Todos los alumnos que han pasado por mi aula, más temprano que tarde, manifiestan preocuparse porque no tienen aún el hábito de escribir a menudo, lo que va en contra de sus planes y sueños de convertirse en escritores o escritoras. De modo que el ejercicio que te propongo hoy busca que puedas crearte el hábito de escribir. Realiza este ejercicio de escritura y rompe de una vez por todas con esa desidia que te impide ponerte las pilas.

Para que una historia sea buena tiene que ser creíble, o sea, verosímil. Y para que sea verosímil, los hechos de la historia deben sucederse, uno detrás de otro, sujetos bajo una lógica aplastante que produzca la sensación de que eso y no otra cosa es lo que debía suceder, de modo que al conocerla, nos creamos todo. De eso va el ejercicio de hoy, de la lógica que hace de pegamento entre hecho y hecho. Hoy te propongo escribir una historia con lógica causal.

A menudo mis alumnos me dicen cosas como: «se me acaban las palabras», «ya no sé qué más contar», «quisiera poder decir cosas bonitas, pero no sé cómo». Una de las razones por las que me dicen cosas así, es que tienen poca práctica dejando fluir sus ideas para construir imágenes, otra razón es la poca capacidad que tienen para mirar desde su muy particular perspectiva. Existe un ejercicio que busca ayudarte a combatir esos problemas, mejorar tu habilidad para observar y utilizar el lenguaje. Es un reto interesante: describir una naranja en al menos dos páginas.

Dubitativo y hambriento, quienes me conocen saben que ese es mi estado natural. Para mí pensar y comer son dos verbos de suma importancia. Mis pantalones me lo reclaman y mis letras me lo agradecen. Quizá el tercero de esos verbos importantes en mi vida sea leer, lo que justifica que me dedique a la literatura; aunque dormir y formar a nuevos escritores, se pelean por el cuarto lugar en el podio de los verbos de suma importancia en mi vida.

Sea como sea, mis actividades en general están condicionadas por lo que pienso y por la cantidad de hambre que tengo. Y esto es jodido, porque aunque puedo y lo gozo, no debo comer todo el día; y aunque me gusta y no concibo mi vida sin el pensamiento, también es verdad que no pocas veces he sido víctima de mi propia mente atolondrara por los pensamientos que yo mismo produzco. Y sobre eso quiero hablar hoy.

¿Te has preguntado cómo consiguió la sociedad transformar su perspectiva sobre el divorcio y las personas divorciadas? ¿Cómo consiguió cambiar hasta asimilar que el poder ciudadano de una mujer es exactamente el mismo que el de un hombre, permitiéndole votar? ¿Cómo alcanzó a repudiar la esclavitud hasta abolirla? ¿Cómo se permitió comprender que el amor entre personas del mismo sexo merecía el mismo respeto y los mismos derechos que el amor entre personas del sexo opuesto? ¿Podemos señalar, sin miedo a equivocarnos, cuáles son las causas del progreso sociocultural de la humanidad?