¿Alguna vez has querido que tus lectores se queden despiertos por la noche, rascándose la cabeza y preguntándose: "¿Qué acabo de leer?" Si es así, la ambigüedad es tu mejor amiga. En la narrativa, especialmente en el género fantástico, jugar con lo ambiguo es como añadir una pizca de sal a tu historia: realza los sabores y mantiene a los lectores al borde de sus asientos. Al presentar eventos inexplicables sin una explicación clara, creas una tensión que obliga al lector a cuestionar la realidad de los acontecimientos. Es como decir: "Mira . . .
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