Entre mis alumnos y suscriptores al canal de YouTube se comparte una gran preocupación: se tiene miedo a escribir. Miedo a que lo escrito no sea lo suficientemente bueno, miedo a la reacción u opinión de los demás sobre lo escrito, miedo a publicar detalles sobre uno mismo, miedo a ponerse en una posición vulnerable y tener que asumir que para escribir en el futuro será necesario volverse a poner en una situación vulnerable. La lista crece y crece: la inseguridad se transforma en ansiedad y todo ello en parálisis. El miedo generalmente nos impide escribir, pero existe una forma de convertir ese miedo en inspiración para escribir. Y voy a compartirla contigo ahora mismo.

Desde que me dedico a escribir y en general a la literatura a través de la docencia, la divulgación y la creación, he tenido que soportar un montón de prejuicios e incomprensión social. A nadie sorprendo cuando digo que amamos a los artistas consagrados y alabamos la obras artísticas que han transformado el mundo, pero no vemos con buenos ojos a alguien de nuestro entorno que quiere ser artista y no valoramos su trabajo en justa medida. La postura que se tiene de la figura del artista emergente a mí, particularmente, me saca de quicio. Y sobre eso quiero hablar hoy; quiero hacerles ver cuál es el precio que tengo que pagar por dedicarme a la escritura y al mismo tiempo llevarlos a tomar consciencia de lo que cuesta convertirse a uno mismo en un creador literario.