Francisco Argüelles-Vivas

Francisco Argüelles-Vivas
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Hace algunos años tuve la curiosidad de escribir historias. Fascinado por los cuentos de Benedetti, Enrique Serna, Eduardo Antonio Parra y Ámparo Davíla me dieron ganas de imitarlos. Traté de hacerlo por mi cuenta, siguiendo “consejos y decálogos para cuentistas”, pidiendo la opinión de amigos ajenos a este oficio. Pero me desanimé. En parte porque no lograba hacer que mis historias funcionaran y también porque no conocía a ningún escritor o alguien que tuviera el mismo interés que yo: escribir. El año pasado las ganas de escribir revivieron otra vez y con más fuerza. Haciendo una búsqueda desesperada sobre talleres de escritura (accesibles y flexibles a mis horarios) tuve la fortuna de encontrar el Taller de Escritura Creativa de Israel Pintor. Hice una prueba de colocación e inmediatamente recibí un diagnóstico y una propuesta de curso para comenzar. Me gustó la seriedad de Israel y el interés que mostró por enseñarme el oficio de escribir. Decidí tomar tres clases de prueba para conocer su método en línea y también para saber si yo tenía el talento necesario para enfrentarme al oficio. Israel me pidió un texto para la primera sesión y yo escribí un intento de cuento. Confieso que tenía miedo y pensaba que mi historia y mi escritura eran basura. Pero Israel me hizo sentir confianza y me trató como un colega. Trabajamos como dos escritores que analizan con rigor la estructura de un texto. Él me explicó las fallas y los aciertos de mi cuento. De pronto me encontré discutiendo sobre la psicología de mis personajes, sus motivos y sus pasiones. ¡Me sentí muy contento al ver que mi historia y sus personajes tenían vida! Y al menos dos seres del planeta tierra, entre los millones que lo habitan, sentían interés por ellos. Al final de la primera sesión me dije “esto es precisamente lo que estaba buscando”. Hace una semana terminé el Coaching literario de doce sesiones. Fue fascinante. Israel me explicó en qué consiste el proceso creativo, cómo hacer que las historias funcionen, qué son los esquemas actanciales, la dramatización en los diágolos, la teoría del cuento clásico y del cuento moderno. También, algo que luego descubrí es muy importante, el uso del sentido común para la evolución de los actos y los personajes en las historias, de modo que sean creíbles y atrapen al lector. En el curso analizamos varios cuentos e Israel me mostró los recursos y las técnicas que usan los grandes autores para hacer que sus historias funcionen. Llegué sin ningún texto al taller y terminé escribiendo cuatro cuentos de corte clásico y uno moderno (pudieron ser más pero eso es sólo responsabilidad mía). También tomé consciencia de que el oficio de la escritura requiere de esfuerzo y dedicación. No sé si ya soy capaz de dar calidad suficiente a mis cuentos, pero sí sé que estoy en el camino de hacerlo tan bien como esos autores a los que tanto admiro. Israel también me hizo ver que entre más lea, escriba y analice, más cerca estaré de conseguirlo. Alguien puede tener un talento innnato, pero este también se desarrolla con empeño, trabajo y algo de guía (creo que esto último es súper importante). Algo que me gustaría destacar es que Israel y su método de enseñanza a través del Coaching literario en línea es muy flexible y muy conveniente para aquellos que, como yo, tienen un horario de trabajo complicado. También para aquellos que sienten que “han llegado muy tarde a la escritura” o que nunca han asistido a un taller literario y tienen temor a la crítica o a los comentarios duros. ¿Volvería a tomar un curso con Israel? No lo dudaría ni por un nanosegundo. Ya está en mis planes. Israel: muchas gracias por el curso, por tu paciencia, tu sencillez, tu respeto a los textos y tu calidez humana. El insomne, Inés y Pablo, mi yo ficticio, Aníbal y Teresa, Ernesto y Oliverio: mis personajes, también te lo agradecen. Un abrazo. Francisco Javier Argüelles Vivas, Ph.D. Postdoctoral Fellow, Petroleum Engineering The University of Texas at Austin.