¿Qué es la escritura creativa? ¿Cómo diferenciarla del resto de formas de escritura?

¿Qué es la escritura creativa? ¿Cómo diferenciarla del resto de formas de escritura?
¿Te gusta?

Esto parece el colmo del profesor de escritura creativa. Pero lo voy a hacer porque, aunque no te lo creas, sigue habiendo muchas personas que no comprenden aún lo que es la escritura creativa. Hay quienes me contactan pensando que un taller de escritura creativa es un sitio donde se aprende a escribir sin faltas de ortografía y se puede mejorar la redacción y, sí, también se puede hacer eso, pero no sólo eso. Y hay quienes, al ignorar lo que es, no saben siquiera que ésta es precisamente la escritura que quieren realizar. Así que hoy intentaré definir la escritura creativa.

¿Aún no sabes qué diferencia hay entre la escritura creativa y el resto de tipos de escritura? Yo te lo explico todo, con lujo de detalles.

La Wikipedia, que, lo queramos o no, es el nuevo oráculo del mundo, dice que la escritura creativa es aquella, de ficción o no, que desborda los límites de la escritura profesional, periodística, académica y técnica.

O sea, que lo primero que debemos entender cuando hablamos de escritura creativa, es que se trata de todas esas formas de escritura que no son periodismo, ensayos académicos, técnicos, manuales de instrucciones especializados o textos informativos de corte profesional o empresarial, como memorandos, actas, expedientes, etc. Cuando hablamos de escritura creativa, entonces, nos referimos a textos que se ocupan de comunicar de otra manera. Porque si algo hace coincidir todo tipo de escritura, es precisamente que tiene una finalidad esencialmente comunicativa.

La escritura creativa es el campo usual de los creadores literarios, territorio en el que nacen obras artísticas cuya diferencia sustancial ante el resto de escritos posibles, es que se ocupan de la construcción de universos, personajes, de la argumentación de discursos y la exposición de ideas de forma estética. O sea, que se ocupan no solo de decir, sino que además buscan decir de una manera extraordinaria, bella, para lo que se valen de la retórica y la técnica de un oficio que se ha ido reconociendo así mismo a lo largo del siglo XX, gracias al trabajo de múltiples pensadores, escritores y académicos.

Hace un año, más o menos, mientras realizaba una de esas exploraciones en Amazon que ahora se han convertido en mi nueva forma de conocer libros, me encontré con un título que llamó mi atención de inmediato: Escritura no-creativa. Gestionando el lenguaje en la era digital, escrito por el newyorquino Kenneth Goldsmith. Antes de este libro no conocía al autor, gracias a él supe que Goldsmith es un pro de la poesía y el ensayo, que  imparte seminarios de creación literaria en múltiples universidades del mundo y que se especializa en el fenómeno de la transformación del lenguaje en el ámbito digital, lo que lo ha llevado a ser algo así como un performer de la creación literaria. Su trabajo ha resultado tan interesante y estimulante, no solo en el ámbito literario, que la Casa Blanca, en tiempos de Obama, lo invitó a realizar lecturas.

Irónicamente, este libro que lleva por título Escritura no-creativa, me ha permitido acercarme a una definición un poco más específica de la escritura creativa por contraste. Parafraseo las ideas expuestas por Reinaldo Laddaga, prologuista de la obra. Podemos entender por escritura creativa lo siguiente:

Escritura creativa es donde habitan los creadores literarios y la multitud de programas académicos que son el acceso, para infinidad de estudiantes, a lo que esperan que sea una profesión. La consigna usual que los aspirantes reciben en estos programas es que deben concentrarse en articular poemas, narraciones, ensayos y memorias (escritos en un estilo cada vez individual pero suficientemente bien socializado) en el que plasmen la singularidad de la propia experiencia, que debiera ser la experiencia de alguien que posee una biografía extraordinaria en alguno de sus aspectos, pero en última instancia inteligible. 

La escritura creativa, como la disciplina que supone al mismo tiempo la adquisición de medios técnicos y una observación de sí mismo destinada a la adquisición de materiales temáticos, está apoyada en creencias determinadas sobre qué literatura es deseable y qué clase de criatura es un escritor.

Esto último es particularmente interesante, pues no podemos decir que el sistema de creencias sea igual en todos los lugares del mundo, pero siguiendo la lógica de esta definición, podemos entender que la comprensión de lo que es un escritor y lo que es la literatura deseable, depende de las cualidades o características específicas del sistema de creencias desde el que se definen. Lo que habla de la subjetividad de la belleza del arte literario y de la comprensión de la figura del escritor.

Al comprender la escritura creativa como una disciplina, es decir, como una rama del saber humano con objeto y método de estudio propios, podemos decir que es un tipo de escritura susceptible de ser enseñada y estudiada, que es en realidad lo que siempre se ha hecho, aunque de formas más bien extra-académicas hasta antes del desarrollo teórico y técnico de la disciplina a lo largo del siglo XX.

Algo que a mí me gustaría acotar con respecto a la compresión de esta disciplina es que, a pesar de su primera definición (aquella que la desmarca de los textos periodísticos, profesionales, técnicos o académicos), la escritura creativa puede también trasgredir las fronteras de todos esos tipos de escritura no-creativa, pues la escritura creativa, que hace gala de lo estético o lo bello, y que lo emplea como estrategia de comunicación, puede también utilizarse en aquellas formas de escritura que son a priori no-creativas: en grados prudentes o niveles prudentes de transgresión, que permiten guardar las formas propias en los textos de escritura no-creativa y al mismo tiempo aprovechan los efectos estéticos y la estrategia comunicativa propia de los textos de la escritura creativa. 

Un ejemplo claro de ello y quizá el más tolerante de todos cuando hablamos de transgresión, es quizá el nuevo periodismo, que se vale de los recursos propios de la retórica y la narrativa para dar cuenta de los hechos con objetividad y belleza, simultáneamente, sin romper las normas propias del ejercicio periodístico y valiéndose al mismo tiempo de recursos estéticos propios de la creación literaria. Cualquiera que haya estudiado comunicación o periodismo ha leído obras de Tom Wolfe, Truman Capote, Ryszard Kapuściński, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, grandes representantes del nuevo periodismo en el mundo, un tipo de periodismo que es en sí mismo un género literario y que, en opinión de mi querido Maestro y amigo, el escritor mexicano fallecido en 2016, René Avilés Fabila: es un género que supera a los literarios, en particular a la novela, a la que intentó sepultar en sus inicios.

René Avilés Fabila dedicó buena parte de su carrera al ejercicio activo del periodismo y la literatura. Y es, sin duda, uno de los escritores de la segunda mitad del siglo XX que más se ocupó de la reflexión en torno a este tema. Publicó un libro breve titulado La incómoda frontera entre el periodismo y la literatura, bajo el sello de la UAM, mi alma mater. 

En este libro reúne breves entrevistas de grandes escritores que, como él, ejercían el periodismo y la literatura, a veces de manera simultánea y siempre transgrediendo sus formas. En el prólogo de ese libro, René dijo:

“Novelar un conflicto grave no es algo privativo de nuestra época y de Ernest Hemingway, Truman Capote y Gabriel García Márquez, es algo casi natural en los escritores, siempre a la búsqueda de temas para sus libros, novelas o cuentos.”

Así mismo, con la intención de ampliar la comprensión del modo en que la literatura y sus principios estéticos ha alcanzado y transgredido otros tipos de escritura, dijo:

“Vale decir que en estos tiempos en el que el arte ha sido, de muchas maneras, desacralizado, no existe ningún empacho en leer obras del campo de las ciencias sociales, históricas o antropológicas, como si se tratase de libros literarios.”

Citando obras como México insurgente, de John Reed, Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis o Juan Pérez Jolote de Ricardo Pozas, ésta última, una investigación científica que, por sus méritos literarios también es admirada como una especie de gran novela realista.

Con esto quiero decir, que al adentrarse en el estudio y práctica de la escritura creativa, se adquieren habilidades estéticas, cognitivas y expositivas que son igualmente aprovechables al escribir textos que han sido considerados por la tradición como no-creativos, en muchos y muy variados ámbitos de desarrollo intelectual humano. De modo que el alcance y las posibilidades que tiene el estudio y práctica de la escritura creativa, no se limita a la ejecución de textos tradicionalmente comprendidos dentro del campo, como las novelas, los cuentos, las obras de teatro, etc.

Ahora quisiera dar respuesta a algunas de las preguntas más recurrentes entre quienes me consultan o se acercan a mí buscando comprender la escritura creativa:

¿Qué consigue la persona que escribe creativamente?

Yo pondría en primer lugar la necesidad de expresión que hay detrás de todo el que escribe creativamente. Así que lo primero que se me ocurre es decir que un escritor que escribe de este modo consigue libertad absoluta para decir lo que sea que tenga que decir, utilizando los recursos estéticos que mejor se adapten para hacer eficiente la transmisión de su mensaje y que mejor sirvan para transformarlo en una obra digna de admiración. A diferencia de otras formas de escritura, la literaria ofrece al autor un territorio completamente libre de censura o condicionamientos, más allá de las formas propias de los géneros literarios.

¿Para qué sirve? 

Escribir es una habilidad intrínseca a la naturaleza humana, una habilidad que no tienen otras especies de este planeta. Para entendernos unos con otros, las personas escribimos. Y lo hacemos a diario, de manera informal, a través del correo electrónico o los mensajes de WhatsApp, pero generalmente no pensamos en la escritura como una herramienta de comunicación, sencillamente porque forma parte de nuestras vidas con tanta naturalidad que llegamos al grado de despreocuparnos por completo de utilizarla correctamente, lo que produce mutaciones del lenguaje y su uso, oral y escrito, a lo largo del tiempo.

En general, escribir creativamente sirve a todos para mejorar su capacidad comunicativa oral y escrita. Ayuda a desarrollar la creatividad, que es también una habilidad natural y que, por desgracia, vamos perdiendo conforme nos hacemos mayores (gracias, en gran parte, al sistema educativo). También estimula la capacidad de concentración, aumenta la memoria, dota de recursos para el trabajo en equipo, mejora la comprensión y enseña al individuo a ejercitar el sentido crítico y el desarrollo de su inteligencia a través del sentido del humor.

Como puedes ver, la escritura creativa es un estuche de monerías.

¿Cómo se estudia y se practica?

Es necesario dedicar un tiempo al aprendizaje teórico y técnico; y otro tiempo a la práctica de lo aprendido. Esta disciplina se centra en la aplicación de una serie de conocimientos de carácter teórico y técnico al ejercicio de escribir, de modo que para escribir creativamente, no bata con quedarse en la teoría, hay que practicar.

Es la práctica, realmente, el método a través del que se adquiere el oficio y se comprenden en plenitud los conocimientos teóricos y técnicos. Las prácticas del aprendiz consisten generalmente en juegos, ejercicios de escritura individual, charlas, debates y lecturas. De entre todas estas actividades de carácter práctico, yo hago énfasis en las prácticas de escritura individual y la lectura, pero todas son motores de la creación literaria, porque sin debates, charlas o juegos, el escritor puede fácilmente ensimismarse y entrar en un estado conocido como el bloqueo creativo.

¿Quién debería practicarla o quién la practica?

La mayoría de las personas que se acercan al aprendizaje y práctica de la escritura creativa son escritores de vocación que quieren ejercer profesionalmente, es decir, que quieren aprender a escribir libros (novelas, ensayos, cuentos, etc.), porque aspiran a dedicarse a ello de manera profesional. 

Pero no sólo las personas con una vocación literaria pueden y deben escribir creativamente, esta es una disciplina recomendada para todo tipo de público, debido a sus beneficios. 

Me atrevo ahora a sugerir algunos tipos de personas a los que puede convenir la práctica y el estudio de la escritura creativa, más allá del perfil del literato vocacional:

a) A estudiante de nivel medio y superior que necesita realizar ejercicios frecuentes de escritura académica, pues incrementa su capacidad de organizar mejor sus ideas para exponerla de un modo más efectivo y atractivo.

No han sido pocos los alumnos que me buscan para solicitar ayuda, tutoría y orientación para escribir sus trabajos de fin de carrera, de máster o incluso al escribir la tesis doctoral. Así mismo, muchos alumnos de instituto siguen exponiéndome sus dudas cuando tienen que escribir un ensayo para cualquier a de sus clases. Sigue costando mucho entender qué eso eso de escribir un texto para la clase en el que yo tenga que exponer una serie de ideas que ponen de manifiesto mi perspectiva personal sobre el tema tratado. Casi nunca se nos enseña a escribir de esta manera, más bien estamos acostumbrados a los resúmenes y los mapas metales, sin poner en práctica nuestro sentido crítico.

b) A profesionales de cualquier ámbito que necesitan crear documentos (generalmente ensayos) para compartir sus conocimientos en la materia que dominan.

Por ejemplo: un nutriólogo que quiera compartir con sus pacientes un método saludable y efectivo para ganar masa muscular, perder peso o curar padecimientos. Sin ir más lejos, hace un tiempo se puse en contacto conmigo un instructor de kárate, sí, ¡kárate! No es recurrente asociar a un instructor de kárate con la escritura creativa, ¿verdad? Pues resulta que el hombre llevaba años cargando con la necesidad de convertir su método de enseñanza del arte marcial en un libro, pues sus alumnos no dejaban de pedírselo, ya que valoraban altamente sus clases. Así como él, un profesional de cualquier área, podría acercarse a la escritura creativa para aprender a convertir su dominio de la profesión en un cúmulo de conocimientos fácilmente transmitidles a través de la teoría y la experiencia profesional.

c) A personas, generalmente mayores (aunque también las hay muy jóvenes y cada vez más), que necesitan contar su propia historia porque encuentran en ella la virtud de dar ejemplo a otros para enfrentarse a una situación específica de la vida.

Por ejemplo: uno de mis alumnos, Agustín López-Raya, de quien ya les he hablado en alguna ocasión, escribió una novela basada en su propia experiencia de vida. Hace unos años tuvo que enfrentarse a una insuficiencia renal que le obligó a trasplantarse un riñón. Esa experiencia lo marcó para siempre y le llevó a comprender muchos aspectos de la vida a nivel personal y familiar, más allá de la problemática de salud a la que se enfrentó. Su novela, El atardecer sin mí, es una aventura muy emocionante, la verdad. ✍🏼

Deja un comentario

Deja un comentario