Libidinoso, como el embate entre un plátano y unos huevos licuados con leche, vomitados por Aristófanes. Sádico, como el beso de un cuchillo al más sabroso pastel de chocolate rancio. Abusivo, como el empalme copuloso entre una zapatilla y un huarache de regadera, en el cajón de los zapatos viejos. Soberbio, como una pompa de […]