¿Te cuesta creer en ti? ¿Dejas pasar mucho el tiempo sin dedicarte a lo que realmente quieres hacer? ¿Sueles ser muy duro(a) contigo? ¿En en fondo sabes que esa voz saboteadora no es más poderosa que tú, pero aún así dejas que te agobie y la gran mayoría de las veces te incapacite? ¿También a ti te perturba la puta vocecita interior del escritor(a)?

Hay un hecho notorio y universal que reclama una buena explicación: por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a producir algo que nadie les ha pedido, sin que el éxito social, los requerimientos de la conciencia, el anhelo de fama o el enriquecimiento económico constituyan nunca la motivación principal. El hecho suele ser designado con la palabra vocación. Y necesita explicación porque es mencionado, invocado o apelado a cada paso por quienes lo experimentan en el interior de su personalidad —poetas, pintores, compositores, creadores, artistas, pensadores—, pero muy rara vez ha sido objeto de meditación filosófica.

Ser tallerícola es ponerse la camiseta de escritor en formación, es declarar al mundo que te tomas enserio tu proceso formativo, es convertirte en un seguidor de hueso colorado de mi Taller de Escritura Creativa, es comprometerte con tu aprendizaje en materia de creación literaria y apoyar el trabajo que hago diariamente para que tú sigas formándote, semana a semana, a través de los vídeos que subo a YouTube y a mi página web. Ya eres seguidor de mi canal, pero ¿quieres ser tallerícola de verdad, de los de hueso colorado? ¡Te cuento cómo!