Gabriel Garc√≠a M√°rquez escribi√≥, en una carta a su amigo Plinio Mendoza: ¬ęPensando en pol√≠tica, el deber revolucionario de un escritor es escribir bien (‚Ķ) la literatura positiva, el arte comprometido, la novela como fusil para tumbar gobiernos, es una especie de aplanadora de tractor que no levanta una pluma a un cent√≠metro del suelo. Y para colmo de vainas, ¬°qu√© vaina!, tampoco tumba ning√ļn gobierno¬Ľ.

A lo largo del siglo XX, el pensamiento de grandes autores sobre el compromiso del escritor fue tomando distancia, gradualmente, de la visión que nació con Sartre, como ya hemos podido constatar con García Marquez y como podemos ver en las ideas de:

Augusto Monterroso: ¬ęAparte de los compromisos que uno tiene como persona, el √ļnico gran compromiso que un escritor debe tener es el de no publicar cosas mal escritas. No hay otra posibilidad, porque toda responsabilidad en el acto de crear, durante la creaci√≥n, lo maniata. La responsabilidad y el compromiso dificultan la creaci√≥n. Hacen perder libertad. La condicionan. Y todos aqu√≠ sabemos que la escritura que nace condicionada es una mala escritura, una escritura pobre.¬Ľ

Javier Cercas, el autor que me llev√≥ a pensar de nuevo en el tema y que en gran medida es responsable de que hoy est√© aqu√≠ discurriendo, tiene una visi√≥n que podr√≠a tener √©xito en mi af√°n por llevarte a la reflexi√≥n y la s√≠ntesis. Cercas dice que ¬ęLa literatura, y en particular la novela, no debe proponer nada, no debe transmitir certezas ni dar respuestas ni prescribir soluciones; al rev√©s: lo que debe hacer es formular preguntas, transmitir dudas y presentar problemas y, cuanto m√°s complejas sean las preguntas, m√°s angustiosas las dudas y m√°s arduos e irresolubles los problemas, mucho mejor.¬Ľ

Para Cercas, la auténtica literatura no tranquiliza: inquieta; no simplifica la realidad: la complica. Las verdades de la literatura, pero sobre todo las de la novela son esencialmente irónicas. La ironía cervantina, asegura Cercas, es una herramienta indispensable de conocimiento.

‚Ķtoda literatura aut√©ntica es literatura comprometida, al menos en la medida en que toda literatura aut√©ntica aspira a cambiar el mundo cambiando la percepci√≥n del mundo que tiene el lector, que es la √ļnica forma en que la literatura puede cambiar el mundo‚Ķ

…no significa que el novelista no pueda o incluso deba tener (o recuperar) pasiones ideológicas, creencias firmes y convicciones fuertes; significa que esas pasiones, creencias y convicciones no deben trasladarse tal cual, en crudo, a la novela, haciendo de ella un vehículo o una ilustración de las mismas: más bien, la novela (entiéndase, la literatura) debe ponerlas en cuestión, socavarlas, reelaborarlas y transformarlas en el carburante de su propia y contradictoria complejidad. […] quien puede y debe tener esas pasiones, creencias y convicciones no es la novela sino el novelista.

Merece la pena que nos detengamos un poco a pensar en esto, porque si hablamos del compromiso que un autor asume, necesariamente hay que disociar entre el compromiso, el comprometido y el medio a través del que éste difunde sus ideas. Lo que nos lleva al reconocimiento de un concepto que para Cercas es imprescindible: el del intelectual.

Un Intelectual

Seg√ļn Cercas es una persona que, adem√°s de dedicarse profesionalmente a una actividad intelectual por la que ha adquirido cierto grado de reconocimiento, interviene en el debate p√ļblico. 

Para Mempo Giardinelli un intelectual es siempre la consciencia cr√≠tica de su sociedad. Le guste o no, y lo son tambi√©n los que se ocupan s√≥lo de asuntos privados, los que se declaran ‚Äúapol√≠ticos‚ÄĚ y los que ‚Äúno se meten‚ÄĚ con los dramas sociales. 

O sea que, s√≠, si consideramos tanto la perspectiva de Cercas como la de Giardinelli, ser√°s un intelectual cuando alcances cierto grado de reconocimiento por tu actividad creadora e intervengas en el debate p√ļblico, quieras o no. Y me temo que por intervenci√≥n en el debate p√ļblico hemos de entender cualquier tipo de participaci√≥n c√≠vica, ya sea manifiesta o no.

Un intelectual, seg√ļn Giardinelli, ha masticado lo que va a decir. No improvisa, ni siquiera cuando se lanza a improvisar, cosa que puede hacer porque es un profesional de su actividad intelectual. Y es por eso que la conciencia colectiva respeta a los intelectuales, aunque los critique y muchas veces los menosprecie.

Los intelectuales, que trabajan con su pensamiento y cuyo pensamiento es su obra y es su vida, siempre est√°n representando las partes inconscientes de una  sociedad. 

El inconsciente colectivo se expresa en el arte, en las obras de creación. Y la aprobación o reprobación de esas obras es la respuesta de cada sociedad a lo que hacen sus intelectuales. Esa respuesta también indica el grado de civilización de la sociedad.

Toda sociedad, asegura Giardinelli, necesita que sus intelectuales hablen, digan cosas, pongan la cara y el cuerpo aunque se equivoquen. Porque eso es lo que se espera de los que trabajan en la cultura; y porque desinteresarse de lo que pasa en la realidad cotidiana de nuestros pueblos es, hoy por lo menos, una insensibilidad.

En conclusión

Lo que importa es que uno, en tanto intelectual, se haga cargo de lo que escribe y también de cómo vive y cómo ve lo que pasa en su sociedad. Nunca dejará de existir un vínculo entre lo escrito y lo vivido.

El escritor es un ciudadano que vive en este mundo. Debe ser responsable ante los dem√°s, como persona, como ciudadano, de lo que hace, lo que dice y de lo que escribe.

Nuestra narrativa está viva y por eso tiene variaciones tan fuertes a lo largo del tiempo. La literatura de hoy en día se escribe en democracia, pero en sociedades todavía autoritarias, enfermas de machismo y de racismo. De ahí que los escritores de hoy sigan estableciendo compromisos a través de la creación literaria. Pero ese compromiso o responsabilidad no debería ser nunca impuesto, sino una consecuencia natural del paso del autor en el mundo que habita.

Mi iluminación ideológica

Volviendo a mi drama universitario y a la falta de anclaje con aquel ensayito desafortunado que no supo hablarme sobre todo esto; tuve la fortuna, acerc√°ndome hacia el final de mi carrera, de conocer a Luis Perelman, un sex√≥logo, tambi√©n activista LGBTI+ que se convirti√≥ en un querid√≠simo amigo y que me ha acompa√Īado en momentos importantes de la vida. Ha sido un gran referente. 

Como desaparec√≠ del mapa un tiempo debido a la enfermedad, mi ausencia en el Movimiento por la Diversidad Sexual que coordinaba se hizo evidente. Algunas personas me lo reprocharon. Un d√≠a Luis me contact√≥ y le cont√© lo que me suced√≠a. Me dijo algo que me cambi√≥ el paradigma y se convirti√≥ en una luz que gui√≥ mi camino a partir de entonces. √Čl debi√≥ usar otras palabras, pero la idea es m√°s o menos esta: el activismo no se ejerce de una sola manera, cada uno hace lo que puede desde su trinchera personal. Tu trinchera ha sido la universitaria hasta ahora, la coordinaci√≥n de un grupo estudiantil, pero la forma en la que has ejercido el activismo no tiene por qu√© ser la misma toda la vida. ¬ŅCu√°l es tu siguiente trinchera?, me pregunt√≥.

Esta breve conversaci√≥n con Luis consigui√≥ lo que no pudo aquel aburrido ensayo: llevarme a pensar en el compromiso que deseaba asumir como escritor. Durante el √ļltimo a√Īo de mi carrera universitaria me decant√© por la creaci√≥n literaria, decid√≠ que buscar√≠a la manera de hacer de este oficio mi prioridad laboral. Llegu√© a la universidad con vocaci√≥n literaria, pero all√≠ se afianz√≥ del todo la certeza de que hab√≠a nacido para dedicarme a la literatura. Y si ya no pod√≠a seguir ejerciendo el activismo LGBTI+, un compromiso sociocultural y pol√≠tico que hab√≠a asumido con naturalidad, alegr√≠a y entusiasmo, porque mi salud era endeble, a√ļn ten√≠a el territorio literario, mi nueva trinchera.

Hasta el momento he escrito cuatro libros: un libro de cuentos y tres novelas.  En todos los casos, mi narrativa aborda, desde diferentes √°ngulos y perspectivas, la realidad homosexual, una realidad que muy a mi pesar, sigue siendo el blanco de una violencia descarnada que puede llevar a sus v√≠ctimas hasta la muerte, sin miramientos.

Pasiones simples (IE, 2015), mi libro de cuentos, explora la diversidad sexual humana y su relación con el amor y las emociones. Una rayadura de cabeza que tuve que escribir después de leerme todo lo que había escrito el Marqués de Sade.

Las puertas del paraíso (UAM, 2015), representa los conflictos propios del despertar sexual en la adolescencia de un muchacho, que sobrevive en medio de un campo de batalla emocional derivado de la homofobia interiorizada.

Curso de belleza, amor y sexo (Berenice, 2016), explora las heridas que produce el abandono y la p√©rdida en un hombre gay, cuando se enfrenta a la separaci√≥n sentimental, un c√ļmulo de martirios derivados de la visi√≥n hegem√≥nica que tiene la sociedad sobre el ejercicio del sexo, la expresi√≥n del amor y sus v√≠nculos con los c√°nones de la belleza.

Me dicen La Sed, una cursificci√≥n maricat√≥lica, es la √ļltima novela que escrib√≠ y que a√ļn est√° in√©dita, aunque muero de ganas por que llegue hasta tus manos. Es un estudio y una cr√≠tica profunda del significado que se ha extra√≠do can√≥nicamente de las Sagradas Escrituras de la Biblia para construir la noci√≥n negativa de homosexualidad que hoy conocemos.

Por supuesto, todos mis libros cuentan historias. Y cuando los escribí no esperaba hacer panfletos que me ayudaran a inocular ideas en los lectores. Pero es evidente cuál ha sido el compromiso que yo he asumido como autor, una responsabilidad social, cultural y política que no sólo me importa, me implica a tal grado que, si no hago algo al respecto, aunque sea a través de mi literatura, tanto mi vida como la vida de millones de personas en todo el mundo seguirá corriendo grave peligro.

As√≠ he llegado yo a la comprensi√≥n de lo que es el compromiso del escritor. 

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