✒️ Roberto Bolaño: consejos sobre el arte de escribir cuentos

Roberto Bolaño se ha convertido en el primer escritor latinoamericano en internacionalizarse después del Boom, un fenómeno extraño en el mercado editorial iberoamericano que estableció las bases de un modelo emergente de creador cosmopolita que se consolidó durante las primeras dos décadas de este siglo XXI. Hoy Bolaño es, sin duda, uno de los cuentistas hispanos más importantes de la literatura contemporánea, título que se ha ganado con los muchos y buenos cuentos que escribió a lo largo de su vida. Llegado al punto en el que se sintió capacitado, decidió escribir su propio dodecágono para cuentistas, en la tradición que probablemente inauguró Quiroga. ¿Quieres conocer los consejos que Bolaño dejó sobre el arte de escribir cuentos?

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Vida y obra

Bolaño nació en Santiago de Chile en 1953. Pasó la mayor parte de infancia en Chile, hasta que se mudó con su familia a Ciudad de México. Allí, a los quince años de edad, decidió dejar la secundaria y dedicarse a leer y a formarse de manera autodidacta para convertirse en escritor. Es envidiable el tesón y la claridad que demostró tener con apenas quince añitos, ¿no te parece?

Trabajó un tiempo como articulista para diferentes medios, pero sobre todo realizó múltiples trabajos temporales, que nada tenían que ver con la literatura, pero le permitían sobrevivir sin renunciar a la lectura y a la escritura.

A los veinte años volvió a Chile para incorporarse a la resistencia que luchaba contra Pinochet, pero fue arrestado. Tras ocho días en la cárcel fue liberado gracias a la intercesión de dos detectives que eran ex compañeros del colegio. Atemorizado volvió a México y decidió dedicarse de lleno a la literatura.

Fundó, junto a un grupo de poetas mexicanos, un movimiento denominado infrarrealistas, de corte anárquico y contracultural. Publicaron un poemario juntos: Poetas infrarrealistas mexicanos, sin embargo, la experiencia no complació del todo a Bolaño y decidió partir a El Salvador y luego viajar por Europa, viaje que lo llevó a querer instalarse en España.

Lo pasó fatal. Era un inmigrante ilegal, estaba solo y no tenía dinero. Trabajó en negro como lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos y vendimiador, hasta que empezó a ganarse la vida a través de los certámenes literarios en los que podía participar.

Se mudó a Blanes, Girona, después de conocer a la mujer con la que luego se casaría. En Girona centró sus esfuerzos literarios en la narrativa. En 1998 ganó el Premio Herradle de novela y el Premio Internacional Rómulo Gallegos con Los detectives salvajes, la que es probablemente su más famosa obra.

En 1993 fue diagnosticado de una enfermedad hepática que se fue agravando con los años, lo que obsesionó a Bolaño con dejar un legado literario que lo hiciera trascender. Consagró sus últimos años de vida a escribir 2666, novela que se publicó de manera póstuma y lo consagró.

Sus cuentos completos han sido publicados por diferentes editoriales, a mí me gusta la que Vintage en Español publicó en 2018, porque incluye El secreto del mal (sus cuentos póstumos, pero el dodecálogo sobre el arte de escribir cuentos de Bolaño se publicó en la edición de Anagrama en 2010, en la que se incluyen los libros: Llamadas telefónicas, Putas asesinas y El gaucho insufrible.

Consejos sobre el arte de escribir cuentos, Roberto Bolaño

El dodecálogo de Bolaño empieza haciendo gala de su muy irónico y genial sentido del humor, diciendo:

Como ya tengo cuarenta y cuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 

Y sin más se arranca con la lista, que voy a compartir contigo ahora:

1

Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2

Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince.

3

Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía.

4

Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 

5

Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6

Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7

Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 

8

Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9

La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10

Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11

Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Pseudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, y cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías.

12

Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Conclusión

Con este último consejo me partí la caja de risa. Todos sabemos que Chéjov es decimonónico y, sin embargo, Bolaño compara a Carver, del siglo vente, con él, asegurando que uno de los dos es el mejor autor del siglo XX, sin decir a cuál de los dos se refiere. 

Creo que la razón es la siguiente: si has leído a Carver te habrás dado cuenta de la mucha influencia que tuvo de Chéjov, así como de lo grandiosa que es su cuentística. A su vez, Carver ha sido influencia para muchos autores posteriores a él, como lo fue Chéjov. Pero es que Chéjov es el escritor que más influenció a la inmensa mayoría de los narradores norteamericanos del siglo XX y, muy a pesar de que se trata de un ruso nacido en el siglo XIX, sus cuentos siguen siendo igual de geniales y contemporáneos durante siglo XX, y me atrevería a decir que, incluso hasta hoy. 

Lo que me gusta del dodecálogo de Bolaño son, sobre todo, las muchas y buenas recomendaciones literarias que hace. ¿Te fijaste que centra su atención esencialmente en la lectura? O sea, la visión que él tenía, cuando pensaba en el arte de escribir cuentos, empezaba y terminaba por leer cuentos de grandes cuentistas. No se explayó en detalles que desvelen el laboratorio del cuentista, aunque lo más parecido a ello son los tres primeros consejos, que a mi parecer, son de grandísimo valor por la siguiente razón:

El cuento, a diferencia de la novela, aunque goza de buena salud entre los lectores interesados en el género, nunca ha destacado por ser el tipo de literatura que vende muchos libros. De modo que al cuentista que busque abrirse un hueco en la industria editorial, le conviene pensar no en un solo cuento, sino en un conjunto que atraiga tanto a editores como a lectores. Aunque los cuentos pueden leerse de manera independiente, la experiencia estética de leer un conjunto de cuentos, cuya unidad va más allá del mero hecho de agruparse en un mismo libro, aumenta con creces las razones por las que un editor y un lector se interesarán por el género. ¡Quédate con la tecla!

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