La novela gay 🏳️‍🌈 más famosa de México 🇲🇽

El vampiro de la colonia Roma llegó a mis manos por primera vez cuando yo acababa de cumplir 18 años y recién había salido del armario. Si no recuerdo mal, Fernando Ibarra, un colega de la universidad que ahora es mi amigo y de quien por cierto tuve un crush (que nadie se entere), me habló del libro y sembró en mí la curiosidad. En ese momento la obra ya había conseguido convertirse en la novela gay más famosa de México y llevaba siéndolo muchos años, pero yo estaba a punto de descubrir por qué.

¿Sabes por qué es la novela gay más famosa de México?

Si esta es la primera vez que escuchas hablar de esta novela, pon atención porque querrás saber más. 

Fue escrita por el mexicano Luis Zapata y publicada en 1979, tras ganar el Premio Juan Grijalbo de novela. Es considerada por la crítica como una obra clásica de la literatura mexicana que representa la realidad homosexual, pues su publicación supuso un cambio de rumbo respecto a la forma en que se representaba la homosexualidad en la literatura mexicana. Después del vampiro, muchos otros autores se atrevieron a abordar la realidad homosexual en la literatura sin tapujos ni reparos.

Después de leerla y admirarla, después de conocer al autor personalmente y leer otras de sus preciosas novelas, después de contrastar con las opiniones de muchos otros lectores que admiraron y elogiaron la novela, yo conseguí entender por qué El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata era la novela gay más famosa de México, la que más reconocimiento había conseguido por parte de la crítica y los lectores. Y quizá cualquiera podría decirlo; por todos es sabida la trascendencia que consiguió esta obra en México, pero antes de atreverme a decirlo públicamente y sobre todo con la intención de seguir dando reconocimiento a esta obra que, a pesar del éxito conseguido en México, aún no es tan conocida en otras partes del mundo, aunque lo merece, y para colaborar a que así sea, consulté con grandes escritores e intelectuales de México a través de Facebook, para confirmar que esta novela  merecía realmente el título que tiene. Pregunté a mis amig@s literat@s: ¿cuál consideran que es la novela gay más famosa escrita por un mexicano?”, dejando abierta la posibilidad a que pudieran mencionar cualquier título y a cualquier autor. Por supuesto, la respuesta fue unánime. También hubo quien se animó a recomendar otras obras de Zapata o a otro autor mexicano, pero en general todos coincidieron en que El vampiro de la colonia Roma se merecía el título de la novela gay más famosa de México.

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A la pregunta respondieron los escritores Édgar Adrián Mora, José Luis Zárate, Ángel Valenzuela, el Maestro Xavier Lizarraga Cruchaga, Hernán Bravo Varela, Ernesto Reséndiz Okión, Eduardo Montagner Anguiano, Andrés Castuera-Micher; el sociólogo Salvador Zavaleta, los actores y dramaturgos Tito Vasconcelos, Jaime Rico y Agustín Ramos; y el embajador de la AIDS Healthcare Foundation, Jorge Saavedra. En todos los casos estuvieron de acuerdo y todos son personalidades perfectamente cualificadas para reconocer en ésta obra de Luis Zapata el título que ostenta.

Luis Zapata nació en la colonia Roma de la Ciudad de México pero se crió Chilpancingo, Guerrero. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En la mayoría de sus obras, el personaje homosexual es eje dramático. Además de El vampiro de la colonia Roma, Luis Zapata también es autor de títulos como La historia de siempre, Melodrama, Hasta en las mejores familias y De Pétalos Perennes. Por desgracia para el lector del siglo XXI que no vive en México, sólo se puede conseguir una edición electrónica de El vampiro de la colonia Roma a través de Amazon o la iBooksStore de Apple.

En Internet se puede leer un artículo que te invito a leer y que cito a continuación, escrito por el gran ensayista mexicano, especialista en literatura homosexual en México, León Guillermo Gutiérrez, titulado: El vampiro de la colonia Roma. Función del espacio y el cuerpo en el discurso homoerótico, publicado por Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Gracias al aporte de León Guillermo Gutiérrez, podemos comprender mejor la trascendencia que tuvo en México El Vampiro de la colonia Roma y por qué se convirtió en la novela gay más famosa del país. Dice:

“Como tema de literatura, la homosexualidad entra en México de manera tardía y casi imperceptible; en los años cincuenta sólo encontramos el magnífico cuento de Jorge Ferretis, “Los machos cabríos”. En la década de los sesenta, tres cuentos tratan el tema; los autores son Juan Vicente Melo, Jorge López Páez y Carlos Fuentes, quien, en 1958, en La región más transparente, inserta el personaje homosexual en el intelectual y aristócrata Gus. En 1964, se publica la primera novela con un tema abiertamente homosexual, El diario de José Toledo, de Miguel Barbachano Ponce. 

[…]

»En México, y más propiamente la ciudad de México, lugar posible para el anonimato, el cuerpo y la visibilidad del homosexual como manifestación identitaria de género, evoluciona conforme a los patrones de los fenómenos socio-culturales que van aconteciendo. Sin lugar a dudas, esta visibilidad inicia en los años veinte con algunos de los integrantes del grupo de los Contemporáneos (Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Elías Nandino, etc.), quienes se convierten en figuras públicas por su reconocida actividad y trayectoria artística. Salvador Novo encabeza la conducta transgresora de los intelectuales al ostentar de manera abierta no sólo su orientación sexual, sino al hacer alarde de una gestualidad feminoide con el uso del maquillaje y depilación de cejas. Novo dejó constancia de su orientación sexual, así como de la homosexualidad en la ciudad de México en la primera mitad del siglo XX en la obra La estatua de sal. 

»A partir de la década de los años cuarenta la ciudad de México crece vertiginosamente, lo que permite una mayor movilidad social y en consecuencia la aparición de lugares propicios para el encuentro entre hombres homosexuales, ya sean Garibaldi o San Juan de Letrán, así como el primer bar de nombre Madreselva en 1949. Pero la manifestación más notoria obedece a las nuevas tendencias musicales como el mambo y sobre todo, el rock and roll, que rompen con los estereotipos de masculinidad del charro y del hombre bragado, al ser bailados con sensuales movimientos de cadera por hombres enfundados en ajustados pantalones. Los años sesenta son un verdadero estallido: la juventud hace añicos las buenas costumbres. Las mujeres visten minifaldas y los hombres usan entallados jeans que dibujan las formas de los glúteos y genitales: se impone la moda unisex. El cuerpo adquiere categoría de juventud, vigor y sexualidad. Atrás quedó el modelo hegemónico nacionalista impuesto por los gobiernos posrevolucionarios. El homosexual de manera ridiculizada o estereotipada se hace presente como sujeto de género en el teatro de revista, en la prensa y en el cine nacional. […] No obstante deja de ser invisible, aunque no se quiera, se reconoce su presencia en el familiar, en el vecino, en el artista, en el personaje público. En la década de los setenta, México y toda Latinoamérica se convierten, por un lado, en un gran mercado de consumo masivo de la industria de los Estados Unidos y, por otro, se asume la influencia de tendencias culturales, artísticas y sociales libertarias. El de mayor trascendencia en este tema es la revuelta de Stonewall (1969) que abrió el debate social, académico y teórico de las relaciones homosexuales. En México, en 1971, la dramaturga Nancy Cárdenas crea el “Frente de Liberación Homosexual”. La importancia de este movimiento radica en incorporar la homosexualidad en el discurso político, social y cultural de una forma pública. 

En el campo de la literatura, la novela El Vampiro de la Colonia Roma, de Luis Zapata, de manera abrupta irrumpe y arroja sobre la doble moral de la sociedad mexicana la visibilidad de lo que se esmeraba por ocultar en el rincón del clóset: la práctica cotidiana de la homosexualidad en todas las esferas sociales. Zapata no se conforma con sacarla del armario, la lleva y la pasea a pie, en auto o en autobús por calles, avenidas, parques, restaurantes y cines de la gran ciudad y otras latitudes de la geografía del país.”

Zapata desmitifica la imagen estereotípica que los medios daban sobre los homosexuales. Esta novela encaja en el movimiento literario de la Onda, surgido en México durante la segunda mitad de los años sesenta. Este movimiento literario, formado por jóvenes escritores, pretendía una ruptura con la literatura tradicional a través de la utilización de un lenguaje abierto, franco y coloquial. Manifestaba un profundo desacuerdo con el régimen autoritario de la sociedad política y cultural. Ya que en esa época México era un país en el que realmente no existía la libertad de expresión a través de la prensa, los escritores jóvenes convirtieron la literatura en el medio ideal para el ejercicio de la crítica. Entre los temas favoritos de la literatura de la Onda, se encontraban las drogas, el sexo, el rock, temas tabú para la sociedad.

El vampiro de la colonia Roma desarrolla las aventuras y desventuras de Adonis García, un personaje pícaro. Zapata rescata la tradición de la novela picaresca y la trae al México gay de los años setenta. Aunque fue presentada como ficción cuando fue publicada, Zapata ha declarado posteriormente que el libro está inspirado en las aventuras de una persona real de nombre Osiris Pérez.

Cuenta las memorias de un muchacho desde sus años de primerísima adolescencia y hasta sus veinticinco años de edad, un muchacho de gran belleza física que descubrió a temprana edad los placeres de la carne y que, impulsado principalmente por el placer elige dedicarse a la prostitución, aunque también influyen otros aspectos de su contexto, como que pierde a sus padres y se aleja de su único hermano. La historia de Adonis García es escandalosa, divertida, tremenda, desoladora y hasta reconfortante.

Una de las mayores virtudes que tiene esta novela es su forma, aunque parece simple, no lo es. En lugar de capítulos está dividida por cintas, ya que se trata de la transcripción de un largo monólogo que reproduce el ritmo, la fonética y el florido uso del lenguaje de la persona en la que está inspirada la obra. Además del personaje protagonista, existe un personaje entrevistador, a quien podemos reconocer como el propio Luis Zapata, pero del que nunca se sabe nada más allá de que se pueda suponer cuáles son las preguntas que realiza.

En esta novela no hay un a sola mayúscula o un solo signo de puntuación. Sólo hay palabras en minúscula y espacios que hacen las veces de pausas, sugerencias de una coma. Zapata ha declarado en múltiples entrevistas que escribió la novela de este modo con la intención de conseguir una representación fiel del uso del lenguaje de la persona que discurre. Y no sobra que decir que lo consigue, lo que hace de la experiencia de lectura un ejercicio interesante y muy fluido, a pesar de que podría suponerse lo contrario.

Mucho del lenguaje que utiliza el protagonista de esta novela forma parte de un argot mexicano propio de su época. De ahí que esta novela sea un viaje hacia el México rupturista, rebelde y marica de los años setenta. Si no eres mexicano podrás hacerte una idea muy exacta de cómo era la jerga mexicana de la época. Y si eres mexicano pero naciste después de los ochenta, muchas de las palabras que utiliza el protagonista de esta novela te ayudarán a reconocer cómo era el lenguaje que utilizaba la gente de la calle en aquellos importantes años para el despertar de la diversidad sexual en México.

Antes de irme quisiera compartir contigo una anécdota sobre Luis Zapata que guardo en mi memoria con cariño y agradecimiento. En 2007 se publicó su novela La historia de siempre, en la ya desaparecida editorial Quimera. Se celebró la que fue, quizá, la primera presentación oficial de la novela en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, que está a un par de horas de la Ciudad de México en autobús. Y como yo le tenía mucha admiración a Luis Zapata, decidí que iría hasta Cuernavaca una tarde-noche sólo para escucharlo de viva voz. La presentación se celebraba a las siete de la noche, de modo que corría el riesgo de quedarme sin autobús de vuelta a la Ciudad de México porque después de las presentación quería darme la oportunidad de intercambiar un rato de copas y charla con la gente que asistió, así como con el autor. Yo era un chamaco, pues. Y se me veía en la carita que a pesar de estar encantado por estar allí, en la presentación de la nueva novela de uno de los autores a los que más admiraba, estaba nervioso por la hora a la que volvería a casa. Al tiempo de vuelta desde Cuernavaca hasta Ciudad de México había que sumar el tiempo de traslado hasta la casa de mis padres, a las afueras de la ciudad, justo con la frontera del Estado de México. Vamos, que podía perfectamente sobrepasar la media noche y seguir de camino a casa. 

Ya no me acuerdo si yo le conté todo esto a Luis Zapata por los nervios que tenía, que se mezclaban con mi emoción o cómo fue, el caso es que se ofreció a hospedarme en su casa esa noche para que pudiera volver a la Ciudad de México sin mayores impedimentos ni riesgos a la mañana siguiente. Me quedé con la boca abierta, la verdad. Si ya le admiraba por lo que escribía, en ese momento le admiré más porque no pudo ser más generoso. A mí la verdad me dio muchísimo pudor aceptar la invitación, además de que ya había comprometido a mis padres para que me recogieran en algún punto intermedio del camino. Pero nunca olvidaré que pude haber pasado una noche, eso sí muerto de nervios, en la casa del autor de la novela gay más famosa de México.

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