Cómo escribir humor y hacer reír sin dar pena ajena 

Escribir humor es como cocinar un soufflé: si lo haces bien, la gente lo recordará con placer; si lo haces mal, solo quedará un desastre colapsado en el plato. Y lo peor es que, en la literatura, la reacción a un mal chiste no es inmediata. En el escenario, si sueltas una broma y nadie se ríe, al menos lo notas y te hundes en el suelo con algo de dignidad. En un libro , nadie te dirá nada, pero internamente te habrán condenado al limbo de los escritores sin chispa. Vamos a evitarlo.

Entiende los diferentes tipos de humor

Lo primero es saber que el humor no es un bloque homogéneo. Hay varios tipos, y dependiendo del tipo de historia que estés escribiendo, unos te servirán más que otros:

  • Humor físico: Caídas, golpes, tropezones. Si tu protagonista se resbala con una cáscara de plátano y cae de manera espectacular, ahí lo tienes. Útil en historias visuales o para personajes torpes. Eso sí, evita el cliché del personaje que se cae y se olvida de quién es. No queremos otra telenovela con amnesia.
  • Humor observacional: Sacarle punta a lo absurdo de la vida diaria. «¿Por qué las pizzas redondas vienen en cajas cuadradas y se cortan en triángulos?» Ese tipo de cosas. Y lo peor: la gente que dobla la pizza. ¡Psicópatas!
  • Satira: Reírse de los defectos humanos o sociales. Ideal si quieres criticar algo con elegancia (o con un lanzallamas verbal). Por ejemplo, si los políticos fueran más honestos, sus discursos durarían tres segundos.
  • Humor negro: Encontrarle el lado gracioso a la muerte, la miseria o el horror. Delicado, pero poderoso si se usa bien. Aunque, ojo, si te pasas con el humor negro, terminarás escribiendo los guiones de Funerarias López.

Saber cuál encaja en tu historia te evitará la terrible vergüenza de intentar hacer chistes que no pegan ni con pegamento industrial.

No copies, por favor

El humor depende de la autenticidad. Si ves una broma que te hace reír y decides repetirla en tu novela, estás cavando tu tumba literaria. ¿Por qué? Porque el humor tiene un componente de sorpresa. Si la gente ya ha escuchado la broma antes, adiós sorpresa, adiós risa.

Piensa en el clásico «¿Hola? ¿Hay alguien ahí?». En su momento fue gracioso, pero ahora ya está más gastado que las excusas de un político corrupto atrapado con un maletín.

La regla de tres: un truco infalible

Aquí te dejo un truco que funciona tan bien que incluso cuando lo conoces, sigues cayendo en él. La regla de tres consiste en presentar dos elementos lógicos y luego rematar con uno inesperado:

  • «Era alta, rubia y una experta en robos de banco».
  • «Lo que más me gusta de viajar es conocer gente nueva, probar comidas exóticas y no hablar con nadie durante todo el día».

El tercer elemento es el giro que genera la risa. Y sí, parece una técnica muy obvia… hasta que te das cuenta de que la usan en casi todos los monólogos y sigue funcionando. Como los finales de las películas de Marvel: predecibles, pero efectivos.

Si los personajes se ríen, probablemente no sea gracioso

Uno de los errores más comunes de los escritores novatos es asumir que si sus personajes se ríen de algo, el lector también lo hará. Siento arruinarte la ilusión, pero no. Si los personajes se doblan de risa ante algo que el lector no encuentra gracioso, el resultado será un silencio incómodo al otro lado del libro.

La comedia no se impone, se genera. Si tienes que decir que algo es gracioso, probablemente no lo sea. Como los chistes de los tíos en las cenas familiares: todo el mundo finge reír para no herir sensibilidades.

La hipérbole es tu mejor amiga

La exageración puede hacer que lo ordinario se convierta en algo hilarante. «Estuvo hablando durante 5,000 años», «Su ego no cabía en la galaxia». Funciona porque nos lleva al absurdo y la mente humana adora lo absurdo. Como los anuncios de cremas antiarrugas que prometen rejuvenecer hasta a una momia egipcia.

Clichés, pero con intención

Sí, los clichés suelen ser lo peor… excepto cuando los usas para hacerlos estallar en pedazos. ¿Una damisela en apuros? Haz que sea tan exageradamente inútil que el lector sepa que te estás burlando del cliché. «Oh, no, he roto una uña. ¡Necesito un caballero de brillante armadura de inmediato!». La clave está en hacerlo con intención. Como los villanos que explican su plan maestro en lugar de simplemente matar al protagonista.

Comparaciones ridículas: otro recurso infalible

«Su beso era como un coyote hambriento atacando una res muerta». Esa imagen es grotesca, sí, pero también efectiva y memorable. Mientras más absurdo sea el símil, mejor (dentro de lo razonable, claro, no te vayas a poner demasiado esotérico). No queremos que compares un beso con el aullido de un caracol en ayuno.

Ve al grano

Un chiste largo es como una historia de terror que te la cuentan con demasiados rodeos. Para cuando llegas al punto, ya estás aburrido. Si un chiste necesita un párrafo entero para llegar a la gracia, lo más probable es que nadie llegue hasta el final para apreciarlo. Es como ver un tráiler de dos horas antes de la película.

El humor tiene su momento y lugar

Meter un chiste en medio de una escena de muerte trágica puede resultar incómodo… aunque en ciertos casos funciona, si sabes lo que haces. Pero no fuerces la comedia en cada página. La sorpresa y el ritmo son esenciales. Como los sustos en las películas de terror: si hay uno cada cinco minutos, te vuelves inmune.

¿Te hace gracia a ti?

La última regla, pero la más importante. Si escribes un chiste y no te ríes ni un poco al leerlo, bórralo. No intentes hacer reír con un humor que no te convence. La autenticidad es clave. Si algo te hace reír, hay más probabilidades de que le haga gracia a alguien más.

Escribir humor es como bailar: algunos lo hacen con gracia y otros parecen pollos descabezados dando vueltas. Pero con práctica, buen oído para la comedia y una pizca de irreverencia, puedes hacer que tu lector no solo sonría, sino que suelte una carcajada en medio del metro, haciendo que todos los demás lo miren raro. Y eso, querido escritor, es el mejor regalo que puedes darle. Como el Wi-Fi gratis en un avión: inesperado, pero maravilloso.

¿Quieres escribir humor sin parecer el típico tío pesado en la cena familiar? Escríbeme. En mi web tienes el botón de WhatsApp↘️. Te ayudo a encontrar tu tono, ese que hace reír porque quieres, no sin querer.

Dominar el humor es entender que la risa es una cuestión de técnica, no de suerte. Si quieres que tus lectores suelten la carcajada en el lugar menos oportuno, debes aprender a manejar los hilos de la narrativa con precisión quirúrgica.

Para explorar los límites de lo cómico a través de la exageración o el contraste, el videocurso Subgéneros narrativos es ideal para entender cómo el humor se infiltra en el terror o la ciencia ficción. Pero si lo que buscas es pulir ese proyecto donde la chispa parece haberse apagado, una Consulta al Dr. Narración te ayudará a diagnosticar qué le falta a tu texto para que el «soufflé» suba y se mantenga firme. Porque al final, escribir bien es serio, pero hacerlo con gracia es un arte.

¿Tienes dudas? Déjame un comentario; los leo y respondo a todos.