En un lujoso hotel en Jamaica, un joven marinero americano presume de la fiabilidad de su encendedor. Un misterioso hombre de traje blanco y sombrero de paja, con un acento extranjero, propone una apuesta escalofriante: si el encendedor falla, perderá el dedo meñique de su mano izquierda; si no, ganará un Cadillac. Lo que comienza como un juego inocente se convierte en un retorcido enfrentamiento donde la verdadera naturaleza del hombre del sur y sus peligrosos desafíos queda al descubierto. ¿Cuánto está dispuesto a arriesgar alguien por una promesa de gloria?

Yo creía querer una relación perfecta. Creía en el amor eterno. Como quien fue bombardeado desde la infancia por el cine romántico y las telenovelas de cable en los noventa. Antes de saber cómo afeitarme, ya anhelaba una morocha perfecta de cutis impecable y ojos seductores, una madre bien peinada para mis hijos. A eso, sumemos que mis padres, ambos catequistas, seguían casados después de treinta años juntos (y lo siguen al día de hoy). La mayoría de los padres de mis compañeros de curso estaban divorciados. Ambas cosas tendrían que haberme dicho algo sobre las bajas probabilidades de un matrimonio perdurable, pero yo estaba sordo y ciego en mi burbuja. Si mis padres y las parejas de la tele podían, yo también podía. Era lo único que necesitaba saber. […]

Cuando una es chica le llevan de aquí para allá y ni le preguntan nada a una. Como cuando el cumpleaños de la Antonella. Ese cumpleaños fue raro. Partiendo por el hecho de que yo no era amiga de la Antonella, pero igual me llegó invitación […]