Índice
Si estás pensando enfrascarte en un proyecto de creación literaria, los diez consejos básicos para enfrentarte a la escritura que voy a desarrollar a continuación te serán de mucha utilidad. Se trata de bases, fundamentos para quienes dedicarán tiempo a escribir, ya sea de manera puntual, para entretenerse, expresarse o divertirse, o porque inician un proceso formativo para convertirse en escritores de oficio. Sea cual sea tu caso, si eres un principiante merece la pena que atiendas las siguientes recomendaciones, se trata de consejos en los que coinciden muchos escritores, seguramente encontrarás alguna de estas ideas en sus decálogos o ensayos sobre escritura creativa.
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Este vídeo también fue publicado en el diario electrónico El Correo de Andalucía el día domingo 17 de febrero, 2019.
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1. Disfrútalo
Para empezar, quítate de la cabeza aquella idea preconcebida de que los escritores son seres acongojados que sufren y se cortan las venas o se entregan al alcohol y las drogas para poder escribir. Aunque existan y seguirán existiendo casos así, escribir no es sinónimo de depresión, oscuridad y agobio.
Con la práctica descubrirás que escribir tiene su parte dura. Es un trabajo, como cualquier otro. Y requerirá de ti un gran esfuerzo intelectual y un esfuerzo físico moderado. La escritura profesional requiere tiempo, dedicación, esfuerzo, disciplina. Pero ahora que estás empezando, déjate llevar por otras cosas que la escritura requiere: libertad, locura, fantasía, entrega; pásatelo bien. La creación literaria tiene sus etapas, se llama proceso creativo. Conforme practiques entenderás mejor las cualidades de cada etapa. Pero ahora que empiezas merece la pena que reconozcas al menos la diferencia entre la etapa de la creación libre en la que dejas volar tu imaginación, y la etapa de la reconstrucción de lo creado en la que pones a prueba tu imaginación para intentar dar una forma determinada a esas ideas creadas. Para disfrutar de la escritura debes reconocer la diferencia entre ambas etapas y dejarse llevar por la primera: la creación libre en la que dejas volar tu imaginación. Este consejo me lleva de manera natural al siguiente:
2. Si estás creando, no invites al odioso corrector que llevas dentro
Tal vez tengas un afán perfeccionista y, en el intento de escribir bien desde el principio, caerás en la tentación de hacer mil pausas y detenerte a modificar cada palabra, cada signo de puntuación que escribiste hace tan solo un instante. Ese impulso corrector está asociado con tu falta de seguridad en el campo de la escritura: te obligas a eliminar cualquier rasgo que revele a un posible lector que eres un novato. Hacer eso es como ser un perro que se muerde la cola. No te lleva ningún lado. O sí, lo único que consigues haciéndolo es bloquearte, reprimir tu creatividad. Escucharás una voz interior que te dirá: «¿Por qué pierdes el tiempo? ¿No has hecho suficiente el ridículo a lo largo de tu vida? ¿No tenías una cita en el dentista hoy? ¿Que cómo se escribe esa palabra? ¡Ves cómo pierdes el tiempo y haces el ridículo! Mejor ponte a ver Memes en Facebook.»
Debes aceptar, sin vergüenza (porque no es motivo de vergüenza) que eres un novato. Ahora acepta que la vas a cagar. Supéralo. ¿Ya? ¿Te ha quedado claro? Bien. Ahora lo único que te puedes hacer es entregarte con gozo a la creación. Tarde o temprano dejarás de cagarla y te convertirás en un gran escritor. Si estás inventando una historia, si tomas las primeras notas y empiezas a escribir, no te detengas ni un instante a revisar lo que estás escribiendo. Déjate llevar y simplemente escribe. Ese texto es tuyo, no lo ha visto nadie y nadie tiene por qué verlo. Cuando sientas que has sacado de tu mente todas las ideas que te ayudarán a crear el relato, el poema o lo que sea que estás escribiendo, entonces y solo entonces detente, respira profundo, felicítate, prémiate de algún modo porque has sido disciplinado y no te has dejado llevar por el odioso corrector que todos llevamos dentro. Después, unos días después podría ser mejor, como si le dieras la bienvenida a tu mejor amigo, deja que ese odioso corrector salga y eche un vistazo a lo que escribiste. Su ayuda será valiosa en un momento dado, pero no lo dejes que te acompañe todo el rato, es un pesado.
3. Pídele al odioso corrector que lea en voz alta
Cuando dejes que tu odioso corrector te visite, ponle una condición para permanecer a tu lado. Solo así conseguirás sacarle todo el provecho a su naturaleza pesada: pídele que lea en voz alta lo que has escrito. Notarás se le da genial identificar todas y cada una de tus metidas de pata. Puede que se ría de ti y te haga quedar en ridículo, pero ahora mismo te conviene dejarlo expresarse. Es lo único que sabe hacer: corregirte y ponerte en evidencia. Ya sabes que si no lo controlas se vuelve insoportable, pero cuando lo invites, déjalo ser y pon mucha atención a sus observaciones incisivas. Te ayudará a mejorar el texto que escribiste. Cuanto termine de leer en voz alta y notes que ha comenzado a recodarte que estás perdiendo el tiempo y que deberías dedicarte a otra cosa, entonces pídele muy educadamente que se vaya a tomar por culo.
4. Rutinízate
Ya sé, esa palabra no existe, pero en México somos dados a crear verbos a partir de sustantivos y, ya que soy mexicano, tengo esa costumbre rara. ¿Es un error? No es la norma. Pero es divertido y esa costumbre me llevó a adquirir un recurso valioso que aplico en la escritura creativa: juego con el lenguaje, lo uso libremente. Si te gusta jugar con las palabras te conviene usarlas con libertad, rompiendo las reglas de vez en cuando. Hacerlo terminará por darte más recursos para usar el lenguaje de formas originales y llamativas. Pero en realidad lo que quiero decirte con esto es que deberías acostumbrarte a realizar ciertas cosas en torno a la escritura, porque esas costumbres van a convertirse en virtudes, en herramientas de las que puedas sacar partido.
El español en toda América Latina es un idioma bastante flexible. No pasa lo mismo en España. Traigo este tema a colación solo para hablar de lo conveniente que es que te acostumbres a algo, no porque me interese debatir con los defensores acérrimos del español. Mi contexto cultural me acostumbró a usar el lenguaje con libertad y crear palabras nuevas, aunque sea rompiendo las reglas. Las lenguas vivas tienden a modificarse mucho: le pasa al español y al inglés, que son dos de las lenguas más vivas de nuestro tiempo. La Real Academia de la Lengua Española lo sabe, aunque en mi opinión, los académicos de España se muestran un poquito más reacios a los cambios en el uso del lenguaje, que los académicos de América Latina. No voy a decir que eso es mejor o peor. Sencillamente es así. Esa convención determina una serie de costumbres en los hispanohablantes de España y América Latina. Por eso en España se prefiere la conjugación de los verbos en pasado imperfecto y en toda América Latina se tiende al uso del pasado perfecto, por ejemplo. Es todo cuestión de costumbres. Y la costumbre termina por dotar de recursos a quien la tiene. Puedo equivocarme, pero estas costumbres de españoles y latinoamericanos me lleva a pensar en el carácter que tienen, respectivamente. Pensar en su carácter como consecuencia de la costumbre al usar el español de una forma o de otra. Mientras que el español suele ser más preciso, a costa de lo que puede considerarse un modo cortés de usar el lenguaje, el latinoamericano tiende a ser un poco más redundante, procurando guardar las cortesías en todo momento.
Si te haces a la costumbre de crear verbos a partir de sustantivos, terminarás terraceando (estar en una terraza) con tus amigos, una noche de primavera o, como propongo desde el subtítulo de este punto: si te haces a la costumbre de escribir todos los días terminarás por crearte una rutina o, rutinizarte (jaja). Las rutinas son buenas, aunque a veces escapemos de ellas. Las rutinas llevan a nuestro cerebro a sentirse cómodo en una situación determinada. Por eso nos sentimos raros o incómodos ante lo nuevo y desconocido. Cuando nuestro cerebro se acostumbra a que lo pongas a trabajar a una hora, en un espacio e, incluso, con unas herramientas determinadas, aunque al principio le cueste arrancar, pronto notarás que siempre que llegue esa hora, estés en ese espacio y utilices determinadas herramientas para escribir, podrás escribir sin obstáculos ni trabas. Tu cerebro se verá imposibilitado para darte excusas. Es algo así como una especie de antídoto contra bloqueos.
5. Todo es ponerse, si quieres escribir, just do it
Vas a la paya un día con tu familia y tu hermano te reta a ver quién es capaz de construir el mejor castillo de arena, si tú o él. Convierte a tus padres es jueces, pone un cronómetro y fija la hora de comer como el tiempo límite para construir los castillos. Quien consiga construir el mejor ganará el único vale por un masaje que el hotel les regaló. Todo está listo, tú te entusiasmas y aceptas el reto. Qué haces a continuación: a) intentar construir el mejor castillo posible para ganarle a tu hermano y hacerte con el vale para el masaje, b) contemplas las nubes. Si eliges la opción b, entonces no estabas realmente entusiasmado y mentiste cuando aceptaste el reto.
Si quieres escribir, no hay más. No le des más vueltas. ¡Escribe! No lo pienses, solo hazlo. Todo es ponerse. Ye he dicho que te vas a equivocar, pero también sabes que eso forma parte del proceso de aprendizaje. La única forma de aprender a escribir es escribiendo. Escribir es como correr. Hace poco más de un año empecé a correr. Yo nunca había corrido. Quería convertir ese deporte en una rutina porque necesitaba hacer algo positivo por mi salud. Esto fue lo que pasó: el primer día odié haber salido a correr, me tropecé mil veces, me torcí los tobillos, sudé una barbaridad, me asfixié y no fui capaz de correr más de uno o dos kilómetros. Al día siguiente me dolía todo el cuerpo. No tenía ganas de volver a correr, la verdad. Pero quería hacerlo. Me lo había propuesto. Querer y correr no son la misma cosa. Uno puede querer correr, pero solo corre si lo hace. Igual con la escritura. ¿Quieres escribir? No basta con querer, ¡escribe! ¿Sabes lo que conseguí después de unos meses de práctica corriendo? Nunca imaginé que yo sería capaz de recorrer diez kilómetros al día, todos los días, sin lamentarme por los dolores o el cansancio. Lo malo es que he dejado de correr tanto. Tuve que dejarlo por falta de tiempo. Pregúntame ahora cuánto soy capaz de correr y qué tanto sufro si salgo a correr, al menos un poco. Menos mal que no he dejado de escribir. Ojo, si la práctica hace al maestro, la falta de práctica también lo deshace. Complementa el aprendizaje de escribir haciendo otra cosa muy importante:
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