Con este directo estrené una dinámica de interacción que llevaba preparando un tiempo. Me ilusionó mucho y creo que fue sólo el comienzo de una nueva etapa en mi canal en la que las emisiones en directo cobrarán importancia. Me encanta conocerte y trabajar directamente contigo, ayudarte a conocer el oficio literario y darte algún empujón de ánimo. No te lo pierdas, porque se dio respuesta a una buena cantidad de preguntas muy interesantes sobre la creación literaria.

¿Escribes y todas tus palabras parecen haber sido escritas por el autor o autora que estás leyendo? ¿Se te cuelan las voces, los ritmos, los temas y estilos de los escritores y escritoras que te gustan, admiras, incluso sin pretenderlo? ¿Crees que para evitar su influencia deberías renunciar a ellos? ¿Deberías leerlos si lo que te propones es escribir una obra propia y original a través de la que los lectores te puedan identificar a ti y no a ellos? ¡Ha llegado la hora de que aprendas cómo no ahogarte entre influencias y referentes!

La primera vez que leí a Charles Bukowski yo era once años más joven, o sea, no hace tanto. Y me dejó encantado, porque el imaginario de este borrachín incorregible me pareció igual de sabroso que el de de autores como Sade o Apollinaire. Lo que me gustó de Bukowski fue su capacidad para contar la vida desde los márgenes y la incomprensión, con una crudeza y naturalidad propia del insurgente que bombardea el sistema desde su casa y con una una botella en la mano. Si hay algo que puede decirse de este escritor es que tenía la enfermedad de escribir.

En esta clase mi alumno me presentó un texto en el que el conflicto estaba más o menos bien planteado, pero mal desarrollado. Hablé con él sobre la estrategia que usó para generar intriga, lo que nos llevó a reflexionar en la forma en que construyó su conflicto y la forma en que los conflictos deberían crearse para producir en el lector la intriga natural de un buen relato, así terminamos charlando sobre Lalaland, su conflicto y la forma en que este gran musical trabaja la intriga.

Algunas veces mis alumnos destacados consiguen deslumbrarme con sus textos. En esas ocasiones hago lo que todo buen profesor debería: felicitarles por sus grandes progresos y lo bien que me lo hicieron pasar leyéndoles. Una de las satisfacciones más grandes que encuentro impartiendo clases es precisamente ésta: ser testigo del crecimiento, del progreso que mis alumnos experimentan a lo largo del tiempo. Eso sí, que nunca falte la crítica constructiva. Porque yo podré felicitarte un montón, pero difícilmente dejaré de decirte qué podrías hacer para llevar tu texto al siguiente nivel.