10 signos de que necesitas tomar clases de escritura creativa ¡urgentemente!

El sistema educativo de nuestra sociedad no siempre nos enseña a descubrir nuestros talentos y asumir libremente una vocación. Quizá los adultos del año 2040 puedan decir algo diferente, pero yo no dejo de encontrarme con adultos en 2019, que se educaron a lo largo de la última mitad del siglo XX y que tienen graves dificultades para enfrentarse a la escritura como lo que es: su vocación, la actividad por antonomasia en sus vidas que les hace sentirse plenos, felices y realizados. Por eso decidí ayudarte a detectar 10 signos de que necesitas tomar clases de escritura urgentemente, sobre todo para que dejes de ser uno de esos adultos atormentados y te conviertas en el artista que quieres ser.

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El 74% de la audiencia que sigue mi canal tiene entre 25 y 34 años de edad, es decir, gente que puede tener mi edad y cuya formación no ha sido tan diferente a la mía. Un 6% tiene entre 35 y 44 años de edad, gente cuya educación se remonta a las décadas de los años 70 y 80, en las que alguna diferencia educativa sí que hay, básicamente en términos tecnológicos. Otro 20% de mi audiencia tiene entre 18 y 24 años: el público más joven, al que le ha tocado ya crecer con YouTube. En cualquier caso, no tengo un público de infancia. Son todos adultos. 

Uno podría deducir que el porcentaje de público más joven, porque dispone de una plataforma de información infinita, tiene menos dificultades para enfrentarse a la escritura sin tantos dramas. Pero no. En los 10 años que he acumulado de experiencia como Coach literario, he descubierto que prácticamente todos mis alumnos ven su atracción por la escritura como una actividad imposible de realizar de manera profesional. Son contados los que se plantean, ya sea porque son jóvenes, ya porque están hartos de no hacer lo que les gusta, que la escritura puede convertirse en su profesión.

Y es verdad que ser escritor es una proeza. Sí, lo es. Y también es verdad que la inmensa mayoría de los escritores del mundo no trascienden. Pero tan verdadero es eso como que si no fuera posible hacer de la escritura una profesión, no habría escritores. ¿Cómo creen que es la vida de los escritores a los que leen y cuyos libros van a buscar y comprar con tanta emoción? En mi opinión, la diferencia más importante radica en que ellos han dejado atrás, hace muchísimo tiempo, ese tormento que les llevó a dudar sobre sus capacidades para convertirse en escritores.

Entiendo, en este caso, por experiencia personal y profesional, que no es fácil atravesar y superar ese proceso de autorreconocimiento y aceptación de la vocación literaria. A mí me tomó un montón de años. Yo desde pequeño sabía que quería dedicarme a algo relacionado con la escritura, pero no tenía claro qué era exactamente lo que deseaba hacer. Por eso entré a estudiar Comunicación. Por eso y porque entonces no existía en México una licenciatura en Creación literaria. Ahora sí. De todos modos, mi interés por la comunicación sí es vocacional: soy un cotilla irredento y me encanta comunicarme con las personas. Creo profundamente en el poder de la comunicación. Pero no fue sino hasta que casi termino la carrera que entendí que lo mío no era comunicar a través del periodismo, sino a través de la literatura. Por eso dediqué el último año de mi carrera a especializarme en periodismo cultural y creación literaria. No es fácil. Precisamente por eso deberías ponerte las pilas si detectas alguno de estos signos en tu vida:

1 Escribes irremediablemente, sin ton ni son

Te dejas arrastrar hasta la página en blanco sin entender qué fuerza es la que te empuja. Y sin tener claro lo que haces te pones a tumbar teclas o a enlazar palabras, una detrás de otra, soltando un montón de ideas que se te acumularon en la cabeza. Realizas este ejercicio periódicamente y te autoconvences de que solo es un entretenimiento.

2 Te lees a ti mismo como buscando algo, sin saber qué encontrar

Esa fuerza que te empuja a escribir también te empuja luego a leer lo que has escrito, sin ánimo constructor, pero con ganas de extraer a tus palabras algún significado. Aquello que te impulsó a la escritura está ahora, borroso y encerrado, entre aquellas palabras amontonadas que escribiste recientemente. Y ya que ha salido, intentas hallarlo, sin fortuna.

3 Dices que escribes para ti, pero no es verdad

Cuando escribes te juras a ti mismo que no lo leerá nadie. Que eso que está allí es demasiado personal. Te da pudor que alguien más pueda leerlo y piensas que si alguien lo hiciera, la vergüenza te obligaría a dejar de escribir. Pero contra tu pudor decides publicar tus poemas, pensamientos y sentimientos en un blog anónimo. “Para ver qué pasa”.

4 Te dan envidia los autores a los que lees, sobre todo cuando son jóvenes

Uno de los grandes placeres de tu vida es leer, porque detrás de ese placer se esconde el deseo de ser tú quien escribió esa obra que te hace gozar. Mientras lees disfrutas, pero intercalas el gozo con pensamientos y sentimientos de envidia o celos porque la persona que escribió esa gran obra que te hace pasarlo genial sí ha conseguido hacer lo que a ti te gustaría. Y el sentimiento es peor cuando el autor es más joven que tú.

5 Escribes lleno de inseguridad y buscas retroalimentación con todos

Aunque no reconoces que te has propuesto escribir ese cuento con la intención de publicarlo en algún lado, porque quieres demostrarte a ti mismo que sí vales para escribir, escribes con miedo a cagarla y que el resultado no guste a nadie. Pero es la primera vez que escribes procurando que el texto sea como esas obras que tanto te gustan y que aspiras a escribir, aunque no tengas idea de cómo se construyen dichas obras. Tú tiras para adelante y escribes. Y en cuanto terminas de escribir envías el texto a todos tus amigos y familiares, esperando que la gente que te quiere y respeta sepa decirte lo que en verdad te ayudaría a escribir mejor.

6 No toleras la crítica

Entre las personas a las que pediste retroalimentación hubo alguien que se atrevió a decirte a la cara lo que piensa de verdad. Entre las cosas que te dijo hubo algunos detalles sobre tu obra que le parecen inadecuados, terribles, mejorables, aburridos, ininteligibles o cualquier tipo de adjetivo negativo que quieras. Y tú, en lugar de intentar comprender a qué se refiere, piensas: ¡Qué va a saber este tonto si no ha leído nunca!

7 Buscas relacionarte con gente que escribe

Te les acercas como si tenerlos cerca fuera a conseguir que tú empiezas a tomarte la vida como lo hacen ellos. Vas a presentaciones, los agregas en Facebook, les escribes algún mensaje halagador con la ilusión de que te respondan y algunas veces hasta consigues quedar con uno. Como si conocerlos te llevara a ti a dejar de entender la escritura y el oficio literario como un sueño inalcanzable. Esas personas son para ti un recordatorio de que ser escritor es posible y que solo necesitas ponerte a ello, pero en lugar de convertirte en esa persona a la que admiras, esperas que la influencia del otro te convierta en escritor como por ósmosis. 

8 Escribes creyendo que se entiende, pero nadie lo entiende

Tienes una concepción tan idealizada de la retórica, que cuando te propones “hacer literatura” terminas por construir textos crípticos que solo tú entiendes. Te excusas diciendo que has escrito poesía o prosa poética, que te interesa que cada lector haga su propia interpretación, pero la realidad es que no sabes qué coño es la interpretación o qué es lo que has querido decir en ese texto. En el mejor y peor de los casos: sabes lo que dices, pero tu pudor te impide hacer con ello una obra de arte que los demás puedan conocer abiertamente. Escribes tras una máscara.

9 Eres capaz de decir “me gusta” o “no me gusta”, pero no por qué

Cuando lees algo no te resulta complicado sentirte atraído y disfrutarlo, tampoco reconocer que ese tipo de literatura no te complace. Pero cuando te enfrascas en una tertulia literaria con tus amigos letraheridos, no puedes explicar qué es, exactamente, lo que te hace amar u odiar la obra. Tu perspectiva es la perspectiva básica de consumidor de literatura que solo sabe disfrutar o incomodarse, pero no criticar constructivamente.

10 Si pudieras elegir, siempre elegirías la literatura

Te han hecho creer que no tienes elección. Que debes conseguir un trabajo en la vida que te dé para vivir, que te ayude a comprar un coche, una casa, a salir de vacaciones cada año, a vestir bien y comer bien. Quizá tener una familia y que puedas mantenerla. Te han hecho creer que la felicidad es todo eso, solo eso. Pero tú en el fondo sientes que nada te hace más feliz que enfrascarte en una lectura o dejarte llevar sin remedio sobre la página en blanco. Aunque tu vida sea de otra manera, cuando te dicen: si pudieras elegir a qué dedicarte sin tener la necesidad de ganar dinero para sobrevivir, ¿qué elegirías? Tú siempre eliges leer y escribir, sin pensar.

Si te reconoces en alguno de estos signos, entonces lo llevas claro. Podría decir que otro signo evidentísimo y claro de que te urgen clases de escritura y empezar a enfrentar la vida con el ímpetu de un escritor, es que te has quedado viendo este vídeo desde el principio y hasta el final, quizá descubriendo que no solo te reconoces en uno de los puntos, sino en todos.

Piénsalo un momento: ¿te gusta la vida sin letras? ¿Quieres seguir viviendo de ese modo, lejos de la escritura y su infinito potencial para hacerte feliz? No serán las clases de escritura lo que te haga feliz, sino el hecho de que aprender el oficio, dominarlo y ejercerlo, te permitirá dedicarte a lo largo de la vida a escribir como lo haría un profesional, hasta convertir tu sueño en una realidad. ¿Realmente crees que no es posible? Pregúntatelo de nuevo cuando tengas entre las manos el libro de ese escritor al que tanto admiras y lees. Y cuando hayas tomado una decisión, escríbeme. ¡Me encantará acompañarte en el proceso!

Si conoces algún otro signo de que la gente necesita tomar clases de escritura urgentemente, por favor compártelo con la comunidad tallerícola en los comentarios. El mundo necesita saber si vive atrapado en el tormento, de no hacer lo que su corazón le pide.

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