🐈‍⬛ Poe y el arte del cuento moderno

Edgar Allan Poe fue de los pocos escritores de su época que se aproximó críticamente a la literatura como un arte, tomando en cuenta elementos de composición, como el tono, el tema, el estilo, el ritmo, el argumento, la intriga, la originalidad, la verosimilitud, la unidad o el efecto. Fue considerado por Julio Cortázar como el gran maestro y padre del cuento moderno. ¿Conoces los principios de composición que fueron fundamentales para Poe y que evolucionaron al cuento clásico hasta convertirlo en moderno? 

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Algunos datos biográficos

Poe nació en Boston, Estados Unidos en 1809. No sólo revalorizó el cuento, sino que lo revitalizó a través de la práctica literaria. Su obra adquirió notable prestigio y valor, sobre todo hacia principios del siglo XX.

Tuvo una infancia traumática y, en consecuencia, una vida complicada. Perdió a sus padres a los dos años de edad. Pasó a ser tutelado y educado por John Allan, un hombre acaudalado con quien tuvo una relación conflictiva. Vivió con él en Reino Unido de 1815 y hasta 1820; cuando regresó a Estados Unidos siguió estudiando en centros privados y llegó hasta la Universidad de Virginia, pero en 1827 fue expulsado por su afición al juego y al alcohol. Su padre adoptivo le consiguió un trabajo en Boston, que abandonó pronto, allí publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas, en 1827.

Su inestabilidad lo llevó a ingresar al ejército durante dos años. En 1829 publicó sus segundo poemario: Al Aaraaf y consiguió un cargo en la Academia Militar de West Point gracias a su padre, de la que terminó expulsado al poco de entrar: no cumplía con sus deberes.

En 1832, después de publicar su tercer libro: Poemas, se desplaza a Baltimore donde se casa con su prima Virginia Clemm, quien tenía apenas catorce años. En aquella época entró como redactor en un periódico local, en el que fue publicando narraciones y poemas, y del que llegó a ser director. Para 1837 ya se había instalado en Nueva York junto a su esposa y era colaborador de varias revistas. Se convirtió en un importante crítico literario.

En 1840 publicó Cuentos de lo grotesco y lo arabesco. Y en el 43, El escarabajo de oro, relato con el que se hizo muy famoso. Le precedió la publicación del libro El cuervo y otros poemas en 1845, lo que consolidó su carrera como escritor y lo llevó a la cumbre de la reputación literaria.

Su esposa enfermó y falleció en 1847, lo que agravó la tendencia de Poe a llevar una vida desordenada. Fue hallado inconsciente en una calle de Baltimore el 3 de octubre de 1849, fue ingresado en un hospital, donde falleció pocos días después con tan sólo cuarenta años. Nadie supo explicar cuál fue la causa de su muerte, aunque si buscas biografías encontrarás algunas teorías interesantes. Lo que está claro, es que a Poe le gustaba empinar el codo con demasiada frecuencia y eso no le convino en absoluto.

Más allá de su biografía, el gran legado de Edgar Allan Poe se halla no sólo en su obra, sino en la reflexión teórica que llevó al cuento clásico a revolucionarse y cambiar, hasta modernizarlo. Casi toda su reflexión teórica se encuentra en sus textos: “La filosofía de la composición”, “El principio poético”, “El fundamento racional del verso” y, sobre todo, en relación al cuento, en sus textos sobre Nathaniel Hawthorne, publicados en la revista Graham’s Magazine en 1841 y un ensayo editado por su albacea Rufus Griswold en sus obras completas. 👶🏼

De entre todas estas referencias, rescataré cuatro conceptos que fueron la base de las consideraciones compositivas del llamado padre del cuento moderno, con la intención de que te adentres en su teoría y, en consecuencia, a la forma que un cuento moderno, a lo Edgar Allan Poe, debería tener. 

Me baso en las apreciaciones del fallecido escritor mexicano Guillermo Samperio en su artículo “Edgar Allana Poe. El arte del cuento y los inicios del cuento moderno”, publicado en la revista Nocturnario en marzo de 2016.

Para empezar habría de señalar qué es lo que Poe entendía como “cuento moderno”: él decía que éste es aquel tipo de relato que, en escénica, rompe o transforma la estructura lineal del cuento clásico (inicio, desarrollo, clímax y desenlace). Su método de composición (la ruptura de la estructura lineal del cuento) fue usado por él mismo en sus cuentos: “El tonel del amontillado”, “El retrato oval”, “William Wilson” o “El corazón delator”.

4 conceptos base

Según Poe, estos son los cuatro conceptos que un cuentista moderno habría de conocer, dominar y saber aplicar con habilidad literaria:

1 Unidad de efecto

Fue quizá el concepto más importante para Poe, pues integra toda su creación. Para él, todo aquello que un autor incorpora en su cuento ha de estar pensado en términos de unidad. Cada palabra y oración es parte de la estructura del relato y exhibe una intención. Escribir un cuento, para Poe, era más parecido a un procedimiento matemático donde los elementos combinados parten de un propósito que se manifiesta en una forma, cuyo objetivo será generar una impresión determinada en el lector (melancolía, epifanía o terror, por ejemplo).

2 Extensión

Para lograr la unidad de efecto, en consecuencia, el autor debe construir el cuento pensando en que éste será leído en un lapso de entre media hora y dos horas. O sea, que debería ser breve y no rebasar dicha extensión, ya que el alma del lector, durante ese tiempo, estará bajo el control absoluto del autor. Así, el autor no debe moldear sus pensamientos para acomodar los incidentes que se le vayan ocurriendo, sino que, después de haber trazado un cuidadoso plan de composición, inventará los incidentes o sucesos que más convengan al cuento para alcanzar el efecto preconcebido. En este sentido, todas las oraciones tendrán una correspondencia interna muy fuerte con el desenlace.

3 Anticipación del desenlace

En la teoría de Poe, antes que la anécdota importa la trama, la estructura que será el soporte para obtener la impresión deseada en el lector. Pero dicha estructura de ninguna manera será clásica. 

Cada argumento debe ser planteado hacia su desenlace, antes de que cualquier cosa se interponga. Sólo cuando no perdemos de vista el desenlace, dice Poe, podemos dar al argumento su indispensable aspecto de consecuencia o causalidad, derivado de la construcción de los incidentes, y especialmente por el tono con que fue tratado el tema, que sirve para alcanzar la unidad de efecto.

O sea, que para escribir un cuento moderno lo más importante es saber, anticipadamente, cuál será el final. Sólo así el autor podrá tejer su estrategia argumental.

4 Originalidad

Además de los elementos mencionados, para Poe existen otros aspectos importantes: la originalidad, el tono y el tema. Para construir el tono y al mismo tiempo el tema, dice, es necesario volver a pensar en la unidad de efecto y en las palabras u oraciones escritas en el cuento. El registro semántico es muy importante para crear el tono y desarrollar el tema con eficacia. En ello radica la originalidad de una obra, aseguró Poe.

Conclusión

A partir de estas ideas, Poe modificó la composición del cuento. Sin necesidad de encajar una moraleja o de reproducir una estructura lineal, acartonada y muchas veces aburrida, los escritores comprendieron que podían abordar múltiples aspectos de la experiencia humana de manera innovadora. Autores como Chéjov, Baudelaire, Hemingway, Cortázar, García Márquez, Quiroga, Arreola o Rulfo se alimentaron de sus consideraciones literarias para componer a partir de ellas. Ya fuera afirmándolas, negándolas o transformándolas. Todavía hoy sus meditaciones son referentes importantes para cualquier escritor que no se deja influir por la extraña y arcaica  idea de que la inspiración es la raíz de la creación literaria y que por ello cualquier cosa que salga de su pluma es arte.

El cuento moderno vivió sus inicios con Edgar Allan Poe y se desarrolló a lo largo del siglo XX, sobre todo en América Latina, por irónico que parezca. Poe sentó las bases de una tradición cuentística muy rica que sobrevive hasta nuestros días, ya bien entrados en el siglo XXI, lo que es mucho decir. Hablamos de un siglo muy largo de tradición que, de momento, sigue siendo tan vigente como cuando nació. Esa ha sido la virtud de un hombre desgraciado y alcohólico, cuya pasión por la literatura desarticuló su vida sin remedio. 

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