Una y otra vez llegan a mi aula alumnos frustrados y con graves problemas para encontrar el siguiente hecho que permitirá a su historia fluir, de hecho en hecho, hasta alcanzar el desenlace. Suelen llamar a esto bloqueo creativo sin entender en realidad lo sucede. Tienen razón al decir que están bloqueados, porque los bloqueos no son más que estados de inactividad producto de la ignorancia. Cuando se tiene un problema qué resolver y no sabemos cómo enfrentarnos a él, qué hacer, nos sentimos bloqueados, impotentes. Eso mismo pasa a mis alumnos. Pero lo que no terminan te entender es que la razón de su impotencia es la ignorancia. Desconocen casi en su totalidad la historia que pretenden escribir. ¿Cómo escribirla entonces?

Habrás escuchado esa frase que dice que el escritor escribe sobre lo que conoce. Pues bien, para que puedas superar ese bloqueo que te mantiene en la ignorancia, lo que debes hacer es conocer la historia que pretendes escribir: crearla. Y para ello hoy te recomiendo responder a 16 preguntas que te permitirán conocer y luego escribir una historia.

Hace unas semanas mi amigo Borja De Diego, dramaturgo y ahora también locutor de radio en el programa Diálogos comanches, de la emisora sevillana NEO FM me invitó a charlar en su programa sobre mi trabajo como escritor y coach literario, junto a la poetiza Carmen Ramos y el poeta y performer Álvaro Prados (también amigo querido). Conversamos, como no podía ser de otra manera, sobre literatura, letras, poesía, procesos creativos, lecturas, etc. Pasé una tarde amena intercambiando opiniones. Y porque me divertí mucho se las comparto. A través de la entrevista podréis conocer mejor mi personalidad creativa y comprobar que sí, estoy loco. ¡A escuchar!

La tormenta sobrevino mientras Emilio se tomaba una taza de café en el bar de su calle. Su rostro se reflejaba en la ventana con el contorno deformado, debido a las gotas de lluvia en el cristal. Los recuerdos de su hijo invadían sus pensamientos. No paraba de contar las horas que quedaban para volver a estar junto a él. Desde el divorcio solo se habían visto en dos ocasiones. ¡Cuántas ganas tengo de besar tu carita, Francesco!, rumió con los ojos humedecidos.

Ayer comentaba con una de mis alumnas lo trascendente que puede llegar a ser para un autor la escritura de su obra. Me refiero a una trascendencia que nada tiene que ver con el glamour de la presentación de un nuevo libro o con el regocijo de encontrarse publicado en la mesa de novedades de las librerías. Un gaje del oficio del escritor que normalmente no es explorado en los talleres de escritura creativa: escribir tiene el poder real de sanar a quien escribe. Y sobre eso vengo a hablar hoy.