Nacido con una extraña condición, mitad hombre y mitad erizo, Juan Erizo es despreciado por su padre. Montado en un gallo herrumbroso y armado únicamente con su gaita, se adentra en el bosque. Allí, su peculiar música atrae a dos reyes perdidos, a quienes ayuda a cambio de una promesa: lo primero que encuentren al regresar a sus reinos. ¿Traerá esta promesa la desgracia o una transformación inesperada? Un cuento sobre apariencias, lealtad y el poder de ver más allá de lo superficial.

¿Sabes cuál es la diferencia real entre tú y ese escritor que admiras? No es el talento ni la suerte, es que su culo está en la silla mientras el tuyo busca excusas en el sofá. Si sientes que una historia te quema por dentro pero acabas ordenando calcetines por colores, tienes que entender esto: la inspiración solo ficha cuando tú ya llevas horas currando. Tu verdadero enemigo no es la falta de tiempo, es un saboteador profesional que vive dentro de ti y que Steven Pressfield bautizó como la Resistencia. Es esa voz cabrona que te susurra «mejor mañana», «no estás inspirado» o «mira, un vídeo de gatitos». Esa mierda se disfraza de perfeccionismo, de prudencia o de lógica, pero solo es miedo a fracasar y, peor aún, pánico a triunfar. La diferencia entre un aficionado y un profesional es que el profesional mira a la Resistencia a los ojos cada mañana y le dice: «Hoy no, hija de puta». Y se pone a teclear. Este es un llamado a tratar tu arte como un oficio, a casarte con el compromiso de sentarte a trabajar todos los putos días, te apetezca o no. Porque es mil veces mejor lanzar al mundo una obra «imperfecta» que mantener una «obra maestra» muriéndose de asco en un cajón. Es hora de dejar las gilipolleces, poner el culo donde tu corazón quiere estar y terminar la puta obra.

Siete suabos, armados con una única y larguísima lanza, parten en busca de «grandes hazañas». Su valentía, sin embargo, es puesta a prueba por los «peligros» más insospechados: desde un zumbante abejorro que confunden con un tambor de guerra, hasta una inocente liebre que les parece un monstruo feroz. Acompaña a estos singulares aventureros en una serie de catastróficas y cómicas decisiones que te harán reír a carcajadas. ¿Lograrán sobrevivir a su propia ingenuidad?

Toda novela tiene un origen, y el de la mía es un error, un acto de mal gusto. Nació de unos posts truculentos sobre el duelo por mi madre que escribí y luego borré, avergonzado. Pero el cadáver ya estaba en casa. Te cuento el camino desde ese impulso bruto hasta ahora, pasando por la parálisis que me provocaba la emoción en estado puro, tal y como advertía Horacio Quiroga. El plan inicial era una reconstrucción periodística de sus últimos días, pero se sentía insuficiente. La verdadera transformación llegó con una idea que lo cambió todo: ¿y si la conciencia no fuera exclusiva de los seres vivos? Inspirado por el filósofo Juan Arnau, la novela se convirtió en una ficción fantástica sobre la metamorfosis, donde mi madre puede ser un animal, una llama o una gota de agua. Este texto es la autopsia de cómo una historia te atrapa sin escapatoria, porque te ofrece las herramientas para construir un mito personal y hacer la realidad más habitable.

Una niña, criada en el Cielo por la Virgen María, sucumbe a la tentación y abre una puerta prohibida, desencadenando su expulsión y la pérdida de su voz. En la Tierra, convertida en reina, su pasado la confronta: la Virgen reaparece con cada hijo que nace, exigiendo una confesión que ella niega, perdiendo así a sus pequeños. Acusada de devorar a sus hijos y condenada a la hoguera, su última oportunidad de redención se acerca. ¿Confesará a tiempo?