Escritura automática

Ejercicio de escritura 2

Recientemente, comprobé la eficacia de este ejercicio de escritura con uno de mis alumnos. Uno de los principales problemas a los que suelen enfrentarse mis alumnos es a la rigidez de su prosa, que suele acompañarse por periodos de bloqueo creativo. Escriben bajo la presión de “hacerlo bien”, intentando controlarlo todo y cumplir con las reglas que van aprendiendo mientras se forman como escritores profesionales, lo que tiene como consecuencia una escritura gris, carente de pasión, de estilo propio y a veces también de calidad suficiente. ¿Te pasa esto mismo? ¿La textura de tu prosa es áspera y su sabor insípido? Quiero proponerte un ejercicio de escritura automática que te ayudará a explorar tus registros y a encontrar una salida a estos escollos.

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¿Has terminado la escritura de tu ejercicio? Ahora estás listo para enfrentarte a la revisión y corrección de tu ejercicio, tal como hacen los escritores profesionales. ¡Adelante!

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Hoy conocemos la escritura automática y nos beneficiamos de su práctica gracias al trabajo del escritor André Bretón, cabeza del movimiento surrealista de principios de siglo XX. Bretón, a su vez, se inspira en los experimentos que Sigmund Freud realizó. Ambos utilizan la escritura automática como mecanismo de liberación del subconsciente.

La escritura automática o el fluir de la consciencia es el proceso y resultado de la escritura inconsciente de quien escribe. Consiste en escribir dejando que los pensamientos fluyan libremente, sin condiciones de ningún tipo. Freud y Bretón hablaron de ella como un ejercicio que debía realizarse en estado de trance, puesto que las palabras debían provenir de la capa subyacente a la consciencia. Ahora sabemos que el estado de trance al que hacían referencia puede comprenderse como un estado intermitente, no permanente, un estado que permite en efecto el flujo de la consciencia, digámoslo de este modo: desde la profundidad de nuestra mente, siempre en relación con nuestras emociones, y hasta la superficie de la página en blanco. Un proceso de revelación de la consciencia. 

El objetivo original de este tipo de escritura fue vencer la censura que ejercemos sobre el inconsciente. Pues, cuando las personas creamos de manera programada y con sentido, inevitablemente censuramos el inconsciente y realizamos el ejercicio creativo con consciencia plena: restrictiva, sujeta a una serie de condicionamientos que pueden tener naturaleza diversa: morales, sociales, emocionales, incluso formales en términos literarios, gramaticales o sintácticos.

Hoy día sigue usándose este tipo de escritura con unos fines similares al de su origen, pero ya que se conoce su efecto y según el contexto en que se realice el ejercicio, se pueden ajustar los objetivos y las normas que condicionan la práctica. Lo que quiero hacer ahora para que la usemos a favor, de camino al encuentro con nuestro estilo personal.

A través de la escritura automática conseguimos que nuestro yo poético o narrativo se manifieste en completa libertad, lejos de cualquier tipo de represión, dejando salir a la luz un estilo propio cargado de emociones, pasión, energía y discurso. Una voz más cercana a nuestro yo más auténtico y natural, un yo que inevitablemente produce un efecto de atracción para quienes se enfrentan a él.

Tengo un alumno en Barcelona que escribe su primera novela. Tiene talento, es disciplinado y tiene una gran pasión por lo que hace. Pero como pasa a todos los que escribimos una obra por primera vez, le pasa que su prosa es a veces monocromo, insípida, plana. Abundan las descripciones, las imágenes retóricas que evidencian las ganas del autor por hacer literatura. Escasean los pensamientos, las perspectivas obviamente personales de aquello sobre lo que se habla. Esto produce que el texto tenga una calidad aceptable, pero no tiene la capacidad de seducir al lector, invitándole a penetrar en la historia con la naturalidad, la pasión y la intriga necesarias para leer con avidez. 

Es importante decir que la novela de mi alumno está siendo escrita en primera persona por un personaje cuyas cualidades y conflictos son reflejo de las cualidades y los conflictos del propio autor. De ahí que un ejercicio como este le ha sido de gran ayuda, aún más si cabe, aunque realizarlo igualmente será de gran ayuda a cualquiera, sin importar o no que la obra en la que se encuentre trabajando sea como la de mi alumno. 

El caso es que, al realizar el ejercicio, mi alumno consiguió acercarse a una voz narrativa llena de vida, de humor, de calidez. Su prosa, en apenas unas cuantas páginas, irradiaba pasión. La sensación que me produjo ese texto, a diferencia del que me produjeron sus primeros acercamientos a la novela, fue de absoluto interés y atracción. Me ayudó a sentir empatía y curiosidad. Efectos que todo buen autor debería producir en sus obras.

Así que, si al escribir detectas que estás teniendo problemas similares a estos. O si deseas sencillamente descubrir cómo puede ser tu voz narrativa libre de limitaciones, te invito a realizar el siguiente ejercicio, cumpliendo con unas cuantas instrucciones. Los objetivos del ejercicio son varios:

1) que consigas escribir en completa libertad para descubrir cómo puede ser tu voz narrativa a rienda suelta y qué tanto del resultado podrías o deberías seguir haciendo cuando no escribes ya de manera automática;

2) que consigas desbloquearte si te encuentras en un periodo de bloqueo creativo. A veces, cuando no conseguimos lo que nos proponemos, nos dejamos oprimir por las emociones y la frustración, llevándonos a vivir estados de sequía creativa que pueden ser todavía más frustrantes. En esos casos lo mejor y a veces la única alternativa posible es forzar la maquinaria. Podemos no tener inspiración, podemos no saber el rumbo que deberíamos seguir para escribir esa obra en la que estamos enfrascados, pero lo que realmente nunca se escapa de nuestro alcance es poder escribir, de lo que sea, como sea, bajo cualquier criterio o circunstancia. Escribir de manera automática te permitirá mantener activa tu mente y quizá mientras lo haces la inspiración te visitará. Y siempre será mejor que te pille escribiendo, para que no la dejes escapar;

3) que consigas confrontar tus conflictos personales. La escritura automática nos da acceso al inconsciente. Nos permite iluminar aquellas zonas de nuestra mente y corazón que se mantienen normalmente entre tinieblas y a oscuras. Quitándonos las riendas y saliendo a correr sin rumbo sobre la superficie de la pátina en blanco, estaremos dándonos autorización para dejar salir aquello que mantenemos regularmente guardado. Y el simple hecho de sacarlo y verlo a la cara, puede convertirse en el comienzo de la resolución a un conflicto que llevamos cargando hace tiempo.

Sea cual sea el objetivo principal que te lleve a realizar esta práctica de escritura, estarás, sin querer, alcanzando todos los objetivos por igual. Estas son, pues, las instrucciones para realizar la práctica de escritura automática:

  1. Busca un momento y un espacio en el que te puedas dedicar exclusivamente y sin interrupciones a la realización de la práctica. Las condiciones pueden ser las que te convengan más, pero suele ayudar mucho escribir en un sitio silencioso. No importa cuánto tiempo dediques al ejercicio, lo verdaderamente importante es que evites cualquier tipo de interrupción. Es importante que sepas que, entre más tiempo dediques a él, mejores resultados obtendrás, conseguirás profundizar más en tu subconsciente.
  2. No pienses, escribe. Una vez te predispongas ante la página en blanco, simplemente déjate llevar por la primera idea que atraviese tu mente. No te preocupes por nada, ahora mismo no importa si escribes bien o escribes mal. Lo único que importa es que escribas sin detenerte.
  3. No te dejes intimidar por tu yo pesimista y criminal que podría empezarte a preguntar por qué estás perdiendo el tiempo con esto. Ignóralo. Este no es un buen momento para darle vida.
  4. Procura superar los tres o cuatro folios, si escribes menos es difícil que consigas obtener resultados reveladores. Las primeras páginas siempre son las más acartonadas y difíciles. Estarás luchando contra ti mismo hasta que por fin consigas vencerte y fluir. Una vez que sientas que has superado esa etapa, corre tanto como seas capaz, escribe hasta que tu energía vital se agote o se acabe el tiempo que habías contemplado para hacer el ejercicio.

Y ya está, cuando termines de escribir, siéntete orgulloso porque has conseguido realizar una práctica difícil. Deja reposar el texto unos días, quizá una semana. Vuelve a leerlo y déjate sorprender. Este sí será un buen momento para invitar a cotillear a tu yo pesimista y corrector. Pero invítalo con ánimo constructivo, nunca dejes que su impulso destructivo acabe con tus ganas de dominar el oficio. Corrige tanto como seas capaz tú solo. Y cuando estés listo me gustará encontrarme contigo en línea para hacer una revisión profesional.