Yo creía querer una relación perfecta. Creía en el amor eterno. Como quien fue bombardeado desde la infancia por el cine romántico y las telenovelas de cable en los noventa. Antes de saber cómo afeitarme, ya anhelaba una morocha perfecta de cutis impecable y ojos seductores, una madre bien peinada para mis hijos. A eso, sumemos que mis padres, ambos catequistas, seguían casados después de treinta años juntos (y lo siguen al día de hoy). La mayoría de los padres de mis compañeros de curso estaban divorciados. Ambas cosas tendrían que haberme dicho algo sobre las bajas probabilidades de un matrimonio perdurable, pero yo estaba sordo y ciego en mi burbuja. Si mis padres y las parejas de la tele podían, yo también podía. Era lo único que necesitaba saber. […]

Cuando una es chica le llevan de aquí para allá y ni le preguntan nada a una. Como cuando el cumpleaños de la Antonella. Ese cumpleaños fue raro. Partiendo por el hecho de que yo no era amiga de la Antonella, pero igual me llegó invitación […]

Decidí darle calorcito al otoño con una ronda nueva de preguntas y respuestas. Durante el último directo se respondieron preguntas interesantes que se habían quedado en el caldero. Respondí a todas las preguntas que me hiciste a través del chat de la transmisión en directo. Sacamos partido al encierro y hablamos sobre creación literaria, literatura, libros, etc. ¡Esta vez con un horario que dejó que mucha gente de América se uniera! ¿Te vas a perder el siguiente?