
Catorce años de experiencia en la edición de libros condensados en un solo artículo. Suena ambicioso, pero aquí estamos. Si alguna vez pensaste que editar un libro se reduce a corregir comas y eliminar repeticiones, prepárate para una revelación que podría cambiar tu forma de escribir (o al menos, la manera en que afrontas el inevitable proceso de edición).
Un comienzo modesto en la edición
Hace casi un quindenio, este modesto tundeteclas aterrizó en España para desarrollar su carrera profesional en el mundo literario. Durante todo este tiempo editó cientos de manuscritos, pero recuerda especialmente su primer trabajo como junior editor, en un sello andaluz, ya desaparecido, donde, bolígrafo rojo en mano, se encargaba de la corrección de estilo de manuscritos que estaban a punto de publicarse.
La labor de este tundeteclas consistía en ajustar la ortografía, la gramática y la puntuación, asegurándose de que todo estuviera en perfecto orden. Pero pronto se dio cuenta de algo perturbador: los problemas reales de los textos —personajes planos, tramas sin rumbo, diálogos acartonados—, problemas, todos, fuera de su alcance, pues su trabajo allí no consistía en trabajar en colaboración con los autores.
Aquellos años de labor editorial le dejaron, más claro que nunca, la diferencia entre la corrección de estilo y la edición de desarrollo (también conocida en el argot español del mundo editorial, irónicamente, como editing literario o editing de contenido). Aquí es donde las cosas se ponen interesantes.
La edición es un juego de niveles (y no todos son iguales)
Para muchos escritores novatos, «editar» significa pulir palabras, pero la realidad es más compleja. Hay cuatro tipos de edición, y cada uno cumple una función distinta en la construcción de un libro sólido:
- Editing literario o editing de contenido: Aquí se trabaja la estructura global del libro, asegurando que la historia tenga sentido, que los personajes sean creíbles y que el ritmo atrape al lector. No se trata de detalles menores, sino de decisiones fundamentales. No es extraño que este tipo de edición sea realizada por editores que, además, son escritores.
Esta es el tipo de edición más importante, el que la mayoría de los autores (novatos o expertos) más necesitan, pero que, ingenuamente, no buscan primero cuando terminaron su manuscrito. La mayoría de los autores novatos agradecen este tipo de edición, aunque muchas veces implica una reescritura íntegra de la obra, en el peor de los casos, y, en el mejor, una reescritura parcial. Para los autores de oficio que ya han escrito más de un libro, este tipo de edición le sirve para poner a prueba, con un lector profesional, la precisión con que realizó su obra.
Se trata del tipo de edición más demandado en la industria editorial, por su carácter especializado; y del que cada vez menos se ocupan las propias editoriales. Sobre este tipo de edición volveré más adelante. - Corrección de estilo: Una vez que los cimientos del libro están en su sitio, toca pulir el lenguaje. Aquí se trabaja la fluidez de las frases, el tono y la claridad del texto, asegurándose de que cada palabra cuente.
Para hacer este tipo de edición hace falta tener un grado de sensibilidad prosística y lírica elevado, una formación literaria y editorial especializada y, por supuesto, haber leído mucho. - Corrección ortotipográfica (o edición de mesa): Este es el paso donde entran en juego los puntos, las comas y las tildes rebeldes. Se eliminan errores gramaticales, inconsistencias de formato y cualquier otro desliz técnico que pueda haber escapado en las etapas anteriores.
Este es el tipo de edición que casi todo el mundo cree necesitar, una vez terminó de escribir su libro. Es un error común y bochornoso para los correctores ortotipográficos, que, dispuestos a pulir lo que debería ser un buen texto, se topan con las vigas mal puestas que los autores montaron, una sobre otra. Y durante un infructuoso, tortuoso e inútil ejercicio de corrección ortotipográfica, - Corrección de pruebas: Es el último vistazo antes de la impresión o publicación. Aquí no se hacen cambios estructurales ni estilísticos, solo se busca detectar erratas o errores tipográficos que se hayan colado en todo proceso, incluida la maquetación de la obra.
En España se llama a esto galeradas y suele enviarse una copia digital a los autores para que las revisen, mientras los revisores de pruebas de la editorial, hacen su propio escrutinio. Juntos, revisores de pruebas y autor, consiguen llevar las galeradas a imprenta, idealmente sin un solo error.
El problema es que muchos escritores buscan un corrector de estilo, cuando en realidad necesitan una edición de desarrollo, es decir, un editing literario o un editing de contenido. O peor aún, creen que su manuscrito requiere únicamente una revisión ortográfica, cuando lo que necesitan es reconstruir medio libro o libro entero. Una confusión que cuesta mucho tiempo, dinero y genera montones de frustracion, tanto a editores como a autores.
La epifanía de Barcelona
Tras casi quince años de experiencia en su propio Taller de Escritura Creativa y su paso por el máster en edición de la Barcelona School of Management de la Universitat Pompeu Fabra; este tundeteclas se dio cuenta de que el verdadero arte de la edición no está en la corrección de errores, sino en la capacidad de ver el potencial oculto de un libro y ayudar al autor a sacarlo a la luz.
Su mayor descubrimiento fue que los buenos editores no solo señalan problemas, sino que saben cómo solucionarlos. No basta con decirle a un autor que su historia «no tiene suficiente tensión» o que «su protagonista es aburrido». Hay que ofrecer soluciones concretas.
Por ejemplo, si una novela de misterio no logra enganchar, el problema puede estar en la falta de stakes. Es decir, el protagonista no tiene nada realmente importante que perder, y, por lo tanto, al lector no le importa el resultado. ¿La solución? Aumentar las consecuencias de sus acciones y ponerlo en verdaderos aprietos.
Hablar el lenguaje de la narrativa
Para mejorar en la edición de desarrollo, el editing literario o editing de contenido, hay que aprender a analizar una historia con precisión quirúrgica. No se trata solo de intuición; hay que conocer los fundamentos de la escritura narrativa. Términos como «exposición», «clímax», «arco de personaje» y «ritmo» no son jerga académica sin sentido, sino herramientas esenciales para entender qué está fallando en una historia y cómo arreglarla.
Por ejemplo, una de las autoras con las que trabajó el tundeteclas, tenía un thriller con un gran misterio, pero su protagonista era inexpresivo. No importaba cuán ingeniosa fuera la trama; sin una conexión emocional con el personaje, la historia no funcionaba. La solución fue agregar un segundo punto de vista narrativo que aportara profundidad emocional. ¿El resultado? Un libro más rico y envolvente.
La importancia de una edición que no destruya al escritor
Aquí viene la parte más difícil. No basta con identificar los problemas de un manuscrito, también hay que saber comunicarlos de manera que el escritor no termine llorando sobre su teclado (o peor, abandonando su libro para siempre).
Esta es la razón por la que al tundeteclas, cuando trabajaba en la editorial andaluza, no le encomendaron dicha labor. Sus jefes preferían reservarse este delicado esfuerzo. Y no es que el tundeteclas careciera de habilidades comunicativas o conocimientos suficientes, en aquel lejano 2011 ya era máster en escritura creativa por la Universidad de Sevilla y había acumulado un par de años de experiencia como profesor en su propio Taller de Escritura Creativa. Había editado suficientes manuscritos.
Sin embargo, esta sigue siendo la más delicada de las relaciones entre los autores y las editoriales. Se debe, esencialmente, a que los autores podemos tener egos muy frágiles y, a que los dueños de las editoriales han dejado de mantener este tipo de relación con sus autores, por razones mayoritariamente económicas: no les conviene estar a malas con los autores que nutren de contenido su catálogo.
¿Quién hace el editing literario o de contenidos?
Muchos editores caen en la trampa de lanzar una lista interminable de defectos sin ofrecer una ruta clara de solución. Esto es como si un médico te dijera que tienes una enfermedad grave, pero no te diera tratamiento.
Un buen editor no solo señala lo que está mal, también ayuda al autor a encontrar la manera de arreglarlo sin traicionar su visión creativa.
El tundeteclas recuerda un caso particularmente difícil, que rescata de entre sus alumnos del Taller de Escritura Creativa: una escritora que estaba en su séptima reescritura y a punto de rendirse. Su historia tenía una ambientación fascinante y personajes interesantes, pero el ritmo era demasiado lento. En lugar de decirle «esto no engancha», le propuso una solución: ¿qué pasaría si un evento catastrófico acelerara la historia? La escritora recordó que en una versión anterior la trama incluía un huracán, pero lo había eliminado. Al recuperarlo, el libro cobró nueva vida y la autora recuperó su entusiasmo.
Personas como el tundeteclas son quienes hacen el editing literario o el editing de contenido de los libros. Como he dicho antes, no cualquiera puede.
Para un editor, no hay mayor satisfacción que ver a un autor tener un momento de claridad, esa chispa en la que de repente todo encaja.
La moraleja aquí es clara: si eres escritor, no temas a la edición. Es un proceso que, bien llevado, transformará tu libro en la mejor versión de sí mismo.
Y si alguna vez sientes que tu manuscrito está siendo destrozado sin piedad, recuerda que un buen editor no está ahí para desmoralizarte, está para ayudarte a encontrar las piezas que faltan en tu rompecabezas. Escribir es un arte, pero es en la edición donde sucede la verdadera magia.
Editing literario y corrección de estilo: la edición que debería ocuparte, si quieres publicar
¿Terminaste de escribir tu libro y quieres publicar? ¡Estupendo! Ahora es cuando te quitas de la cabeza la idea ingenua de que solo te hace falta que alguien dé una manita de gato al manuscrito y asumas que estás, quizá, a medio camino del verdadero final de tu aventura creativa.
Toca evaluar lo que hiciste, abrirse a la posibilidad de que no seas un genio y hayas cometido errores. Este proceso nunca es breve. La duración es proporcional a la cantidad de experiencia que tengas escribiendo libros y editándolos como un profesional.
Por ejemplo, uno de mis alumnos empezó a escribir una novela corta (la obra quizá alcance las 50 páginas). Se encuentra en un momento cercano a la culminación del primer borrador, que ya ha pasado por al menos tres reescrituras por capítulo. Ha invertido, aproximadamente, un par de meses de trabajo constante, a los que habrá que añadir, como mínimo, dos meses más. Este cálculo es conservador, ya que hablamos de una obra breve que sigue siendo creada.
Al terminar definitivamente el primer borrador, quizá entonces podamos someterlo a una corrección de estilo. Pero solo el editing literario o el editing de contenido habrá tomado cuatro meses.
En una editorial, estos ritmos pueden ser diferentes. Depende del tamaño de la editorial, de la importancia del autor para la editorial y de la cantidad de personal que la editorial disponga para tal fin, pero son infinitamente más lentos.
Esta es la razón por la que la industria editorial española hace cada vez menos este tipo de edición. Durante el siglo XX era más común que se tejieran vínculos potentes entre editores y autores, a través de este trabajo en equipo que los lleva, irremediablemente, a la convivencia intelectual y creativa. En pleno siglo XXI, esto sucede entre los entrenadores o coaches literarios y los autores. También nos suelen llamar book doctors o doctores de libros.
El ritmo del mercado y la proliferación de escuelas de escritura creativa ha llevado a los editores a centrarse en el resto de labores propias del oficio, que no son pocas.
Los editores buscan libros listos para ser leídos por los lectores. Por eso, la mayoría de los libros que una editorial considera publicar, hoy día, provienen de las agencias literarias. Lo que te deja en el siguiente panorama: si has escrito un libro y sueñas con que llegue a los lectores, necesitas seguir trabajando en él hasta que alcance los estándares de calidad que demanda la profesión. Esto aumentará las probabilidades de que tu libro sea publicado tradicionalmente, pero si no, hoy día lo verdaderamente importante es que sea un buen libro. Si lo es, podrías beneficiarte tú mismo de todo la inversión que has dedicado a la creación de tu obra. Pero esto ya es harina de otro costal.
A través de mi Coaching literario, el tundeteclas puede ayudarte a realizar el editing literario o de contenidos de tu libro. Su especialidad es la narrativa, pero trabaja con todo tipo de géneros, temas y autores.
Cuando entiendes que editar no es solo tachar frases ni pulir comas, sino un acto de creación compartida, descubres que no estás solo frente al abismo del manuscrito. Mi Coaching literario está pensado para quienes necesitan una mirada experta, pero también cómplice; una guía firme que no imponga, sino que proponga. Si quieres transformar tu libro sin perder tu voz —y sin perder la cabeza en el intento—, aquí me tienes. Juntos podemos llevar tu historia adonde merece llegar.
¿Tienes dudas? Déjame un comentario, los leo y respondo a todos.



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