

Nicolás Carrillo Santarelli, colombiano, es profesor de derecho internacional en Cagliari (Italia). Tiene estudios en filosofía y un anhelo de poder escribir literatura, cuya calidez, se dice, es mayor que las frías letras académicas.
Jessica tiene razón, es lindo este lugar. En casa no se ven así las estrellas. Debe ser su falta de industria. Una por otra. Y sí, tienen cierto encanto esas casitas dentro de todo. ¿Es verde esa que se ve a través de la bahía? Pero no, la Turquesa que Jessica me mostró era más interesante. Son recursivos pese a no tener mucho para adornar. Las fachadas de nuestras casas nunca tendrían esos colores. Pero no los necesitamos para alegrarnos la vida. Pobre gente. Ojalá superen sus problemas. Sí, aquí tienen ese no sé qué tropical que no está mal por un par de días. Aunque más sería demasiado.
Hay que andarse con cuidado. Ya van tres las veces en que casi nos roban. Ella se preocupa. La entiendo. No me lo dice, pero siempre voltea con esa mirada que llora aunque no tenga lágrimas. Y acaricia mis manos con esa lentitud que yo jamás podría tener… Afortunadamente tiene quien la proteja. Como cuando miré a aquel tipo que estaba vendiendo flores entre las mesas. Vi el brillo de metal dentro de su canasta. Lo vi mirando los relojes de quienes gastamos nuestros dólares para que la gente de acá pueda tener un salario y una vida digna. Desagradecidos. No puedo descansar. Que descanse ella. Es su forma de agradecerme, acariciándome. Sí. Es eso. Vio que el tipo se alejó cuando supo que lo pillé. Tengo que seguir pendiente; sé que algo pasará hoy. Espera. Descansa. Sí, Jessica es lo máximo. Bueno, no es para menos. ¿Quién más le acolitaría todos sus caprichos? Por eso pasé la tarjeta, porque la entiendo. Pero no es que lo necesitáramos. Que el doctor Raleigh, blá blá blá. No, la verdad es que no la entiendo.
¿De verdad no le duele gastar un dineral? Claro, es muy fácil. Cuando a uno casi no lo matan en el desierto todo es muy fácil… Habría sido más barato y más divertido usar la barbacoa. Invitar a Sm… No, mejor solos. Una cena en el nuevo restaurante. No habríamos pagado todo este sinsentido. Y habría tenido tiempo para construir una casa en el árbol. Se llamará Billy. Siempre quise un Billy. Seguro que el otro mes queda embarazada. Pero bueno. Hay tiempo. Tendré entonces que tomar un segundo trabajo ahora que ya no estoy en el servicio. Ahora que ya serví a la patria. De verdad es que son unos desgraciados. Desagradecidos. Idiotas. ¿Conseguirán fácilmente a alguien que sepa meterse entre esa gente, aguantar el sol inclemente, correr entre las dunas y hablar esa lengua de locos? Smith no es capaz de hacer nada. Vienen.
¡¿Qué es eso?!
Uno, dos. Uno, dos. De nuevo me acaricia. De nuevo esa sonrisa. Ese brillo en sus ojos que no sé qué será. ¿Me miente? ¿Está embarazada? ¿Será que por eso vino? Pero es irresponsable tomar tanto vino. Jessica, joder. Es verdad que le brillan como las estrellas. Podrían convencerme a cualquier cosa. Me convencen a hacer cualquier estupidez. Ella no es quien paga la tarjeta. ¿Por qué sigue acariciándome? ¿Es miedo, pasa algo?
Uno. Dos. Tres. Cuatro, cinco, seis, siete, ocho. Nueve. Diez.
Ahora soplar. Eso es lo que dijo Raleigh, ¿verdad? Con sus preguntas estúpidas. Como si no sintiese honor por la condecoración de la estrella del oriente. Como si no me la hubiese ganado por salvar vidas a miles de millas de casa, para gastarme la vida a otras miles. Entre casuchas de color pastel. Desde donde nos miran y nos envidian. En vez de agradecer. En este hotel les enseñan modales y etiqueta. Conocí al gerente. También es de mi estado. Me explicó cómo entrenan al personal. Como a esa mesera. La verdad lo hace muy bien, le daría una muy buena propina en nuestra ciudad. Jessica no puede molestarse, son miradas inocentes. No tengo culpa de que sea guapa. ¿Por eso me acaricia la mano? No es eso, no la ha mirado. Me fijo en todo, no la ha mirado. ¿Qué mira? Al grupo tocando música allá en el escenario. Espera… ¿Volvió? Está tras el árbol. Joder. No es de acá. No tiene el uniforme de la mesera guapa. Lo sabía. ¿Qué trama? ¿Y si Jessica está embarazada? ¡Mi bebé!
Pero es que a esta mujer se le metió en la cabeza que no puede confiar en mí. ¿Por qué me da un beso, por qué me hace voltear la cara? ¿No ve que tengo que cuidarla, cuidar a Billy, vigilar? Por eso me acaricia, por desconfiada. Lo que me enfurece es que lo doy todo por ella, por la patria. Para que seamos libres. Para que Billy sea libre y no deba tener miedo. Que no deba vigilar a cada instante como yo. Parranda de desagradecidos. ¿Dónde habrán puesto mi estrella, creen que me importa? Al menos vivo para mi familia. Lo daré, lo doy todo por ella. Acaricio también sus manos porque sé que la calma, pero no puedo mirarla. Tengo que vigilar porque ahora se movió del árbol a una mesa. Con su canasta. Muerto un turista acuchillado decía el periódico en el aeropuerto. Yo moriría antes de matar a un inocente. Uno nunca puede estar demasiado seguro ni puede confiar en nadie. Mamá es muy sabia, me lo enseñó muy bien cuando me enviaron. Seguro Smith no tuvo una madre así de sabia. Espera.
¿A dónde se va? Dobló la esquina. Bueno, no sé si crea que voy al baño pero qué me importa. Vamos a ver qué haces hijo de puta. Te veremos yo y la luna que todo lo ve. Como le dije a Raleigh que nos enseñaron en el desierto. Él y sus preguntas de qué viste. ¡Pues campesinos, terroristas, camellos, cabras! Cobra un pastón y estudió años para preguntar semejantes estupideces. ¿Por qué se ve preocupada Jessica? ¡Ah, claro! Están tocando una de nuestras canciones y no estoy con ella. Pero tiene que entender que uno necesita ir al baño. Ni que fuera tantas veces como ella. No es romántico, pero somos humanos. Pobre. Seguro le dijo al grupo que la tocara. Seguro me dirá que ya viene Billy. Siempre quise ese nombre.
¿Y tú, cómo te llamas, malnacido? Sigues caminando a lo largo del bohío del hotel. A ver. ¿Saltaste las vallas, verdad? Mañoso. Uno nunca puede confiar del todo en un ser humano. Me equivoqué contigo, Smith. A ver qué haces desgraciado, cobarde, incapaz de hacer lo correcto, te vi bajo las estrellas. ¿Y tú? Si estás tramando algo no dudaré. Nunca lo he hecho. Sí, Jessica me pidió que no y le prometí que no lo traería, pero aquí está en mi bolsillo. Y quizás no tenga que utilizarlo. Puedo dejarlo inconsciente de un golpe. Por Billy, todo.
Joder, intenta sacar algo de su bolsillo. Seguro me vio. Aquí estás, amiga. Vamos…
Menos mal.
Él sí tenía que orinar. Pero quién sabe. Igual quiere algo raro. Los nervios antes del crimen. Recuerdo cuando el supuesto campesino nos atacó en el batallón. ¿A dónde se fue? ¡Pero si solo parpadeé! Jessica, Billy.
Me abraza cuando me siento. ¿Me abraza? Por supuesto que estoy bien, ¿qué cree? Lo que pasa es que no puedo darme el lujo de perder el tiempo. Si ella quiere, que lo haga. Puede porque estoy. Y me alegro de que otros puedan ser libres. Gracias a gente como nosotros que pueden serlo. Dedicarse a tonterías como el baile y la poesía. Uno, dos. La verdad esta música es buena. Uno, dos. Tiene ritmo. Voy a sacarla a bailar. Me gusta cómo me está mirando. No había sonreído antes esta noche, ¿verdad? Me fascinan sus manos suaves. Hagamos lo que vinimos a hacer, a vivir como dice Raleigh, a disfrutar de esta isla que escogió Jess…
Una nube cubre esa estrella. No. Creo que Jessica no sonríe. O dejó de hacerlo. Sí, como lo temía. Ahí está de nuevo, se asoma. Viene a rastras. Y tiene algo. Brilla. Lo sabía. En la canasta. Hi-jo de pu-ta. ¿De verdad crees que nos vas a robar, a un héroe con la estrella del oriente? Miras a lado y lado. No te servirá. Pero eres hábil desgraciado, justo cuando el guardia da la vuelta. Estás solo a tres mesas de distancia. ¿Llevas un arma en esa canasta, verdad? ¡Que no son rosas! Nadie me oye. ¡No dejen que se acerque! Maldita música. Es mala y no deja que nadie me escuche. Sé que no vendes rosas como los que se ganan la vida a duras penas en esta islita. ¿Cuándo regresamos a la mesa? ¿Por qué se ve así Jessica? Ella tiembla, ¿verdad? Suelta mi mano que acá viene. Ya está junto a nosotros. No quiero bailar otra vez. Pasaríamos junto a él. ¡Que no le hables! ¿Dije eso? ¿Por qué no deja que mueva mi mano? Ni siquiera me acaricia. No importa. Tengo que hacer lo que tengo que hacer. Tu sonrisa es falsa. Es falsa. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cuatro. Cuatro.
Quiere hablarnos. No habla americano. No lo habla bien. Esta gente no sabe hablar. O sí, es pura distracción. Pero no contabas con que intentarías robar a un héroe de la estrella del oriente. Como esos supuestos campesinos que se nos acercaron con las manos levantadas. ¡Dispara! Dijo el teniente, y yo saco mi talismán del bolsillo y entonces David Smith lo baja con sus manos y dice, mi teniente, no hay certeza. George, no lo hagas. Pero tengo que hacerlo. Hablaba del código, de que si son civiles, pero se acercaban. Se acercan, mi teniente, dé la orden. ¡Ya le dije, Smith! ¡Dispare! Y yo lo hago. Y David me dice qué has hecho, qué has hecho y el teniente le da un bofetón y a los meses lo despiden y Jessica por qué está en el suelo y el teniente le dice a un cabo lléveselos, tenían una bomba bajo el abrigo que yo no vi pero ahí estaba y todos habrían muerto y entonces fui un héroe, pero Raleigh dice que si sé lo que hice y lo sé soy un héroe soy un héroe, ¿por qué gritan? ¡No griten! Soy un héroe. ¡Bailen! Soy un héroe. No lo saben, no lo saben los campesinos y no lo saben, ¿por qué no veo el baile? ¿Por qué gritan, por qué gritan? David grita. Jessica grita. El campesino con la cara del hombre de traje blanco no grita. Siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, tres, ya no hay nubes, ya no hay nubes, dos, uno, una, ¡UNA ESTRELLA, UNA ESTRELLA!
Cuando la mente de un personaje se fractura bajo el peso del trauma, la elección de la perspectiva deja de ser un mero recurso técnico para convertirse en el núcleo del relato. Este cuento, escrito por mi alumno Nicolás Carrillo durante su paso por el programa Tipos de narrador, demuestra cómo un flujo de conciencia asfixiante puede sumergirnos en la paranoia y el estrés postraumático sin necesidad de dar demasiadas explicaciones. Si sientes que tus historias tienen voces complejas que exigen ser estructuradas con rigor desde sus cimientos, este es el lugar para darles forma.
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Tipos de narrador: clases 1 a 1390.00€
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