Chéjov y la escritura sin maquillaje ni artificios

Si alguna vez has sentido que escribir es como tratar de armar un rompecabezas sin la imagen de referencia, entonces Antón Chéjov sería el tipo que te diría: «Deja de buscar la imagen. La vida no tiene instrucciones». Sin trama y sin final, recopilado por Piero Brunello a partir de la correspondencia del escritor ruso, es una especie de manual de escritura para aquellos que desconfían de los manuales de escritura. Chéjov no se dedicó a teorizar sobre el arte de narrar, pero sus cartas rebosan de consejos brutales y honestos para quienes desean contar historias con autenticidad.

La vida sin guion, la literatura sin artificios

Desde el principio, Chéjov deja claro que su filosofía es la de un escritor que prefiere la observación cruda a las grandes construcciones argumentales. «La vida es una marcha hacia la cárcel. La verdadera literatura debe enseñar a escapar o prometer la libertad», escribe. Para él, lo importante no es contar historias con tramas rígidas o finales redondos, sino capturar el instante, lo fugaz, el detalle que lo dice todo sin decir demasiado. En palabras más simples: si esperas una receta para escribir un best-seller, aquí no la encontrarás.

Escritura y vida: entre la brutalidad y la belleza

Chéjov no creía en los escritores iluminados ni en los profetas literarios. Para él, escribir era un trabajo, una artesanía que se perfecciona con disciplina y observación. «Escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir», le dice a Gorki, una de las figuras literarias más importantes de la Rusia de finales del siglo XIX y principios del XX. 

Gorki admiraba profundamente a Chéjov y lo consideraba un maestro del arte de narrar. Su relación epistolar refleja un intercambio de ideas sobre la escritura y la sociedad, con Chéjov adoptando una actitud de mentor hacia el joven Gorki, aunque sin una jerarquía rígida, ya que ambos compartían una visión crítica sobre la realidad rusa de su época.

El consejo de Chéjov es claro: si quieres escribir, no te quedes encerrado en tu torre de marfil. Mira a tu alrededor, observa a la gente, huele la estepa, siente la suciedad en la ropa de tus personajes y, sobre todo, no mientas. Nada lo enfurecía más que los escritores que inventaban sufrimientos que nunca habían experimentado o paisajes que jamás habían visto.

También advierte contra el sentimentalismo barato. «Puede llorar o gemir con un cuento, pero hágalo de modo que el lector no se dé cuenta», dice. Es decir, el escritor debe ser un cirujano emocional, no un predicador con ganas de manipular al lector. Si el arte tiene una misión, según Chéjov, no es resolver problemas ni impartir lecciones, sino plantear preguntas con honradez.

El escritor como cronista de lo absurdo

Para Chéjov, la vida está llena de contradicciones y falsedades que merecen ser retratadas con una mezcla de ironía y compasión. Sus personajes no son héroes ni villanos, sino gente corriente atrapada en la inercia de la existencia. «El intelectual chejoviano es un hombre que sabe exactamente lo que está bien y por qué merece la pena vivir, pero que al mismo tiempo cada vez se hunde más en el fango de una existencia monótona», observa Nabokov.

Este retrato de la mediocridad y la impotencia moral no es una excusa para el cinismo, sino una forma de capturar la vida tal como es. «Mi objetivo es matar dos pájaros de un tiro: retratar fielmente la vida y al mismo tiempo mostrar cómo se aparta de la norma», dice Chéjov. Su literatura no es una cátedra de moral, sino un espejo en el que la sociedad puede (si se atreve) mirarse sin filtros.

La soledad del escritor (y su nariz rota)

La imagen del escritor como un ser atormentado y solitario también aparece en estas cartas. «Una mala crítica es mejor que nada», le escribe a su hermano. Y en otra ocasión dice: «El escritor es un simple mortal. No nos concedan la gloria de los dioses». No hay ningún romanticismo en la vida del escritor para Chéjov, solo trabajo, disciplina y una especie de resignación ante el hecho de que la literatura, como la vida, no siempre da respuestas.

Una lección para los escritores de hoy

En una época donde muchos escritores buscan algoritmos y estrategias para triunfar, Chéjov nos recuerda que la verdadera literatura no está en las fórmulas, sino en la observación honesta y en la renuncia a la mentira. «No escribas para darte el gusto», aconseja. «No escribas para la crítica ni para la fama. Escribe para que el lector vea la vida como es».

Quizás, después de todo, Chéjov sí nos ha dejado una especie de receta. No una para vender millones de libros, sino para escribir sin miedo y sin trampas. Y eso, en un mundo obsesionado con las historias con «gancho» y «final impactante», es más revolucionario de lo que parece.

Si leer a Chéjov te dejó temblando pero lúcido, no lo dejes pasar. Escribir sin trampas ni poses es más difícil que seguir cualquier fórmula, pero también es lo que da sentido a este oficio. Si quieres aprender a escribir con esa honestidad descarnada, escríbeme. En mi web tienes el botón de WhatsApp.↘️ ¿Nos ponemos a contar la vida como es?

Chéjov nos recuerda que escribir no es fabricar tramas perfectas, sino mirar el mundo con ojos limpios y decir lo que se ve, sin adorno ni consuelo. Si ese es también tu impulso —contar sin trampas, sin esquivar la incomodidad—, el curso Cuenta, pero bien te dará las herramientas para hacerlo con claridad, estructura y verdad. Porque no basta con observar: hay que saber narrar lo que arde.

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