¿Conoces a Horacio Quiroga? Si eres un letraherido como la mayoría de los tallerícolas suscritos al canal probablemente sí, incluso lo has leído. Pero quizá no conozcas algunos acontecimientos importantes de su vida, que dan origen a sus obras y permiten al autor convertirse, quizá, en el segundo mejor exponerte del cuento moderno, después de Edgar Allan Poe, pero sin duda en uno de sus más importantes representantes. Hoy te cuento parte de su historia y comparto su gran Decálogo del perfecto cuentista.

No pocas veces me ha tocado escuchar, sobre todo a personas que se mantienen distantes al arte y que no comprenden su función, que la lectura de cuentos o novelas es básicamente un entretenimiento y que sirve para evadirse de la realidad.

Cuando he llegado a escucharlo me siento profundamente incomprendido y por eso pienso que es necesario, hoy más que nunca, que estamos rodeados de múltiples formas de consumo de historias, entender para qué sirve leer ficción a través de cuentos y novelas. Porque no, no sólo es una actividad para el entretenimiento y la evasión, que puede ser, pero no sólo es eso. Es más, muchísimo más.

En 2015 propuse a mis alumnos sevillanos más brillantes que hiciéramos juntos una antología, la primera oficial de mi Taller de Escritura Creativa. La idea nos entusiasmó a todos y nos pusimos a trabajar duramente. El libro destaca porque es muestra de la diversidad artística de la gente que ha pasado por mi taller, así como de los estilos y sensibilidades que han tenido algunos de mis alumnos más talentosos. Lleva por título Cada quien su cuento e incluye un texto introductorio, del que soy autor, titulado “Cómo narrar una historia y no morir en el intento” ¿Quieres una copia gratis de la versión electrónica de esta antología?

La tormenta sobrevino mientras Emilio se tomaba una taza de café en el bar de su calle. Su rostro se reflejaba en la ventana con el contorno deformado, debido a las gotas de lluvia en el cristal. Los recuerdos de su hijo invadían sus pensamientos. No paraba de contar las horas que quedaban para volver a estar junto a él. Desde el divorcio solo se habían visto en dos ocasiones. ¡Cuántas ganas tengo de besar tu carita, Francesco!, rumió con los ojos humedecidos.