Cómo escribir diálogos

Cómo escribir diálogos
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En el taller de escritura me encuentro a menudo con textos que tienen diálogos lamentables. Acartonados, insípidos, inverosímiles, melodramáticos, robóticos o completamente innecesarios. Escribir diálogos es, desde luego, una de las tarea más difíciles para cualquier creador de historias, independientemente del género en que los vaya a utilizar, ya puede ser una novela, un guión de cine, un cuento o una obra de teatro. Los diálogos son duros de roer. Y cuando estamos aprendiendo a escribirlos es fácil meter la pata. Por eso hoy me di a la tarea de hablarte sobre cómo escribir diálogos.

¿No sabes cómo hacer que tus personajes dejen de parecer robots?

Estos son algunos factores que deberías tener en consideración cada que un personaje abre la boca, para que sus conversaciones parezcan naturales y fluidas:

1 Considera que los diálogos son artificiales, pero deben parecer naturales

Pero la naturalidad no es sinónimo de intrascendencia. Los diálogos tipo:
—Hola, qué tal.
—Bien, ¿y tú?
—Aquí todo bien, también.
Son igual a muerte por aburrimiento. Para conseguir naturalidad dramática hace falta que pongas a funcionar con artificio tus poderes de construcción dramática. Céntrate en los diálogos que sólo estén sirviendo al desarrollo de la historia. La regla es: si el diálogo no ayuda a que la historia avance: ¡cuello!

2 Identifica el deseo y los motivos que impulsan al personaje

La verdadera clave está en qué quiere el personaje a cada momento y qué es lo que lo motiva a conseguirlo. Y esto no es otra cosa que los fundamentos de la construcción dramática. 

A pesar de que no todos los personajes en las historias tienen esquemas actanciales, generalmente los personajes dentro de las historias tienen sus propios deseos y necesidades, que a su vez se justifican a través de motivos. (Si has leído esquema actancial y te salió urticaria, interrumpe la lectura y ve a ver el vídeo titulado: “Qué es y cómo se construye el conflicto en una historia”; después vuelve aquí). Sin el conocimiento del deseo y el motivo del personaje nunca podrás escribir diálogos dramáticamente relevantes, es decir, diálogos que impulsen el desarrollo de la historia. Ojo: dependiendo de la magnitud de una historia, los deseos y los motivos de los personajes pueden evolucionar. Considera esta evolución si es el caso, pero lo que no puedes dejar de hacer es conocer estos dos aspectos.

3 Considera cuál es la emoción que invade al personaje en el instante en el que habla

Los personajes tienen sentimientos y emociones, de modo que siempre que hablan lo hacen invadidos por ellos. En la ficción los personajes deben sentirse de un modo determinado y decir cosas determinadas en función de la emoción que los invada justo en el instante en que así se sienten. Pero las emociones y los sentimientos no son estáticos. Los diálogos magistrales son aquellos en los que las palabras que utiliza el personaje para expresarse reflejan sus emociones y sentimientos en permanente evolución. Dicha evolución será dictada por el principio de causalidad propio de las historias: a toda acción, una reacción.

4 Ten en cuenta en todo momento la personalidad del personaje

Los profesionales de la ficción se ponen a crear historias y a escribir diálogos sólo cuando ya conocen bien a sus personajes. Escribir sin conocer a un personaje es como tirarse a una piscina sin agua. El desconocimiento de los personajes trae consigo la elección de palabras que no coinciden con su personalidad, con las circunstancias de su presente, pasado y futuro, de modo que terminan diciendo cosas que no encajan con su perfil psicológico y sociocultural. Cuídate de tener siempre en cuenta las personalidades de tus personaje.

5 Define cómo habla el personaje, ¿cuáles son sus señas de expresión personal?

Más allá de su personalidad está su uso del lenguaje. Dos personajes pueden compartirlo todo: contexto, edad, nivel educativo, religión, orientación sexual, identidad de género, ideología política, etc. Pero jamás hablarán del mismo modo. Elige señas de identidad en las formas de expresión de tus personajes, así te asegurarás de que el lector podrá identificarlos, no sólo por el tipo de cosas que dicen, según su personalidad, sino por el modo el que lo dicen.

6 Utiliza frases cortas

Los diálogos breves son siempre más verosímiles que los largos. Evita las fases rimbombantes o rebuscadas. Las frases cortas ayudan a que las conversaciones sean más fluidas y parezcan más reales. Se trata de representar conversaciones, no monólogos. Los diálogos largos suelen parecer sermones y entre más hable el personaje más posibilidades habrá de que se te cuele la explicación de un aspecto dramático o ambiental que deberías, si es que debes, usar de otra forma dentro de la obra.

7 Un diálogo existe porque permite el avance de la historia

Ya sé que así comencé, pero es que esto es tan importante que debo repetírtelo para que te quede bien clarito.

Si el diálogo que has escrito no ayuda que la historia avance, entonces debes eliminarlo. A veces, sin darte cuenta estarás aportando algún dato relevante a través de un diálogo, lo cuál puede estar bien, pero no estará bien si ese mismo dato lo vuelve a aportar el narrador. En esencia, cada uno de los diálogos debe permitir que los hechos se sucedan uno detrás de otro, más allá de lo que cuenta el narrador.

8 Considera el contexto en el que están inmersos los personajes

La época histórica, las condiciones atmosféricas o cualquier otro factor conceptual serán aspectos que siempre habrás de tener en cuenta al poner a tus personajes a hablar. No hablará igual alguien del siglo XV, que alguien del siglo XXV, en el que los seres humanos viviremos en Marte y las autopistas dejaron de tener sentido.

9 Las acotaciones no son comodines

Deberías usar las acotaciones de un diálogo para aportar algún dato relevante sobre el instante que rodea al personaje que enuncia, pero sobre todo para mantener el flujo de los acontecimientos generales de la historia. Evita usarlas como territorios para dar explicaciones sobre los sentimientos o los pensamientos de los personajes, porque no fuiste capaz de reflejarlos a través de las palabras que el personaje pronuncia. Los diálogos en sí mismos deben ser capaces de significar el interior de los personajes.

10 Los buenos diálogos no necesitan acotaciones

Las acotaciones no son parte inherente a los diálogos. Son agradables porque ayudan a conectar las acciones con las palabras de los personajes, incluso pueden llegar a ser necesarias porque gracias a ellas podemos evitar confusiones entre diálogos, pero los buenos diálogos no necesitarán nunca de una acotación. Los diálogos deben ser capaces de significar en sí mismos todo lo que el autor quiere que el lector comprenda al atestiguar al personaje decir tal o cual cosa. 

11 Pon a prueba la naturalidad de tus diálogos

Leer en voz alta los diálogos de tu historia, incluso pidiendo a otros que asuman el papel de cada personaje. Es lo mejor que puedes hacer para comprobar su naturalidad. Si al leerlos alguien detecta que parecen forzados, antinaturales o poco adecuados, eso significa que algo falla y es necesario replanteárselos. Para conseguir que un diálogo parezca natural, el trabajo que debes hacer es más bien artificioso, antinatural y meticuloso. 

12 Escucha obsesivamente a la gente hablar

Cuando atiendes cómo hablan las personas aprendes sobre las características sutiles que marcan las diferencias entre una personalidad y otra, a través del uso del lenguaje. Las conversaciones que tenemos día con día son fuente inagotable y rica de inspiración para la escritura de diálogos. Si aprendemos a capturar en la memoria aquellos mecanismos empleados por las personas al hablar y expresarse, habremos dado un gran paso hacia la escritura de buenos diálogos. El principio de todo buen dialoguista está en saber escuchar hablar a los demás.

Conclusión

Los diálogos son lo más difícil de escribir en las historias porque nos ponen al límite de nuestras capacidades para crear verosimilitud. La única manera de asegurarte que un día escribirás buenos diálogos es practicando mil y una veces, probando, quitando, poniendo y volviendo a probar. 

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