¿Te cuesta creer en ti? ¿Dejas pasar mucho el tiempo sin dedicarte a lo que realmente quieres hacer? ¿Sueles ser muy duro(a) contigo? ¿En en fondo sabes que esa voz saboteadora no es más poderosa que tú, pero aún así dejas que te agobie y la gran mayoría de las veces te incapacite? ¿También a ti te perturba la puta vocecita interior del escritor(a)?

Ser tallerícola es ponerse la camiseta de escritor en formación, es declarar al mundo que te tomas enserio tu proceso formativo, es convertirte en un seguidor de hueso colorado de mi Taller de Escritura Creativa, es comprometerte con tu aprendizaje en materia de creación literaria y apoyar el trabajo que hago diariamente para que tú sigas formándote, semana a semana, a través de los vídeos que subo a YouTube y a mi página web. Ya eres seguidor de mi canal, pero ¿quieres ser tallerícola de verdad, de los de hueso colorado? ¡Te cuento cómo!

El escritor español Francisco de Quevedo vivió en el siglo XVII, o sea, hace casi tres siglos y medio. Si tenemos en cuenta que Internet, como lo conocemos hoy, nació a finales de los años 80 del siglo XX, la vida de Quevedo y de todas las personas del mundo que vivían en el siglo XVII, no estaba ni remotamente afectada por la existencia de una tecnología que sólo comenzó a transformar la vida de la humanidad, más de tres siglos después. Lo que me permite asegurar, sin mucho temor a equivocarme, que ni Quevedo ni nadie que viviera en el siglo XVII tendrían mucho que decir en su propia época sobre la idea de tomar clases de creación literaria en línea, porque ni siquiera sabrían de qué coño estrían hablando.

¿Por qué? Y esto va para ti, tío sabiondo que comentó con sorna uno de mis vídeos convocando a tomar clases de creación literaria en línea: «¿Clases de creación literaria en línea? ¡Qué diría Quevedo de esto!»