Podemos decir que las historias son historias porque plantean un conflicto y lo desarrollan. Si no tienen conflicto los hechos o el conjunto de ellos son sólo anécdotas que dan cuenta de algo: un ambiente, un personaje, lo que éste dice e incluso lo que puede llegar a hacer. Pero todo eso no se convertirá en una historia en términos literarios sin un conflicto, es decir, sin las fuerzas de antagonismo necesarias. Sé que te interesa entender mejor estas fuerzas, porque aunque no entiendas muy bien cómo, sabes que son las que mantienen al lector anclado al texto. ¡Hablemos de antagonismo y de tipos de conflicto!

Hace poco, mi profesor de escritura literaria Jorge Carrión me propuso hacer un ejercicio que voy a compartir contigo. Se trata de un ejercicio que no me había propuesto hacer nunca porque en el fondo siempre he sabido todo lo que en él aterricé. Pero hacerlo me permitió conseguir una perspectiva de mí mismo y de mi trabajo literario, desde sus inicios y hasta la realización y publicación de la más reciente de mi novelas, ya hace unos cuantos años. Me propusieron contar y esquematizar mi mundo literario propio, así como reconocer cuáles han sido mis influencias al escribir. Te lo comparto no sólo para que me conozcas, que también, sino para que te fijes en lo que hice y te propongas hacer lo mismo.

¿Te cuesta creer en ti? ¿Dejas pasar mucho el tiempo sin dedicarte a lo que realmente quieres hacer? ¿Sueles ser muy duro(a) contigo? ¿En en fondo sabes que esa voz saboteadora no es más poderosa que tú, pero aún así dejas que te agobie y la gran mayoría de las veces te incapacite? ¿También a ti te perturba la puta vocecita interior del escritor(a)?