Respira

Mamá:

Estoy impaciente por decirte cosas al oído. Aún no sé ni lo que voy a decir. Me han dado instrucciones. No estoy seguro de poder seguirlas. Me llamará la trabajadora social, me dirá que te tengo al otro lado de la línea, que empiece a hablar. Y hablaré seguro, pero no sé qué palabras saldrán por mi boca. Y si éstas conseguirán darte ánimo y paz.

No tengas prisa, madre mía. Respira tranquila. Déjate ayudar y no te preocupes por nada, aunque esta ha sido una de las instrucciones que me han dado, aunque me han pedido que te asegure que todos estamos bien y que todo irá bien, en realidad no mentimos. Pero nos haces falta, por eso lucha. ¡Vence!

Te he escrito una carta. ¿Te la leerán hoy? Más tarde quizá. Escribí lo que debía, lo que me pidieron, aunque parcialmente es verdad, como la vida misma. Tú sabes a qué me refiero. No hace falta que te lo explique porque siempre nos hemos entendido.

Rezo y pido por ti, por la gente que te rodea y te cuida, para que tengan todos la energía y la fuerza necesaria. Se acerca la hora. En breve hablaré contigo. ¿Qué te diré? ¿Qué tono de voz usaré? Me niego a pensar y a creer que sea la última vez que pueda hablarte al oído, aunque sea a través de mi teléfono móvil. Por eso respira. Que mis palabras torpes te insuflen amor, porque quizá no sepa ahora mismo usar la palabra, pero detrás de cada una de las que sea capaz de pronunciar, te colmaré de amor y de bendiciones. Respira, mami. ¡Es una orden!

Tu pollito.

2 Comentarios

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  1. Amor, mucho amor para el alma que respira conectada, si el beso danza en el aire y un corazón late por ella.
    La orden… no debe ser interrumpida por la pena.

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