«A veces pido a mis alumnos que escriban un cuento exclusivamente con diálogos, ya que son éstos, probablemente, lo más complicado cuando de escribir narrativa se trata. Este cuento de Jorge Cuervo es un estupendo ejemplo del buen funcionamiento de los diálogos en prosa, donde las palabras que los personajes dicen, bastan para que el lector se adentro en la historia y la descifre. Entre otros, un gran mérito de este texto es que respeta la tradición del cuento moderno y obliga a lector a construir, a través de sus huecos, la parte de la historia que no está expuesta, pero sí a su alcance.» Israel Pintor.