🐍 Narrador no fiable

Los narradores indignos de confianza son invariablemente personajes inventados que forman parte de las propias historias que cuentan. Un personaje que narra, ya de por sí, no puede ser totalmente digno de confianza, la naturaleza subjetiva de su perspectiva lo impide. Si todo lo que dice es palpablemente falso, eso sólo confirmaría lo que ya sabíamos: que forma parte de una ficción. Tiene que haber alguna posibilidad de discriminar entre la verdad y la falsedad en el interior del mundo de ficción, como lo hay en el mundo real, para que la historia suscite el interés del lector. Y para ello los escritores utilizamos a los narradores no fiables. ¿Habías escuchado hablar sobre estos tipos de narrador?

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Un narrador poco fiable sirve precisamente para revelar, de una manera interesante la distancia que media entre la apariencia y la realidad, y para mostrar cómo los seres humanos la distorsionamos o la escondemos.

Según Jane K. Cleland en Mastering Plot twists, existen cinco tipos de narradores no fiables. Entender cómo funciona cada uno de estos narradores te ayudará a elegir sabiamente el mejor para tu obra. 

Los cinco narradores no fiables que existen, son:

1 El inocente

También conocido como el que no sabe o al que se puede malinterpretar. Incluye a niños, adultos con discapacidades de desarrollo mental o cualquiera que provenga de otra cultura y sea puenteo en medio de una cultura que le resulte extraña.

Un niño, basándonos simplemente en los pocos años que ha interactuado con el mundo, carece del conocimiento suficiente para entender algo que ve u oye. Puede desconocer el vocabulario o las referencias culturales de otro personaje, por ejemplo.
Los humanos somos criaturas curiosas y una de nuestras extrañas cualidades es que rellenamos de sentido las partes de algo que no entendemos, llenamos los vacíos con alternativas lógicas basadas en nuestras creencias, experiencias y deseos.

Alguien con una inteligencia inferior a la media podría perder el significado y crear una representación matizada (malinterpretar las palabras o desconocer su significado por la entonación, por ejemplo). Realizará descripciones únicamente de lo que ve, pero no lo que esas observaciones podrían implicar.

Un alienígena de otro planeta que se despierta en una cómoda cama en un opulento condominio de Miami Beach estará más que confundido. Estará atónito. Todo le resultará extraño porque todo será diferente para él. No tiene idea de dónde está, cómo llegó allí o qué debe hacer. Sus observaciones pueden ser literalmente precisas, pero no representar la verdad objetiva. Tres ejemplos buenos de este tipo de narrador serían el cuento: “El verano feliz de la señora Forbes”, de Gabriel García Márquez; la novela Fiesta en la madriguera de Juan Pablo Villalobos; o la novela Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza.

2 El culpable

En esta categoría tenemos personas que se sienten culpables y personas que son culpables. El narrador puede estar mintiendo para salvar la cara, su matrimonio o su trabajo, o de otra manera proteger y preservar lo que tiene o cree que tiene; o el narrador puede ser un criminal real que no quiere admitir sus pecados pasados o está tratando de ocultar los actuales. Un ejemplo de este tipo de narrador sería la novela Un buen soldado, de Ford Madox Ford o la novela Hablando con los muertos de Helen Dunmore.

3 Los enfermos emocionales o mentales

No todas las enfermedades mentales son iguales. Algunas personas sufren síntomas leves. Otros existen en un universo alternativo. Tu narrador podría ser un esquizofrénico que cree que sus alucinaciones son reales, una nueva madre que sufre depresión posparto, un veterano diagnosticado con trastorno de estrés postraumático o un adolescente que atraviesa un colapso alimentado por las hormonas. Un ejemplo de este tipo de narrador sería la novela American Psyco, de Bret Easton Ellis.

4 El incapacitado

Un narrador que es un alcohólico o drogadicto que entra y sale de la lucidez va a dar un relato sesgado de lo que ve y hace. Las personas que sufren de adicciones presentan con mayor frecuencia los siguientes comportamientos: mienten, manipulan, es probable que estén involucrados en actividades delictivas, culpan a otros por sus fallas y es probable que se vuelvan abusivos. Si combinas tres de estos comportamientos en un mismo personaje tendrás la mezcla perfecta para hacerlo poco fiable; será un mentiroso hábil que juega con las emociones de las personas mientras se posiciona como una víctima cada vez que algo sale mal, sin embargo, para los lectores, su visión parecerá precisa. Un ejemplo de este tipo de narrador sería la novela La chica del tren, de Paula Hawkins.

5 El paranormal

Tu narrador puede parecer humano, pero no serlo. Podría ser un fantasma, el diablo o un ser extraterrestre, por ejemplo, simplemente apareciendo en forma humana. También podría ser abiertamente no humano, como las hadas. Al crear personajes de otro mundo debes asegurarte de asignarles características que incluyan su manera de percibir y valorar. Estos atributos colorearán la forma en que interpretan las comunicaciones verbales y no verbales. Si un personaje proviene de un planeta donde los seres inteligentes están entrenados para ser justos, pero no pueden distinguir entre hombres y mujeres, por ejemplo, será un pobre testigo ocular, pero no sabrá que hay un problema: su capacidad de ser justo combinada con su incapacidad para identificar el género de la apariencia, son para ella, normales y, por tanto, razonables. Un ejemplo de este tipo de narrador sería la novela Yo, Lucifer, de Glenn Ducan

Aunque los narradores no fiables son casi por definición narradores en primera persona, se han hecho argumentos en segunda y tercera persona. Se trata de obras experimentales. 

En ocasiones la falta de objetividad y la poca fiabilidad del narrador se hace evidente de inmediato. Se me viene a la cabeza una novela que suelo utilizar en mi curso Tipos de Narrador, como ejemplo de ésta técnica, al que también se le puede llamar narrador en tercera persona, falsa objetividad. Me refiero a la novela Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer.

En general, un uso más dramático de estos tipos de narrador retrasa la revelación de su falta de fiabilidad hasta el final. Este final sorprendente obliga al lector a reconsiderar su punto de vista y experiencia de la historia. En algunos casos, la poca fiabilidad del narrador nunca es completamente revelada, puede ser apenas aludida, dejando a los lectores imaginar hasta qué grado puede creerse lo que el narrador contó y cómo debería ser interpretado, de modo que estamos obligados a juzgar su relato con suspicacia, buscando la verdad en la brecha que se abre entre su aportación subjetiva de los acontecimientos y la interpretación que hacemos de los mismos.

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