✏️ Escribir es una artesanía extraña, Hebe Uhart

La escritora argentina Liliana Villanueva fue alumna de otra escritora argentina llamada Hebe Uhart, fallecida en 2018. La experiencia de Liliana Villanueva en las clases de Hebe fue tan determinante, que decidió escribir un libro entero en el que captura las enseñanzas de Uhart tanto como puede, mientras las mezcla con su experiencia y visión personalísima. El resultado es un libro ampliamente recomendable del tipo manual de creación literaria, cuya novedad es que no fue escrito por la maestra, sino por la discípula. El primer capítulo del libro se titula “Escribir es una artesanía extraña”. Vengo hoy a compartir las que a mi parecer son las ideas más significativas del capítulo, con dos objetivos: que reflexiones sobre el oficio del escritor como lo que es, una artesanía; y dos, que te enganches y termines leyendo el libro entero.

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Supe de la existencia de Las clases de Hebe Uhart, como se titula el libro de Liliana Villanueva, en una de las clases de escritura literaria que imparte el escritor Jorge Carrión en el Máster de Creación Literaria de la Barcelona School of Managment que estudio ahora. Tengo que reconocer, sin ánimo de que se me tome ahora por pelotero, que las clases de Carrión me están resultando particularmente nutritivas. Ya te iré contando cosas, porque gracias a esas clases se me han ocurrido montones de ideas para hacer vídeos en el canal. Material de primerísima calidad que no vas a encontrar en ningún lado. Así que ya sabes: ¡Suscríbete!

Lo que hice con el primer capítulo del libro fue leer y sacar ideas. Lo que yo te comparto aquí son paráfrasis, a veces la idea muta un poco para ajustarse y llevarte a la reflexión más precisa. Tómate estas ideas como consejos que la propia Hebe Uhart nos da. Lo que me gusta de estos consejos es que ayudan a tumbar prejuicios y mitos sobre el ejercicio de escribir.

1

Las cosas se empiezan y se terminan. Un artesano de sillas no hace una silla de tres patas. Una alumna dijo: escribí una página y me cansé. Quien se conduce de este modo muestra poco interés y apuro por publicar. 

2

Se escribe de a poco, como uno vive de a poco. No debo apurarme o tener ansiedad, solo debo preocuparme por seguir escribiendo. 

3

El taller literario es solo un empujón. El verdadero trabajo de escritura hay que hacerlo solo, con uno mismo, acompañándose. 

4

Puede escribir cualquiera, pero hacer un uso específico del lenguaje es diferente, para eso hace falta pericia: formación.

5

Lo difícil es aprender a mirar. Cada persona mira y escucha de un modo diferente y cosas diferentes. El reto es encontrar la voz personal.

Y esto ya es cosecha mía: no es posible aprender a encontrar la voz propia en ningún taller de escritura o en ningún libro, tiene más que ver con tu capacidad para ser, es algo más trascendental del individuo, lo que te hace único. Lo único que es posible, en todo caso, es aprender cuáles son las cualidades que configuran las miradas ajenas, las de otros escritores a los que admiras. No para que imites su mirada, perderías el tiempo, sino para que el contraste entre sus cualidades y las tuyas sea un ejercicio de autoafirmación del propio ser, de ti mismo.

6

Se debe tener confianza en que se escribirá bien, pero no hay que tenérselo creído porque eso anulará la posibilidad real de que lo escrito sea bueno. 

7

Hay que escribir como si uno se dejará guiar por una voz interna, como si uno fuera el instrumento para traducir esa voz. 

8

Tal vez sean necesarias las rutinas para empezar a escribir, pero con la práctica lo natural es darse tiempo y escribir cuando se quiera, se pueda o se necesite. 

9

La literatura es comunicar. Escribir bien es comunicar con eficiencia.

Y esto ya es cosecha mía: si no asumes que al escribir comunicarás, tampoco puedes esperar que se te entienda, de ningún modo. La responsabilidad de que se te entienda recae principalmente sobre tu capacidad para comunicar con claridad, no en la diversificación de interpretaciones posibles del texto.

10

Si no aguanto algo en el otro es porque algo en mí va mal y me lo tengo que mirar. 

11

No debo escribir como tal escritor o pensar que jamás estaré a la altura. Las comparaciones no sirven. Yo debo escribir el mejor texto que pueda y punto.

12

La necesidad de escribir surge de la necesidad de guardar algo significativo para que no se pierda. Es un ejercicio de memoria.

Y esto ya es cosecha mía: a veces lo hemos guardado durante tanto tiempo dentro de nosotros mismos, que la necesidad de escribir surge de crear un archivo externo que nos permita liberar espacio en nuestro disco duro interno. Lo queremos guardar igualmente, pero ya no dentro de nosotros. Fuera estará mejor.

13

Muy pocos viven de sus derechos de autor. En ese sentido, escribir margina.

Y esto ya es cosecha mía: si escribes, no esperes ganarte la vida con tus derechos de autor de la noche a la mañana, quizá llegue a pasar. El mundo está lleno de ejemplos. Pero pasa poco. Así que búscate la vida y consigue una fuente de ingresos alterna. A poder ser, haciendo algo que guarde tanta relación con la escritura o la literatura como te sea posible, así no sentirás que has pedido el rumbo.

14

Preguntar sobre el boli o el ordenador, el día o la noche solo demuestra que se tiene idealizado el oficio de escribir. Son preguntas inoperantes. No se nace escritor, se nace bebé y con el paso del tiempo y la inquietud uno se forma como escritor. 

Si te interesa, el libro de Liliana Villanueva está disponible en España, al menos a través de la iBooks Store. Pero si lo buscas quizá lo encuentres es más plataformas. Impreso probablemente solo esté en Argentina. 

¿Se te vienen a la cabeza otros mitos y prejuicios sobre el arte o la artesanía de escribir? Quizá aún no eres capaz de reconocerlos como tales, te invito a plantearme preguntas sobre el oficio a través de los comentarios para que juntos entendamos claramente y sin romanticismo de qué hablamos cuando hablamos de escribir.

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