Hoy me ha dado por contarte mi vida, cosa que no hacía desde hace tiempo. Será que salió el sol, será que estoy contento, será que desde septiembre del año pasado no hago otra cosa que trabajar y estudiar. No llevo mal el encierro, estoy acostumbrado a vivir entre las paredes de mi casa: leyendo, escribiendo, impartiendo clases en línea o editando vídeos para YouTube. El caso es trabajar, incluso sin días de descanso. No estoy seguro de lo que quiero decir, quizá no quiero decir nada. Que conste que te advertí. Bueno, sí, espera. Escribo otra novela…

Hace poco, mi profesor de escritura literaria Jorge Carrión me propuso hacer un ejercicio que voy a compartir contigo. Se trata de un ejercicio que no me había propuesto hacer nunca porque en el fondo siempre he sabido todo lo que en él aterricé. Pero hacerlo me permitió conseguir una perspectiva de mí mismo y de mi trabajo literario, desde sus inicios y hasta la realización y publicación de la más reciente de mi novelas, ya hace unos cuantos años. Me propusieron contar y esquematizar mi mundo literario propio, así como reconocer cuáles han sido mis influencias al escribir. Te lo comparto no sólo para que me conozcas, que también, sino para que te fijes en lo que hice y te propongas hacer lo mismo.

Regularmente no me pasa, pero a veces pasa que me siento a leer y la lectura me atrapa. Estoy allí, metidísimo, sintiendo que la vida tiene sentido y de pronto el libro me regala una chispa, un destello de luz, una frase reveladora que me enseña algo sobre mi existencia, el universo, Dios, yo qué sé.

¿Te cuesta creer en ti? ¿Dejas pasar mucho el tiempo sin dedicarte a lo que realmente quieres hacer? ¿Sueles ser muy duro(a) contigo? ¿En en fondo sabes que esa voz saboteadora no es más poderosa que tú, pero aún así dejas que te agobie y la gran mayoría de las veces te incapacite? ¿También a ti te perturba la puta vocecita interior del escritor(a)?