🧊 Teoría del iceberg y por qué no terminas lo que escribes

El dilema de mis alumnos

Imparto clases desde hace más de una década y hay una constante que no deja de repetirse: mis alumnos se quejan, se desaniman, se desesperan y abdican. ¿La razón principal?: la frustración que les produce el error (y mala gestión que hacen de las emociones), tomar consciencia de que la configuración dramática es un trabajo harto difícil que no se limita a tumbar teclas, esperando que todo lo que uno escribe sea, desde ese momento, una obra de arte. 

La toma de consciencia de lo que se hace es fundamental si se quiere hacer literatura como un profesional. No digo que no haya escritores (y buenos) que produzcan obras literarias estupendas a la primera, lo más probable es que hayan acumulado suficiente práctica (y cometido suficientes errores) como para llegar a ese nivel de soltura. Por eso hoy estoy aquí para ayudarte a tomar conciencia, a entender una posible razón por la que dejas tus proyectos narrativos a medias, para que vuelvas a ellos o para que evites que te vuelva a pasar. ¿Has escuchado hablar de la teoría del iceberg de Hemingway?


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Ernest Hemingway recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954. Su legado narrativo es uno de los más influyentes de la literatura norteamericana y, sin lugar a dudas, de la literatura contemporánea internacional. Creó una teoría sobre la configuración dramática que hoy en día conoce medio mundo, si eres un letraherido habrás escuchado hablar de ella con total seguridad, si es el caso, la exposición que estoy a punto de hacer te servirá para reforzar tus conocimientos, pero si no, te explico a detalle la teoría para que la descubras.

Teoría del iceberg de Hemingway

Según Hemingway, todo relato debe reflejar tan sólo una parte pequeña de la historia, dejando el resto a interpretación del lector, sin evidenciar el verdadero fondo, como sucede con un iceberg.

Eso implica que el autor está obligado a conocer y dominar toda la historia, se llegue a plasmar en palabras o no, dentro del relato.

Hemingway escribía, pensaba, creaba el relato completo y, después, cuando lo sabía todo, eliminaba hasta el ochenta por ciento, dejando única y exclusivamente lo esencial para dar cuenta de la historia. Los lectores deben rellenar con su propia interpretación los huecos dejados por el autor. El relato gira en torno a un conflicto o un tema que no llega a mencionarse. Es el lector quien debe descubrir qué es lo que está sucediendo. El relato debe narrarse sin que se haga referencia explícita o se describa el conflicto o el tema. 

Después de terminar el cuento Fuera de temporada, Hemingway empezó a madurar su teoría. “Omití el verdadero final, el cual era que el anciano se ahorcó. Esto se omitió en el contexto de mi nueva teoría, que se puede omitir cualquier parte… y la parte omitida reforzaría la narración”, escribió en París era una fiesta

En 1977, Giger Romeo profundizó en la propuesta formal de Hemingway en su ensayo: The creative void: Hemingway’s iceberg theory; insto desde aquí a los editores de Iberoamérica a traducir y publicar una versión revisada por autores contemporáneos de este libro que es ya imposible de conseguir. Me ha costado, pero encontré dos citas en inglés que he traducido libremente al castellano y que te servirán para entender a detalle la teoría del iceberg:

“Hay siete u ocho partes bajo el agua por cada parte que se muestra. Todo lo que sabes, lo puedes eliminar y solo fortalece el iceberg. Es la parte que no se muestra».

“El efecto que produce la tala vigorosa de información es el del sfumato: los hechos dados insinúan un significado más profundo; son expuestos ante el punto de vista del observador desapegado, cuando de hecho está atrapado en lo que sucede. Y, lo que es más importante, se ve obligado a responder: la acción [del relato] solo progresará si el lector está dispuesto a rellenar los espacios en blanco, deliberadamente dejados (o más bien creados) por el escritor.”

La teoría del iceberg para entender por qué no terminas lo que escribes

Hemingway elaboró su teoría pensando en su propio método creativo, ahora voy a utilizarla para dar respuesta a la pregunta: ¿por qué no terminas de escribir las obras que te propones?

Tenemos, pues, que la punta del iceberg representa la obra terminada: aquella parte visible que se compuso y recompuso para dar la cara, para darse a conocer al lector, generando la sensación de que todo está contenido allí, aunque sólo estén los fragmentos elegidos estratégicamente por el autor para diseñar la obra, excluyendo el ochenta o noventa por cien de la historia. 

Si la punta del iceberg es únicamente un veinte o diez por cien de la historia total, el resto del iceberg, lo que está debajo de la superficie del agua, representa el grueso excluido de la historia. Aquella materia dramática que el autor tuvo que crear y conocer, hasta llegar al punto de determinar qué fragmentos iba a dejar visibles y qué fragmentos no. Esto significa que el autor tuvo que trabajar para construir el cien por cien de la materia dramática, antes de proponerse la composición de la obra. Nótese que hago aquí una diferencia entre los conceptos historia y obra, que no son lo mismo y suelen confundirse.

El error más común de un escritor novato es pensar que las obras literarias surgen a la primera, desde el momento en que se comienza la materialización del drama, de la historia. Se cree que lo escrito es ya la obra, la punta del iceberg, cuando puede ser un fragmento de hielo cualquiera, una parte aleatoria de la historia que podría, o no, componer parte de la punta, es decir, de la obra. 

La ingenuidad, la falta de oficio del escritor novel y su ego sobrevalorado (a veces erróneamente inflado por los seres queridos que le rodean), le llevan a escribir creyendo que las páginas rellenas de texto son, no un primer acercamiento al drama, a los personajes, los ambientes, el conflicto, etc., sino la obra literaria misma que sólo requerirá una revisión y corrección ortotipográfica o de estilo, en el peor de los casos, para su pronta publicación.

No son pocos los alumnos que llegan a mis clases, repletos de ilusión, con la novela o el cuento ya escrito. Dicen que sólo necesitan una corrección de estilo, un visto bueno que les permita participar en el concurso o en la publicación tal. Y se vuelven majaras cuando les hago ver que las páginas escritas no tienen posibilidades reales de ganar concursos o ser consideradas una obra literaria en condiciones. Por supuesto hay excepciones, tengo alumnos talentosos cuyos primeros borradores no están demasiado lejos de la obra terminada, pero eso, son excepciones.

Ante la revelación, los alumnos novatos se frustran y si no consiguen gestionar sus emociones, terminan tirando la toalla. Se niegan a aceptar que lo escrito puede ser una mierda pinchada en un palo, aunque tengan todo el derecho del mundo a escribir mierda en una primera instancia, así como la obligación de convertirla en arte si quieren ejercer el oficio literario como los profesionales.

Para un alumno inconsciente, lo escrito representa la punta del iceberg, cuando en realidad es apenas un porcentaje menor de la materia dramática total que aún no ha creado y desconoce. Imaginemos que el iceberg es un contenedor y que la materia dramática se acumula en él como si de líquido se tratara. La punta será una mezcla selecta de todo el líquido que contiene. Así, pues, el problema del alumno que no termina lo que escribe, e ignora la razón por la que es incapaz de volver a lo escrito para reelaborarlo, es el desconocimiento y la falta de elaboración del grueso de la historia con la que pretende componer su obra.

La cantidad real de materia dramática que tiene y que cree que es la punta, es apenas un culito del total de líquido que debería contener el iceberg. Y esa es la razón por la que, al enfrentarse por primera vez a la retroalimentación objetiva, carente de vínculos afectivos, el escritor novel se frustra. La sorpresa es máxima. ¿Cómo puede ser que todo el esfuerzo que ya invertí no sea suficiente?, se pregunta.

Lo que cuesta asimilar a la inmensa mayoría de mis alumnos es que tienen derecho a escribir mierda. Repito: tienen todo el derecho del mundo a escribir mal. Qué digo mal: fatal. ¡Y no pasa nada! Están aprendiendo, ¿no? Ningún escritor, ni siquiera Hemingway que ganó el Premio Nobel de Literatura, escribe una obra de arte a la primera. Incluso los escritores que son muy pero que muy buenos requieren de más de un borrador, aunque sí es cierto que la práctica hace al maestro y si uno ha acumulado suficiente experiencia y se ha permitido caer en el error las suficientes veces, es posible llegar a escribir primeros borradores que están cerca de ser una obra literaria terminada. Aún en esos casos, a la primera NADIE escribe un texto perfecto. Es más, me atrevería a decir que los textos perfectos no existen. Punto.

Con mi reflexión de hoy mato dos pájaros de un tiro: te llevo a conocer mejor o a descubrir una de las teorías de la narrativa más importantes, pero también te recuerdo que estás autorizado a cometer errores. Y que sólo si te permites caer muchas veces en el error (no hablo de equivocarse de manera premeditada, sino de intentarlo y cagarla auténticamente) podrás alcanzar ese estadio creativo en el que tus primeros manuscritos tengan mucha calidad y estén cerca de ser la obra final. 

Mientras ese momento llega y considerando que necesitas apoyo para enfrentarte a esta seria aventura, me di a la tarea de crear un filtro en Instagram y toda una serie de productos que te ayudará a recordar este derecho fundamental e inalienable de todo escritor en formación. Así, cada que escribas algo y que te llegues a creer que eres la polla, podrás usar el filtro o alguno de los productos como recordatorio de que sí, tal vez has escrito algo interesante, pero tal vez sólo has escrito una mierda apestosa y tienes todo el derecho del mundo a hacerlo, porque te tomas enserio el oficio y sabes que eso forma parte de tu formación y del proceso creativo de un profesional. 

Ahora ya sabes, según la teoría del iceberg de Hemingway, por qué no terminas lo que te propones escribir. Y también, aunque indirectamente, sabes en qué deberías trabajar para arreglar ese problema y evitar que te vuelva a suceder. Me encantará acompañarte en tu proceso formativo y creativo si concluyes que necesitas ayuda en el camino. Encontrarás mis cursos en la página de inicio de web

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