Escribe sin miedo: vence la voz interior que te limita

¿Te cuesta creer en ti? ¿Dejas pasar mucho el tiempo sin dedicarte a lo que realmente quieres hacer? ¿Sueles ser muy duro(a) contigo? ¿En el fondo sabes que esa voz saboteadora no es más poderosa que tú, pero, aun así, dejas que te agobie y la gran mayoría de las veces te incapacite? ¿También a ti te perturba la puta vocecita interior del escritor(a)?


A ver, pendejo, ¿ya viste que se acabó otro año más y no has escrito un pinche libro nuevo? ¿Cuántos años más necesitas para darte cuenta de que no vale la pena tu aventurita adolescente de “ser escritor”? ¿No has pasado ya suficiente hambre y penurias?

Te lo digo a tiempo, ahora que empieza la segunda década del siglo XXI, no se te vaya a ir otra igual de rápido que ésta… ¿Ya te pusiste a hacer cuentas? El último libro de mierda que escribiste y nadie leyó se publicó en 2016. ¡Estamos en 2020!


¡Lo que se te olvida es que este año he trabajado más que nunca¡ 2019 fue mi año de conversión total al mundo digital. He tenido trabajo todo el año y hasta me pude ir de vacaciones en agosto, ¡el mes entero! Tú, amargado, siempre viendo nomás lo malo, pero no miras también lo guay: no me han faltado alumnos cada mes, es el primer año desde 2017 que me pude dar el lujo, en diciembre, de no subir religiosamente un vídeo a la semana (tú ya lo notaste, tallerícola, por eso estás chingue y chingue que a ver para cuándo otro vídeo nuevo… como si se hicieran solas estas chingaderas).

Además, en 2019 me invitaron a impartir una conferencia y talleres en ferias de libro de regiones andaluzas; y la mejor parte de todas: ¡me mudé a Barcelona a estudiar el mejor Máster en Creación Literaria de Iberoamérica! De aventirullas ¡nada! Aquí lo que hay en muchísimo trabajo.

Mi última novela de 2016 solo es mi tercer libro. Y es verdad que lo ha leído poca gente, pero quienes lo han leído lo han leído bien y con ganas, haciéndome críticas muy halagadoras. ¡Gané el Andalucía Joven de Narrativa en 2015 con esa novela! ¿Ya se te olvidó? Y se publicó en una buena editorial y dentro de una colección que reúne obras y autores muy vanguardistas y bien valorados.

No me agobia ser poco leído, la novela sigue en pie y aunque sean pocos, sigue teniendo lectores. Además, tú no lo sabes todo, porque sí estoy escribiendo. Y no uno, ¡varios libros a la vez!

Tú lo llamas trabajar, pero no te das cuenta de que ahora eres esclavo del nuevo sistema de explotados digitales. ¿No te acabas de escuchar pidiendo limosnas? Si es que de escritor uno no se puede ganar la vida. ¡Ni que fueras Carlos Fuentes, maricón! Ya de perdis Monsiváis que hacía casi pura prensa, pero ese sí llegó a ser un maricón importante y con dinero, no como tú, que sigues siendo un Don Nadie que pide limosna en YouTube.

Tú crees que lo hago por joder, pero no, todas estas cosas te las digo por tu bien. Aún eres joven. Ya no te dan subvenciones para trabajar y tampoco puedes pedir becas de joven creador para presumir al mundo que eres una promesa talentosa, pero sigues teniendo algo de fuerza y salud.

Ahora que puedes, déjate ya de hacer pendejo y ponte a trabajar en algo que te ayude a pagar la hipoteca en condiciones. La calle está llena de camareros, agentes de seguro y secretarias que odian sus trabajos y sus vidas, pero son respetados porque tienen dinero suficiente para comer y vestir bien, para irse de vacaciones todos los veranos, sin excepción, tienen prestaciones, cotizan para la seguridad social de manera continuada, ¡podrán cobrar pensión cuando se hagan viejos!

¡Date cuenta! Lo que haces es un sin propósito. ¿Cuánto tiempo más lucharás por este sueño absurdo?


A ver, puta vocecita de los cojones. Lo llames como lo llames, no deja de ser mi trabajo. Y me gano la vida con él, con mayor o peor fortuna. Con sus rachas buenas y malas. Pero la realidad es que desde hace ya diez años que las rachas malas son siempre las del pasado y los años venideros mejoran la situación. Yo antes sí que no era nadie en este país que no me vio nacer. Pero con mucho esfuerzo y dedicación, sobre todo con vocación y empeño, me estoy haciendo un nombre y no solo me empieza a conocer gente en España que no encuentra un profesional como yo en las universidades o en los talleres de escritura más tradicionales.

Ahora, y gracias a que me parto el lomo en YouTube me conoce gente de todo el mundo. Hasta hace unos años mis alumnos vivían en Sevilla y tenía que peleármelos con otros soñadores como yo, que se sentían con más derecho de acapararlos porque ¿qué era yo? Un panchito venido a más que no iba a monopolizar el campo.

Aunque en mis comienzos no me fue nada mal, quizá porque había poquísima competencia en Sevilla, cuatro o cinco años después de bregar allí me di cuenta de que los colegas de profesión, mis propios compañeros de máster y escritores de generaciones no muy lejanas a la mía, se disputaban la chuleta conmigo. ¡Había que mutar, moderna o muerta, ese era el plan. No vine a España a morirme del asco y a fracasar.

¡Viene con un sueño y lo voy a cumplir! ¡Lo estoy cumpliendo poco a poco! ¿Además de chingar y chingar con que deje de perder el tiempo, dime, ¿tú qué es exactamente lo que has conseguido? ¿Te debo algún mérito además de llenarme de miedos e inseguridades de vez en cuando?

Por otro lado, tú y la inmensa mayoría de tarados del mundo se creen que La Monsi (que Dios y la Virgencita de Guadalupe la tengan en su gloria) y que el Fuentes (también descanse en paz), ¿se hicieron de la noche a la mañana? ¡Ningún escritor se hace de la noche a la mañana! Eso es mentira. Puede que algunos tengan éxito con sus primeras obras, pero ¿cuándo el éxito de una sola obra a conseguido que se extienda el éxito de un autor a lo largo de toda una vida?

Mira, hay casos como el de Laura Esquivel, a la que le conocen básicamente Como agua para chocolate en todo el mundo, pero ¿fue esa la única obra que escribió? ¡No! Y Rulfo, que tanto miento yo en este canal, ¿no publicó dos o tres librillos apenas? Sí, ¡Y qué libros! ¿Pero eso significa que un día el señor dijo: «Eah, hoy me pongo a parir esta obra maestra…» y le salió Pedro páramo o El llano en llamas?

Los y las escritoras no nacen, chinga, se hacen. Y se hacen a lo largo de toda su vida. Si no que le pregunten a Cervantes, que empezó a “disfrutar”, si a eso se le puede llamar realmente disfrutar, de su éxito cuando estaba ya en el lecho de muerte. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Si yo me dedicara a perseguir este sueño, a trabajar duramente, por el sueño de ser un escritor en condiciones por dinero, ya habría abdicado… como el Rey Juan Carlos o la Ratzinger. Pero no es el dinero lo que a mí me mueve.

Pago mis deudas sin falta, no me hace falta alimento ni techo, viajes no me faltan porque aunque no tengo mucho dinero, tengo amigos generosos y compartidos. También tengo algo que no tienen todos esos camareros, secretarias o vendedores de seguros: soy muy feliz haciendo lo que hago. Ahora mismo, mientras te digo todo esto, soy feliz.

Me hace muy feliz hacer esto de tanto en tanto, así como impartir clases y enfrascarme profundamente en las aventuras creativas de mis alumnos, que son también mías. Aprender de ellos y con ellos. No vivo frustrado y sintiéndome culpable porque mi vida se desperdicia y me siento insatisfecho. ¿Me falta dinero? Sí, a veces sí. Pero no tanto como crees. Porque nunca he sido una persona de lujos. Soy más bien austero y los hay más austeros que yo. Tengo lo que necesito y a veces tengo más. Nunca me falta lo que realmente necesito. Soy mi propio jefe, soy libre de tomar mis propias decisiones y llevo las riendas de mi propia existencia. No dependo de los caprichos y la estabilidad económica de nadie.

Y aunque sea poco, el dinero que percibo lo recibo con gusto y como si fuera bendito, porque lo gano haciendo una labor que me apasiona y entusiasma cada día. ¿Renunciar? ¿Cambiar de opinión? ¿Por qué iba a hacer eso justamente ahora que me encuentro estudiando con los mejores del campo a nivel Iberoamericano?

Ahora que escribo una cuarta novela y un nuevo libro de cuentos, ahora que tengo prevista la escritura de un manual de creación literaria y un libro de memorias sobre mi infancia. Tengo en puerta al menos cuatro grandes proyectos que me ilusionan y apasionan mucho. Y durante los últimos años vengo trabajando en todos ellos. ¿Sabes qué te digo? ¡El tiempo que haga falta, tío! ¡No tengo prisa! Y sí mucha determinación, mucha enjundia e ilusión, el suficiente morro como para que no me importe lo que piense de mí la gente y tanto talento como soy capaz porque no dejo de formarme desde que empecé a especializarme en 2007, hace ya trece años, sin contar mi licenciatura, por supuesto. No creo que a estas alturas del partido haya algo que puedas decirme, que vaya a hacerme cambiar de opinión…


Que conste que yo he intentado ser cauto, pero es que tú te vuelas la barda, compadre. Y hay que decirte la verdad porque si no te perdemos. Ya se te fueron los pies a las nubes o quién sabe a dónde y estás insoportable. No han pasado ni 12 días completos desde que empezó el año y tú te lo tienes bien creído.

No escribes tan bien como tú crees, necesitas corregir muchísimo… ¡años! para conseguir un texto de esos que tú llamas decente y que un editor se atrevería a mirar por encima del hombro. Ninguno de tus libros se ha vendido bien. El primero ni se publicó en papel porque eres un cerdo y escribes puras mariconadas, el segundo aunque tuvo buena distribución y alcanzó algo de público, se quedó en México y ¿dónde estás tú? ¡Ah! Sí, en España.

¿Y cómo se venden libros? ¡Presentándolos por todas partes! ¿! ¡Estupendo! Y tu primer libro, no me hagas empezar con él… ¿Cuándo vas a interesar al gran público si escribes inspirado en el Marqués de Sade? ¿Que haya terminado su vida en la cárcel no te dice suficiente?

Vale que has conseguido algunas becas de creación. ¡Y qué! Muchos otros las tuvieron y siguen como tú, sin conseguir una mierda. Un solo premio y una novela medio qué no te hacen un escritor de verdad. Sigues siendo un soñador y probablemente mueras siéndolo, ¿eso quieres? No vives de escribir, vives de impartir clases, porque no tienes más remedio y porque si no te morías de hambre.

Eres tan inútil que no te has dignado a dominar un oficio de verdad. No sabes hacer cosas que le importen a la gente o que la gente necesite. ¿Arte? Las tiendas ya están repletas de arte, barato y caro que otros hacen mejor que tú. ¿Y para qué? Si al menos tuvieras lectores, si al menos alguien se interesara en ti como escritor. Pero ¿qué te has propuesto hacer tú? ¡Darte a conocer como profesorcillo de escritura creativa!

Y así te conocen ahora. Coach literario, te haces llamar con una palabreja en inglés, para darte caché, cuando lo que eres es un profesor particular de toda la vida de Dios. Lo único que te ampara, y da gracias por ello, son los libros que con tanto recelo acumulas y lees. Si no fuera por ellos no me quiero imaginar lo perdido que estarías. Pero vamos, que mil en tu lugar lo tienen claro y se dejan de perder el tiempo allí con las narices metidas entre páginas.

¿Qué bien hace eso al mundo cuando hacen falta informáticos, expertos en comunicación digital, programadores e ingenieros que desarrollen la inteligencia artificial que transformará a la humanidad durante el siglo XXI y no las chingaderas que haces tú con tu grupito de siete mil borregos de YouTube? Y date con un canto en los dientes, porque hace un año no tenías ni mil. No te alcanza ni para empezar a figurar de verdad en Internet, compadre.

Y ya con esto remato bien rematada la faena: ¿cuándo dices, otra vez, que se publicó tu último libro? ¿En 2016? Cuatro. Cua-tro. Esos son los años que llevas haciéndote bien pendejo. ¿Vivir? ¿Enriquecerte? ¿Leer? ¿Tener algo que decir? Así llamas tú a eso que no es otra cosa que hacerse pendejo. ¡Ay los artistas! ¡Artista! ¡Artista! Tú sí que tienes arte, hijo, pero para fumarte el tiempo de la vida como si no valiera nada. Y no me vengas luego a decir que no te lo dije, porque te lo estoy diciendo ahora. ¡Espabila y búscate ya un trabajo de verdad!


Lo único que está en la nube es mi careto hablando de literatura y creación literaria, que han visto, por cierto, más de 192 mil cien veces, durante más de 20 mil horas, una audiencia cautiva de ahora siete mil suscriptores que sólo configuran el 30% de las personas que me siguen y aún no se han suscrito al canal.


Tú, que solo vives en mi cabeza porque yo lo permito y porque te necesito de vez en cuando para ponerme en mi sitio, llamas despectivamente borregos a mis queridos tallerícolas, gente como yo que vive y que siente la literatura de un modo muy similar al mío, gente real, no números, con la que me comunico asiduamente, a la que respondo de verdad todos los comentarios que hace.

Esa gente, desde que inicié el canal, no deja de agradecer que haya al menos un canal en todo YouTube que enseñe de verdad el oficio del escritor y que se ocupe de las inquietudes que perturban a todo el que se acerca por primera vez a la creación literaria. Desde 2017, además de divulgarme como profesor de escritura creativa, que sí, es lo que soy, un entrenador literario, de allí la palabra inglesa que me ayuda a transmitir mejor la idea de uno de mis trabajos, comparto con no poca generosidad lo que he aprendido estudiando un huevo desde el último año de mi licenciatura.

Aunque mis vídeos no dejan de ser una estrategia de marketing digital, que lo son muchas veces, también son aportaciones reales de conocimiento basado en fuentes y fundamentos teóricos y técnicos. No soy un vendedor de motos, de seguros o de cocacolas.

Yo formo escritores, además de aspirar a ejercer ese oficio de manera más intensa y definitiva a lo largo de mi vida, además de divulgar las letras, la creación literaria e incentivar la lectura a través de Internet, me tomo muy en serio mi labor como docente, entrenador de futuros escritores que consigan la meta que yo mismo tengo y me propongo alcanzar.

Pero eso es algo que a ti y a muchísima gente sigue pareciéndole una locura y no pretendo hacerte o hacerlos cambiar de opinión. Me basta con entender que el trabajo que yo realizo es necesario en la sociedad en la que vivimos, una sociedad ávida de historias y de experiencias ajenas que enseñen a enfrentarse a la vida. Porque entre muchas otras cosas, eso es lo que hace la literatura, pero no te agobies, no todos lo entienden ni lo tienen que entender, tú tampoco…

Uno de mis maestros de universidad, quien probablemente me ayudó a afianzar la vocación literaria y de quién ya he hablado en este canal, mi querido amigo René Avilés Fabila, que en paz descanse, me dejó bien claro desde el principio que durante una buena parte de mi vida primaria como escritor debía centrarla sobre todo en la creación, el crecimiento, la formación y la práctica. Me hizo ver, porque él ya había recorrido ese camino, que el éxito del escritor, si llega alguna vez, no suele llegar temprano en la mayoría de los casos. Y que dependía mucho del tipo de literatura que cada uno aspire a hacer.

Si ahora hablamos con orgullo de autores como Kafka, Carver, Bolaño, etc., tiene que ver más con el tipo de literatura que se propusieron hacer en vida que con las vidas de éxito que pudieron disfrutar. La realidad es, por cruda que sea, que la vida del escritor es, si no siempre, casi siempre precaria, de modo que el amor por el oficio jamás proviene de la retribución económica que se obtenga de él.

Por eso las facultades de odontología están repletas de gente ambiciosa, que quiere una vida de holgura económica y que está dispuesta a destrozarle la mandíbula a muchos ingenuos, porque les da igual ser buenos odontólogos o estomatólogos, lo que quieren es ganar dinero. Para entender lo que te intento decir, hace falta un poquito más de materia gris y un tipo de ambición humanista que vuelve trascendental el trabajo de un creador, cosa que tú, claro está, no tienes. Así que ¿para qué me sigo tomando la molestia?

¿Mis libros? Allí están, muy bien, lo que duren, lo que se les tenga que leer o ignorar. No importa. Solo son mis primeros libros, no los mejores libros que puedo escribir.

¿Las becas y los premios? Pues mira, qué te digo. Algo de razón llevas al decir que muchos las tuvieron y siguen sin comerse una mierda. Pero no es el caso de la mayoría. Muchos de mis compañeros de residencias y becas han conseguido y están consiguiendo grandes éxitos. Se están convirtiendo, poco a poco, en la nueva generación de escritores iberoamericanos.

Creo que hasta ahora he andado por donde tenía que andar y sigo andando por el camino correcto. Siembro. Un día cosecharé. No me cabe duda. A veces me desespero y me da envidia, quizá, pero eso me pasa cuando te dejo abrir la bocota. Muy pronto me recuerdo que cada uno tiene su momento y que el camino del artista es siempre personal e intransferible.

¿Me lo tengo creído? ¡Quizá! Pero si yo no creo en mí, ¿quién? Por eso el mundo está lleno de desilusiones, frustrados e insatisfechos. Yo, al menos, tengo la paz y la alegría de saber que hago lo que me gusta y que lo hago con la intención de que un día cuaje y transforme todo esto en un medio digno y estable de vida que me lleve así, de la manita, feliz e ilusionado siempre, hasta el último día de mi vida. Viviendo como pienso que se debe vivir: dejando huella en el mundo, huella de la buena, de la que procura el cambio, la evolución y que lo hace sentir a uno que todo por lo que se pasa vale y tiene un sentido.

Esto igual sobra, pero se te olvida que yo soy un hombre orquesta: soy mi propio secretario, gestor, productor audiovisual, community manager, guionista y realizador. Aunque te parezcan pocos, que no lo son, todos mis logros han sido duramente peleados y ganados. Me siento tan orgulloso de todos ellos, tanto como de mi larga lista de fracasos, sin los cuales jamás habría conseguido unos cuántos éxitos.

Es cierto que para empezar a figurar de verdad en Internet hacen falta al menos diez mil suscriptores. Pero yo soy entusiasta porque 2019 empezó con mil y terminó con siete mil. El canal creció seis veces más que durante el 2018. Nada mal, ¡joder! Y eso que tuve que bajar el ritmo al final del año. Yo calculo que llegaré a los diez mil dentro de tres o cuatro meses más o menos, probablemente antes si mis tallerícolas se dignan a suscribirse. 

YouTube, pero también Spotify, iTunes y todas las demás redes sociales, para quien las sabe usar, son una buena oportunidad de negocio. Y estoy feliz de ser una de las pocas personas que pueden surfear la dura ola que significa hoy en día emprender en YouTube, cuando los criterios de difusión del contenido se endurecen y no es tan fácil que lleguen al público de manera masiva como en los inicios.

Nótese que ya te he dado una o dos razones, porque tampoco es que estés completamente majara. Pero tu enfoque me la pela y no me sirve del todo. Por eso matizo. Y para poder rematar en condiciones a la mentada de madre con la que acabas tus argumentos hijos de puta, ahí te va este compromiso manifiesto que va dirigido a mí, ante los siete mil tallerícolas del canal: en 2020 habrá, como mínimo, un libro nuevo.

Pero, que conste que estoy en putiza queriendo sacar adelante hasta cuatro, de los que al menos dos, con mucha suerte tres, terminaré este mismo año, con la idea de publicarlos a finales de 2020 y a lo largo del 21 y 22. Me comprometo aquí y ahora a no dejar pasar un año más sin libro nuevo. Y para que conste, no sin exagerar un poquito, este acto performático cuyo valor, no por sarcástico, se demerita, levanto una de mis manos y pongo otra sobre mi corazón para prometer solemnemente, que este año saco libro o libros nuevos, truene, llueve, relampagueé o me lleve la chingada. Por mis huevos que sale. 

Y dicho lo anterior, ya que me has servido como esperaba, puta vocecita interior de escritor, vete mucho a la vereda de la amargura y déjame en paz que tengo mucho trabajo y ya solo me quedan 353 días para poder volver aquí y echártelo en toda la jeta.

¿También a ti te acosa la p*uta vocecita interior? Mi Coaching literario podría ayudarte a domarla. ¡Considéralo!

¿Dudas? Déjame un comentario, los leo y respondo a todos. Quiero llevarte a dominar el oficio literario y me ilusiona recibir tus impresiones. Así siento que no hago todos estos esfuerzos en vano. ¡Vamos!