El soldado Baumann se pregunta qué lugar ocupan los hombres débiles en un mundo como ese. Piensa que quizás lleva demasiado tiempo acostumbrado al sonido del cuerpo desnudo de Amelia Bobensky deslizándose bajo las sábanas. «Puede que no necesite nada más, que además de un tipo débil también sea un conformista», se dice. Al otro lado de la ventana del caserío se intuyen las primeras luces del día bajo una espesa capa de nubes. Ulrich Baumann tiene la sensación de que la bala de aquel francotirador polaco no solo le rozó el hombro, sino que le atravesó la cabeza por nueve sitios diferentes. Recuerda la leyenda de las balas embrujadas y aquellas historias que sus camaradas contaban alrededor de una hoguera durante las noches de guardia…
El cuervo de todos los días
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