El síndrome del impostor: la mentira que te crees

Has sentido alguna vez que todo lo que has logrado es pura casualidad, que en cualquier momento alguien va a descubrir que no tienes ni idea de lo que haces y te van a desenmascarar? Bienvenido al club del síndrome del impostor.

Ese pensamiento recurrente de que no eres lo suficientemente bueno, de que tu éxito es un golpe de suerte y no el resultado de tu esfuerzo, es un viejo amigo de escritores, artistas, académicos, empresarios y, en general, cualquier ser humano con un poco de autoconciencia. Maya Angelou lo sintió. Mike Myers también. Y tú, querido lector, probablemente estés sumergido en este charco mental más a menudo de lo que te gustaría admitir.

Pero, ¿de dónde viene este maldito sentimiento de fraude? Y lo más importante, ¿cómo lo superamos?

Definiendo el problema

Jill Corkendale, escritora de Harvard Business Review, lo define como “un conjunto de sentimientos de insuficiencia que persisten a pesar del éxito evidente”. Me gusta esta definición porque desglosa el problema en dos variables:

  1. Sentimientos de insuficiencia.
  2. Éxito evidente.

Y aquí está el gran truco: aunque tu éxito aumente, eso no significa que los sentimientos de insuficiencia disminuyan. A veces, incluso crecen. ¡Tremenda estafa psicológica!

El síndrome del impostor es un inquilino persistente en la mente de muchos genios. Maya Angelou, después de escribir 11 libros, dijo: “Cada vez pienso, ¡ahora sí me van a descubrir!”. Mike Myers, responsable de regalarle al mundo a Shrek y Wayne’s World, también confesó que sigue esperando el día en que la “policía de los sin talento” venga a arrestarlo.

¿Si ellos, con toda su brillantez, se sienten así, qué nos queda al resto de los mortales?

La máquina de mierda y diamantes

Hablemos de una máquina mágica en tu cabeza. Una que escupe dos cosas: mierda y diamantes. Cada vez que produces algo, tiras de la palanca y te sale una mezcla de ambos. Al principio, cuando eres joven e inexperto, la máquina expulsa mayormente mierda. Normal. Pero nadie te dice que eso es normal. Entonces ves tu cubo lleno de mierda, miras el cubo de alguien más lleno de diamantes y piensas: “Mi máquina está rota, soy un fraude”.

Este es el punto donde muchos se rinden. Dejan de tirar de la palanca. Y luego, a los 45 años, en plena crisis existencial, se dan cuenta de que podrían haber seguido intentándolo todo este tiempo.  

¿Cómo combatimos esta trampa mental?

Vamos a desarmar este monstruo en dos frentes: los sentimientos de insuficiencia y el reconocimiento del éxito evidente.

1. Atacando la insuficiencia

La clave está en rastrear los momentos en los que sientes que no eres suficiente. Esos pensamientos dejan pistas. Para atraparlas, hazte estas cinco preguntas cuando el síndrome del impostor golpee:

  1. ¿Qué sientes?
  2. ¿Qué necesidad no está siendo satisfecha?
  3. ¿De qué tienes miedo en secreto y por qué?
  4. ¿Qué está pasando realmente?
  5. En el fondo, ¿qué crees sobre ti mismo?

Si te ascienden en el trabajo y no puedes disfrutarlo porque piensas que no lo mereces, explora por qué. Quizá tu miedo es que “más éxito significa más que perder”. O que, en el fondo, crees que eres un perdedor. Nombrar el problema es el primer paso para enfrentarlo.

2. Reconociendo el éxito

Este es un ejercicio simple, pero poderosísimo. Consigue un cuaderno y todos los días escribe lo contrario de tu creencia negativa sobre ti mismo. Luego, agrégale la palabra “porque…” y completa la frase con evidencias diarias.

Ejemplo: Si crees que no eres una buena persona, escribe: “Soy una buena persona porque…” y completa la frase con pruebas de tu día. Con el tiempo, crearás una lista de razones que tu cerebro no podrá negar.

Este método funciona por tres razones:

  1. Estás entrenando a tu cerebro para crear nuevos caminos mentales. La negatividad es un sendero ya trazado; necesitas abrir una nueva ruta.
  2. Tu comportamiento empezará a cambiar para encajar con la afirmación. Si escribes “soy generoso”, es probable que actúes con generosidad para probarlo.
  3. Te ayuda a ver que tu forma de pensar no está escrita en piedra. Puedes cambiarla.

La gran estafa mental

El síndrome del impostor es una trampa. Un juego mental en el que tus miedos te convencen de que no eres suficiente, sin importar cuánto logres. La buena noticia es que puedes entrenarte para ver la realidad de otra forma. Con el tiempo, te darás cuenta de que, aunque tu máquina siga produciendo algo de mierda, también está generando cada vez más diamantes. Y eso, querido impostor, es lo único que realmente importa.

Si tu cabeza insiste en decirte que no eres suficiente, quizá ya es hora de bajarle el volumen. Todos sentimos que somos un fraude alguna vez, pero eso no significa que lo seamos. Si necesitas ayuda para encontrar tus diamantes entre la mierda, escríbeme. En mi web tienes el botón de WhatsApp. ¿Te animas a reescribir lo que crees sobre ti mismo?

Quizá lo que necesitas no es más talento, sino otra mirada. Una que te ayude a reconocer tus logros, a ordenar tus ideas y a darte cuenta de que no estás improvisando: estás construyendo. Para eso existe Coaching literario, si ya estás escribiendo y necesitas sostén, o Terapia narrativa, si tu historia personal también merece ser contada con honestidad y coraje.

¿Tienes dudas? Déjame un comentario, los leo y respondo a todos.