El anillo

El anillo

Por Jorge Cuervo

«A veces pido a mis alumnos que escriban un cuento exclusivamente con diálogos, ya que son éstos, probablemente, lo más complicado cuando de escribir narrativa se trata. Este cuento que Jorge Cuervo escribió durante su segundo ciclo de Coaching literario es un estupendo ejemplo del buen funcionamiento de los diálogos en prosa, donde las palabras que los personajes dicen, bastan para que el lector se adentre en la historia y la descifre. Entre otros, un gran mérito de este texto es que respeta la tradición del cuento moderno y obliga a lector a construir, a través de sus huecos, la parte de la historia que no está expuesta, pero sí a su alcance.» Israel Pintor.

—¡Enhorabuena, Bil! Dos años sobrio y acaban de declararte inocente, ¿cómo te sientes?

—Dieciocho meses dos semanas y cinco días exactamente. Estoy Bien, Jon, quiero pasar página y comenzar con mi vida otra vez.

—Tengo una magnífica noticia que darte: hoy es tu última visita conmigo. Ya tienes el alta. La vida te sonríe, Bil. ¿Qué vas a hacer ahora? Sabes que el cuerpo te da unos días para que te reincorpores. 

—¡Oh, vaya, Jon! Su-supongo que recogeré mis cosas y me iré a casa. No me lo es-esperaba tan pronto.

—Has sido un buen paciente, la terapia ha funcionado muy bien. Me gustaría que redactaras algo a tu ex novia como un cierre.

—Bi-bien.

—Te he preparado una caja con los enseres personales que te guardamos cuando ingresaste.

—¿De veras?

—¡Bil Baxter: placa y arma reglamentaria! ¡Bienvenido al cuerpo! Ya puedo escuchar los vítores. ¿Estás contento?

—Gra-gracias, Jon. Muchas gracias.

*

—¡¿Bil?! ¡Ya estás aquí?! ¡Qué sorpresa! Creía que todavía te quedaban unos meses.

—Jon ha di-dicho que ya estoy bien.

—¿No me vas a mirar a la cara?

—Soy ino-nocente, madre. Eso ha dicho el juez.

—¡Pues mírame a la cara y dímelo!

—¡Ya no be-bebo, déjeme!

—¡A mí no me hables así! ¡No, después de lo que pasó! ¿Eso que traes en esa caja es sólo el estuche azul de terciopelo o traes mi anillo también?

—Me lo ha en-tre-gado Jon al sa-lir.

—¡Respóndeme!

—Sí, es tu anillo. ¡Perdón madre!

—¡Me lo robaste, Jon!

—Pensé que ella se-sería mi esposa…

—Desde que estuviste en mis entrañas no has hecho otra cosa que darme disgustos. Y encima me traicionaste por una zorra. ¡Una zorra que se largó cuando quemaste la casa conmigo dentro! A tu propia madre. ¡Una zorra que sólo sabe zorrear!

—Ya no be-bebo, madre. Dieciocho meses dos semanas y cinco di-días exactamente.

—¡Abre el estuche, venga, ábrelo! ¡Virgen del Carmen, pensé que no lo volvería a ver! El anillo era de tu bisabuela y luego pasó a tu abuela para después pasar a mí. El bisabuelo lo encontró… 

—…enterrado en los jardines de Versalles. Me-me lo has contado un millón de ve-veces.

—¡También te dije que no se lo debías contar a nadie! ¡Y menos a esa pelandrusca! Aquella golfa te puso veneno en los ojos. ¡Bobo, que siempre fuiste un bobo!

*

—¿Cómo estás, Bil? 

—Dr. Goldman, ¿es usted? Gracias por llamar, no tenía por qué molestarse.

—No es molestia, Bil. Han pasado un par de días y sólo llamaba para saber si todo te estaba yendo bien, ¿todo bien?

—Perfecto, Doctor. Le he hecho caso con aquello que me pidió y ¿sabe?, creo que las piezas en mi cabeza me van encajando.

—Me alegro mucho, Bil. Tienes una nueva vida, ¡aprovéchala!

*

—¿Gabriela? ¿Gabriela, estás ahí? Soy yo, Bil.

—¡¿Bil?! ¿Qué quieres? ¡Márchate, por favor!

—¿Me vas a recibir así?, ¿con la cadena echada? Ábreme, sólo quiero hablar. Ya he salido y estoy bien. ¿Recibiste lo que te envié?, ¿es bonito verdad? Quiero que lo tengas tú, ¿te ha gustado?, ¿has leído mi carta?

—¡No he recibido nada! No deberías venir, no es buena idea, Bil.

—Ábreme, Gabriela, ábreme y hablamos, estoy limpio. Todo va a ser diferente, ¡seguro que te gustó el anillo! ¿No era eso lo que querías?

—Yo… Bil… me acordé de ti… siento mucho lo que pasó, pero…  ¡márchate por favor!

—No llores, Gabriela, ¿por qué lloras? ¡Deberías conocer al Dr. Goldman, me ha salvado la vida, soy otro! Hombres como Jon hay pocos, gracias a él estoy aquí.

—¡Márchate, Bil!

—¡Ábreme, maldita sea!

—No golpees la puerta o llamo a la policía.

—¡Que vengan! No me crees, pero estoy trabajando, hoy es mi primer día, además estoy limpio.

—A todas las unidades, necesitamos un negociador para el edificio Chrysler. Es una urgencia, confirmad ubicación. Corto.

—¿Ves?, ¿lo has oído? Ya estoy trabajando, ¿oyes la radio de mi coche? Es el teniente Bronco. Tengo que contestar. Sigo estando en la brecha y soy muy bueno, tú sabes que soy muy bueno.

—He visto la botella, Bil… No quiero líos… ¿Bil?

—Aquí Bil Baxter, dadme dos minutos, estoy en la cincuenta cuatro con la nueve. Voy para allá. Corto.

*

—Un tipo, arriba, en la esquina de la cornisa, se quiere tirar. Lleva más de una hora y se está poniendo nervioso. Mac le ha querido calmar, pero se ha enfurecido y ha tenido que bajar. Mac, ponle un micro a Bil. Quiero que eches un vistazo con los prismáticos, parece un tipo de treinta y muchos, hispano, bien vestido, no se le ve la cara. Haz que se baje, no quiero pastel de calabaza para almorzar.

—Ok, jefe.

—Oiga, teniente, ¿Bil está completamente recuperado? 

—En el informe del psiquiatra pone apto ¿pasa algo, Mac?

—Al ponerle el micro, en el bolsillo interior de su chaqueta, me ha parecido tocar una petaca.

—¡Joder, Mac, no me jodas!

—Chicos, ¿me oís? He llegado al piso setenta y uno. Estoy en la azotea, todo despejado, me voy a acercar. Por lo que más quiera teniente, recuerde no gritarme por el pinganillo, quiero mucho a mis tímpanos.

—Alto y claro, Bil.

—Ok. ¿Me podéis pasar algún dato más del sujeto? ¿Nombre?

—Tal vez Juanito, como todos.

—¡Hola, amigo! Magníficas vistas, ¿verdad?

—¡No se acerque o me tiro!

—¡Tranquilo! Mira, vamos a hacer una cosa, yo me voy a sentar también en el borde de la cornisa, pero a esta distancia, ¿te parece? Voy a estar lejos, si te quieres tirar no podré impedírtelo, pero podemos hablar, ¿no?

—Me da igual, pero no se acerque. Lo mejor es que acabe con todo cuanto antes.

—Más rápido no es siempre mejor, te lo puedo asegurar, ¿cómo te llamas?

—Frank, en realidad me llamo Francisco. Bueno, las manchas en el asfalto no tienen nombre.

—Soy Bil. Antes me daban miedo las alturas, pero ya no. Esta todo aquí, en el coco. ¿Quieres un cigarrillo, Francisco? 

—No.

—Vamos, coge uno. Si fuera mi último cigarrillo me lo fumaría metiéndome el humo hasta el último rincón de mis jodidos pulmones. ¿No crees que las últimas cosas se deben hacer de otra manera? Anda, toma un cigarro.

—Bueno… De pequeño me gustaban los cigarros que se envuelven con la hoja seca de mazorca.

—¿Eres mexicano, Frank? 

—Así es gringo.

—Vas bien vestido, tus manos no tiemblan… No tienes el mono. Te han roto el corazón, ¿me equivoco?

—¿Tanto se nota?

—Hubo un tiempo, no hace mucho, en que mis ojos se ahogaban como los tuyos, la gente ni se enteró, pero mi corazón perdía sangre con cada latido, a mí no se me ocurrió subir aquí. Me escondí en los bares más oscuros de la ciudad.

—Sigue acercándote Bil. Ten cuidado, cuando creas que te puedes abalanzar sobre él, levanta el brazo derecho y te envío refuerzos.

—¡La vida es pura mierda, Bil!

—Sí. Pero aquí estoy, completamente recuperado. Eso es algo, ¿no? Además, ¡mira lo que tengo aquí!

—¿No que ya estabas recuperado, gringo? ¡Qué hace un rehabilitado con una botella de whisky!

—Llevo meses sin probar una gota, ¡estoy limpio! Es por mi psiquiatra, una prueba, una mierda de loqueros. Tú sí que necesitas un trago ¿no, Frank?

—Me quería casar con ella ¿sabes? ¡Lo tenía todo preparado! Pensé que me quería. Soy un pendejo ¡Iba incluso a matar por ella! Trae acá esa botella, güero.

—No será para tanto…

—La muy pendeja quería darle boleto a su novio. Nomás estaba pendiente de que su doctorcito se pusiera a huevo y se la pasó fingiendo que me amaba. ¡Puras mentiras! Para eso me quería, para matarlo nomás.

—Venga, Frank, no llores, ¿por qué dices que no te quiere?

—¡Porque no soy ningún zonzo! Ayer me llegó a casa. 

—¿Eso qué es?

—Una carta de amor de otro hijo de puta con el que está enrollada y el estuche de un anillo.

—A ver… ¿Ese estuche que llevas en la mano, es de terciopelo azul?

—¿Cómo lo sabes?

—¿Se lo robaste a Gabriela?

—¡Hijo de la chingada! ¿Eres tú?

—¡Trae aquí el anillo, frijolero de mierda! ¡Eres un me-mentiroso! ¡Devuélveme lo que has robado, ladrón!

—¿Qué coño está pasando ahí arriba, Bil? ¡Deja de zarandearle, que os vais a matar!

—¡Suéltame ya pendejo! ¿Qué anillo?

—Bil, cálmate, es una orden, por el amor de Dios. ¡Os vais a matar!

—¡Que me lo devuelvas, te digo! ¿Dónde lo has escondido?

—Aquí el teniente Bronco. Solicito una ambulancia urgente en la esquina de la cincuenta y cuatro con la nueve… un civil y un agente caído… dense prisa.

*

—¿Qué hay de nuevo, agente?

—Poca cosa, capitán. Ha llamado la madre de Bil Baxter… dice que le robaron un anillo muy caro. También ha llamado el Dr. Goldman, pide que pasemos a recoger el cadáver de su novia. Vaya cachondo está hecho el tío, ¿no? ¡Ah! Y el teniente Bronco acaba de pedir una ambulancia.

16 Comentarios

·

Deja un comentario

  1. Me gradaron mucho los diálogos, pero no me ha quedado del todo clara la historia, en los comentarios descubrí que son dos historias y después de releerlo me percaté del «cuadrado» amoroso. Desde mi punto de vista sí es necesario dejar más pistas. Una historia debe ser entendida a la primera, pocos lectores se tomarán el tiempo de releer. Te felicito por tu creatividad y deseo que mi comentario sea de ayuda. Gracias por compartir.

    • A Carver le sucedía lo mismo, los lectores, generalmente perezosos, decían no entenderlo. Hoy es uno de los escritores norteamericanos más influyentes de la narrativa contemporánea, sin duda un clásico del siglo XX. Por cierto, finalmente diste con la historia oculta, lo que es prueba de que el problema no lo tiene el texto. 😉✍🏼

    • Marco, te agradezco mucho tu sincero comentario y lo tendré en cuenta. Entiendo que casi nadie se toma el tiempo de leer un cuento dos veces, de ahí mi duda en ser más explícito en la segunda historia, gracias. Por otra parte también entiendo, que los amantes de los cuentos modernos desean descubrir esa segunda historia por sus medios, como si fuera un rompecabezas, donde ellos caminan solos y eso les produce la satisfacción, aunque ello requiera tres o cuatro lecturas. He aquí el dilema que tengo.
      ¿Y los demás, descubrieron bien la segunda historia o les costó como a Marco? Si todos dicen que les costó, propondré al profe que publiquemos una versión más explícita.

    • Muchas gracias, Oscar, gracias por tu comentario.
      He tenido una conversación con el profe y me gustaría preguntar a todos los que os habéis leído el cuento, si habéis conseguido encontrar las dos historias, me ayudará porque nunca sé si tengo que dejar más pistas en el camino…es un dilema que me persigue.
      Así que, ¿habéis sido capaces de encontrar las dos historias? ¿Debería de dejar alguna pista más?
      Un saludo a todos.

  2. Es estupendo, Jorge. Como ejercicio ya me parece buenísimo, pero es que creo que consigues llevarlo hasta el final como un maestro. Está excelente, y me ayudó mucho a entender varias cosas con las que yo me peleo.
    Enhorabuena.

    • Gracias Ángel, por leerlo y por tu comentario. Siguiendo tu comentario “es el maestro el que me ha hecho llegar hasta el final” ya sabes cómo es Israel. La verdad es que con este ejercicio he aprendido muuucho, ni te imaginas las versiones que hice, las veces que he puesto y quitado escenas, a los personajes les hice de todo, incluso en una versión, a la madre la convertí en un fantasma, todavía puedo oír los gritos del profe,jajaja. ¿Qué he aprendido? Que la historia es lo importante y los personajes deben estar a su servicio.
      En este camino todavía me siento como un hijo que está aprendiendo a montar en bici y al lado corre su padre, empiezo a notar el viento en la cara… pero con ruedines.
      Un saludo.

  3. Muy buena historia trabajada con diálogos. Sin duda, esa es una de las formas más difíciles de pulir en la escritura para conectar con el lector. Lo haz hecho muy bien. ¡Felicidades!

    • !Muchas gracias, Denisse! Gracias por tu comentario y por escribirme una reseña. Me gustaría que me dijerais alguna pero que hayais encontrado

      • lo siento Denisse, continuo, que le he dado al botón sin querer. Decía que me encantaría que me comentaras algún pero que hayas visto, tipo: me he perdido en esta parte, o esta escena me parece pesada o poco creíble, no sé…
        No pasa nada, porque yo la culpa se la voy a echar a Israel, él es el que me ha convertido en un sicario de las descripciones, onomatopeyas y demás raleas, dejándome sólo y desamparado en un páramo de diálogos. No os acerquéis a él, es malo… además en ocasiones… ve monstruos.
        Gracias!!

    • !Muchas gracias, Leandro! Gracias también por molestarte en hacer la reseña, este profe me ha estado despellejando semanas hasta lograr las malditas dos historias del cuento.
      No le he estrangulado por dos cosas: le quiero y porque las clases son virtuales.
      Un abrazo.

Deja un comentario