Decidí que no escribiría más. ¿Para qué, si nunca sería suficiente? Pero entonces entendí algo: nadie está destinado a escribir… pero tampoco a fracasar. No hay profecías que te garanticen éxito o derrota, así que, si sigues escribiendo, es porque lo eliges. Y esa es la única razón que importa . . .
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