¿Hasta dónde puede llegar un hombre al que su esposa le niega el cuerpo pero no el amor? Este cuento retrata la descomposición íntima de una pareja atrapada en la rutina, el agotamiento doméstico y la distancia erótica. El protagonista, en busca de consuelo, termina frente a una prostituta con más lucidez que tacto, enfrentando de golpe la ridiculez de su desesperación. Un relato descarnado, irónico y profundamente humano que indaga en lo que ocurre cuando la pasión se seca y la ternura no basta. ¿Es el deseo una cuestión de cuerpos o de memorias que se apagan?
Categoría: Cuentos de alumnos
Al tercer día
Un olor a azufre, una certeza inquebrantable. Magdalena sabe que Miguel morirá en tres días. No hay dudas, solo una obsesión por preparar cada detalle del adiós. ¿Qué visión o presentimiento la guía? ¿Qué la impulsa a esa meticulosa preparación para lo inevitable? Un misterio que se teje entre la vida y la muerte.
La profecía de Hipérides
Un joven desafía a los dioses y forja su destino lejos de Delfos. Pero cuando un desconocido lo llama por su nombre en el puerto, su escepticismo se tambalea. Lo que sigue es un viaje de fortuna, naufragios y revelaciones que lo llevarán de vuelta a donde todo comenzó… o tal vez nunca terminó.
Entre los arbustos
Jake intenta escribir un cuento, pero las ideas no llegan. En su lucha contra la página en blanco, algo empieza a tomar forma en su mente. Algo que no estaba allí antes. Algo entre los arbustos.
Sabor a menta
—Los conocí en el baño de un boliche. Usaban el mismo maquillaje, la misma camiseta blanca y la misma falda cuadriculada, solo las pelucas eran de colores diferentes: una morocha y otra colorada, parecían dos mellizos. Se me pusieron a lado mientras me lavaba las manos después de orinar. Llamé su atención, preguntándoles si iban disfrazadas de las T.A.T.U., las rusas que se chapaban en el escenario por allá de los años dos mil y algo. Nada a que ver, eran Pamela Anderson y su amiga rubia en Película de Terror 3. «Pero eran rubias», les dije. «Claro, pero no encontramos pelucas rubias», dijo Fifi. «Nosotras somos rubias de corazón», añadió Chi-Chi. Nos reímos los tres y se presentaron. Yo ya sabía sus nombres, pero fingí que no.

