😫 Cómo no ahogarte entre influencias y referentes

¿Escribes y todas tus palabras parecen haber sido escritas por el autor o autora que estás leyendo? ¿Se te cuelan las voces, los ritmos, los temas y estilos de los escritores y escritoras que te gustan, admiras, incluso sin pretenderlo? ¿Crees que para evitar su influencia deberías renunciar a ellos? ¿Deberías leerlos si lo que te propones es escribir una obra propia y original a través de la que los lectores te puedan identificar a ti y no a ellos? ¡Ha llegado la hora de que aprendas cómo no ahogarte entre influencias y referentes!

¿Lees tanto que escribes como aquellos a los que lees?

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Hace como un siglo, King King, suscritor de este canal, me dejó un comentario con una cuestión que atrapó mi atención:

Con el comentario me acordé haber leído al respecto, así que me sumergí en mi biblioteca personal y me pasé un par de tardes rastreando al autor, porque no conseguía encontrarlo, hasta que me topé con el ensayo de Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir. Si no recuerdo mal ya había mencionado en el canal, aunque muy de paso, que estaba leyéndolo. Lo que no sé es por qué carajo no volví al canal para hablar un poco más sobre él. 

En cualquier caso, esto es lo que Murakami piensa al respecto del dilema de King King; parto de los planteamientos generales de Murakami para profundizar y expresar con mis propias palabras y perspectiva, cómo puede uno enfrentarse a las influencias o referentes, buscando la tan deseada originalidad.

Como probablemente ya sabes, a Murakami le gusta mucho la música de todo tipo, de modo que en el ensayo utiliza una anécdota de su adolescencia para explicar que la primera vez que escuchó a los Beatles con “Please Please Me” y a los Beach Boys con “Surfin USA”, sintió una emoción que nunca antes había sentido, lo que lo convirtió en admirador absoluto de su música, en el caso de los Beatles para siempre, en el caso de los Beach Boys durante el tiempo que fueron famosos con su primer disco.

A muchos adultos de aquellos primeros años sesenta del siglo XX, la música de estos niñatos del rockpop eran basurilla de la que se mofaban y de la que, aseguraban, pronto se olvidaría todo el mundo. Pero ya sabemos que no fue así. A pesar del rechazo generacional de inicio, la música de los Beatles y los Beach Boys consiguió una posterior aceptación y valoración generalizada, posicionándolos en lo más alto. Hoy en día nadie discute la grandeza de los Beatles ni los alcances y el éxito de los Beach Boys para fijarse en el imaginario social. 

Lo que permitió este cambio de perspectiva es un fenómeno lento y difícil de explicar que a mí me gusta denominar consenso social, que sólo se alcanza a través del tiempo y que obedece a multiplicidad de complejos factores que no pretendo enumerar aquí, entre los que yo destacaría el criterio unificado del público que consume un producto cultural. O sea, cuando mucha gente valora positivamente un mismo producto cultural en un mismo periodo histórico. Este fenómeno da lugar a los clásicos. Acá habría que acotar que el público no sólo se compone por los consumidores, sino también por la academia y la crítica especializada, cuya influencia, a su vez, es fundamental para la canonización de autores y obras, aunque la canonización no dependa necesariamente de la valoración positiva de la crítica y la academia. Lo que quiero decir es que la última palabra siempre la tiene el público en general, aunque el público especializado tiene muchas veces la capacidad de condicionar, cuando no directamente construir el canon.

En el territorio de la literatura, Murakami menciona como ejemplos al japonés Natsume Sōseki o al norteamericano Ernest Hemingway, cuyas obras se han convertido en clásicos que son influencia o referente para muchos otros escritores, pero que antes de serlo fueron duramente criticados e incluso llegaron a ser objeto de escarnio. La literatura de estos dos escritores se convirtió en un referente de tal importancia, que en la opinión de Murakami el desarrollo de la literatura norteamericana y japonesa, tal y como se conoce hoy, no sería igual sin la influencia que produjo el trabajo de estos autores.

Murakami llama “sensación casi espiritual de referencia” a la experiencia que tuvo escuchando a los Beach Boys, a los Beatles o leyendo a Sōseki y Hemingway. Cree que esta sensación es la que experimentamos las personas cuando consumimos productos culturales capaces de trascender en el tiempo los gustos o las modas, para alcanzar, más tarde o más temprano, una valoración positiva unánime del público mayoritario. Identifica esa sensación con la originalidad.

Los autores y artistas que consiguen ser originales de verdad no son muchos y, en algunos casos, tardan bastante en conseguir una auténtica capacidad de influencia, pero aquellos que lo consiguen, se vuelven grandes referentes, cuya frondosidad es capaz de hacer sobra a muchos que se les acercan. De ahí que los consumamos no podamos evitar que su influencia nos ahogue durante un periodo de nuestras vidas, que va desde el tiempo que tardamos en leer sus obras, hasta la misma muerte. Es un ahogamiento placentero, sobre todo si somos lectores.

Pero cuando somos escritores, las influencias de los autores que admiramos y leemos con pasión pueden llegar a fagocitar nuestra propia voz, nuestra propia personalidad creativa. Porque en lugar de buscar la originalidad, tal y como hicieron ellos, nos mantenemos abducidos por sus potentes estilos, atrapados en una red extensísima de nombres que puede convertirse en una verdadera trampa devora sueños. Este, me temo, es el caso de mi seguidor King King. Tal vez también sea el tuyo.  ¿Qué más da si escribes bien, si quien te lea puede pensar que lo ha escrito alguien más?

Y no estoy diciendo que sea inconveniente imitar a los escritores que admiramos. Porque aquel o aquella que sea capaz de emular el estilo, la cadencia, el ritmo y todas las demás virgerías de un premio Nobel de literatura, por ejemplo, tiene todas las papeletas de conseguir un estilo personal. Pero hay una diferencia importante entre dejarse inspirar y ahogarse entre las influencias y referentes, sin poderse alejar para encontrarse con uno mismo.

Si parto de los planteamientos de Murakami, todo escritor debe y de hecho tendrá influencias porque lee. Pero todo escritor que aspire a trascender en el tiempo a través de sus obras debe superar sus influencias y buscar la originalidad. 

Para entenderlo mejor, he creado un esquema que ilustra lo que he bautizado como

El ciclo de las influencias

Tenemos en el inicio del ciclo a los referentes o autores que son nuestras influencias, los autores, entonces, superamos nuestras influencias en la búsqueda de la originalidad y producimos obras transgresoras y originales cuyas cualidades renuevan el canon del que se partió con los referentes, creando un nuevo canon a través del tiempo y del consenso generalizado, lo que da paso, nuevamente, a la consolidación de nuevos referentes: nosotros, los autores que buscábamos la originalidad en el comienzo, nos convertimos en la nueva influencia.

Ahora bien, esto plantea unas cuantas incógnitas:  ¿cuál es el primerísimo referente? ¿Dónde y con quién empieza el canon? ¿Todos los escritores pueden convertirse en nuevos referentes? Si somos autores, ¿qué hace falta para superar nuestras influencias y convertirnos en creadores con personalidades creativas únicas que sean capaces de crear obras nuevas originales y transgresoras?

Me he quedado pensando en todo esto y me di cuenta que para dar respuesta a algunas de mis preguntas necesito explorar más. Por eso voy a estudiarme a Harold Bloom, quizá el crítico literario más importante en occidente. En los años setenta del siglo XX, Bloom publicó uno de sus más importantes ensayos bajo el título Angustia de la influencia, cuyas aportaciones siguen siendo hoy en día fundamentales en los estudios literarios. En 2011 se publicó una actualización de dicho ensayo bajo el título Anatomía de la influencia, la literatura como modo de vida, que es el ensayo que me voy a estudiar y te invito también a leer. Se trata de una versión más amable y clara que según evalué puede traernos luz al respecto. Más adelante podríamos encontrarnos aquí para charlar al respecto.

Por fortuna para todos, Murakami me ayudó a comprender unas cuántas ideas básicas que explican qué debería hacer un autor para alcanzar la originalidad, que es finalmente lo que se pregunta King King y la razón por la que me tienes aquí dándole al coco sobre todo esto.

Para alcanzar la originalidad

Según Murakami, para alcanzar la originalidad habría que encargarse de tres asuntos:

  1. Tener un estilo propio. Es decir, desarrollar peculiaridades, una personalidad creativa y un discurso personal. En este sentido la práctica y la formación son el mejor método para conseguir un estilo propio.
  2. Ser capaz de superar el estilo propio. O sea, ya que alcanzaste a reconocer cuáles son tus peculiaridades o señas de identidad, ya que crees que conoces bien tu personalidad creativa, ¡evoluciona! ¡Cambia! Aléjate de ello y renuévate. Sin evolución, la búsqueda de la originalidad da paso a la estandarización de las formas y a la ausencia de dinamismo.
  3. Convierte la búsqueda de originalidad en el único estándar o norma si quieres alcanzarla.

Parece simple, ¿no? Al menos en teoría. En la práctica es muy diferente. Hace falta escribir mucho, enfrascarse en procesos formativos en los que aprendamos a domar el ego. Para ayudarte a comprender la teoría de estos planteamientos he creado otro esquema, ando yo muy esquemática, ¿verdad? A este esquema lo he bautizado

El ciclo infinito de autor original

Primero tendríamos al autor que ya se enfrascó en un proceso formativo que le permitió identificar sus peculiaridades, definir un estilo propio y una personalidad creativa, lo que generalmente trae como consecuencia la producción de una primera obra literaria que refleja ese proceso. 

En segundo lugar tendríamos al mismo autor que, en la búsqueda de la originalidad se despega de su reciente yo y se enfrasca en un nuevo proceso, esta vez de exploración estética y quizá también discursiva (dependerá de las inquietudes de cada autor), que le permita alejarse de sí mismo, de sus cualidades inicialmente reconocidas.

En tercer lugar y para configurar un nuevo yo, el autor, como resultado de su última exploración produce una segunda obra literaria en la que se percibe su reinvención.

En cuarto lugar tendríamos al autor renovado que, en la búsqueda de la originalidad y para no caer en la estandarización de su trabajo, vuelve a despegarse de sí mismo y a enfrascarse en un nuevo proceso de exploración.

En quinto lugar, el autor tres veces renovado se halla en un nuevo territorio estético y discursivo en el que muestra otra faceta de su personalidad creativa y en constante evolución, a través de una tercera obra literaria.

Y así en un ciclo infinito.

Habría que recordar, dice Murakami, que uno puede aspirar a ser original e incluso asegurar que lo es, pero lo único que verdaderamente nos hará originales es la convención del público a través del tiempo. Un detallito que no deberías pasar inadvertido, si quieres que esto te suceda en algún momento de tu vida (aunque será mejor que te hagas a la idea de que generalmente esto pasa cuando los autores ya han muerto), es que el público sólo se digna a valorar a los artistas que acumularon varias obras en las que pretendieron y buscaron la originalidad. ¿Significa esto que no podrás nunca alcanzar la valoración general en vida? ¡Obviamente no! Sobre todo en el periodo histórico en el que vivimos. Nunca antes un autor tuvo tantas oportunidades de alcanzar lectores a lo largo y ancho del mundo. Sólo significa que si buscas la valoración y en consenso social de tu trabajo, te conviene ponerte a trabajar enserio porque no le importará una mierda a nadie si no escribes unas cuantas obras en las que se ponga en evidencia que te importaba mucho lo que hacías y que estabas buscando ser original. Tú procura que así sea y deja que ellos se encarguen de sacar sus conclusiones.

Ahora bien, si la cabeza no te ha explotado aún porque eres de esos seguidores que al minuto tres del vídeo ya se cansaron de poner atención, seguramente te has escandalizado antes cuando Murakami pone en primer lugar la tenencia de un estilo propio como condición para alcanzar la originalidad. Habrás pensado: ¡menuda mierda!, precisamente eso es lo que quería saber. Dices que para alejarme de mis influencias tengo que ser yo mismo, ¿no? ¿Quieres hacerme el puñetero favor de decirme ya qué coño debo hacer para buscar un estilo propio? 

Precisamente porque te conozco y sé que te habrías ido dejando un comentario aniquilador del tipo: “y encima me vendes tus p*utos productos”, aquí tienes

Seis tips de Murakami para buscar el estilo propio

En cuyas ideas me baso y las que desarrollo con aportaciones propias.

  1. Proyéctalo en función de tus referentes.
    Si aún no sabes cómo te gustaría que fuera tu estilo o no lo sabes identificar a través de los rasgos de tu personalidad creativa, deja que el conjunto de tus referentes sirvan como punto de partida, como espejo, pero nunca te quedes a vivir en esas casas confortables. La búsqueda del estilo propio no es para tímidos; tu capacidad de observación será muy útil. Para construir tu propia casa, que deseas sea única e irrepetible, siempre puedes inspirarte en las casas de los demás. Pero ojito con copiarlas. En todo caso reinventarlas, recíclalas, mezcla y refresca ideas. Y para hacer alguna de esas cosas necesitarás confiar en tu propio criterio personal.
    Me temo que este tip no te servirá de nada si no tienes referentes o confianza en ti mismo. Para conseguir ambas cosas te vendrá bien enfrascarte en un proceso formativo que te ayude.
  2. Escudriña lo que hay en ti en lugar de intentar sumar algo a ti.
    Los referentes sumarán algo a ti: aquello que estuvo en los autores que leíste con ilusión. Pero ese “algo” no te pertenece. A ti sólo te pertenecerá lo que hay en ti: es justamente eso lo que el mundo espera que compartas y lo que establecerá la diferencia entre tú y los autores a los que leíste. Pon atención: he dicho lo que hay en ti, es decir, ya está en ti, ¡sácalo!
    Si no tienes ni zorra idea de qué puede ser eso que ya está en ti, necesitas desesperadamente un coach
  3. Púrgate de los referentes y reinicia el sistema operativo de tu mente.
    Si quieres tener espacio para lo nuevo en ti mismo habrás de crearlo, porque a veces tenemos saturado el disco duro, sobre todo si nuestras inseguridades nos han llevado a la acumulación insensata de referentes, no porque realmente hayas querido o buscado que lo fueran, sino porque fueron referentes de otros artistas que supieron encontrar su estilo propio y por los que sientes una profunda envidia. Si te quieres encontrar contigo mismo olvídate de todos los demás mientras te estés buscando y hasta que te encuentres.
    Si no sabes reconocer entre tantos referentes aquellos que son tuyos de verdad y no los referentes de otro, ¿cómo saber cuáles son los referentes que deberían servirte de inspiración y cuáles no? ¿Vas a formatear todo el disco duro? Olvidarte de todos también podría traer como consecuencia que te olvides de ti. Y aquí se trata de olvidarse puntualmente de los referentes, pero teniendo claro cuáles son. ¿Confundido? Ya sabes lo que deberías hacer.
  4. Diviértete.
    Si tu corazón no palpita de emoción o alegría espontánea es probable que albergue alguna parte de equivocación o discordia. Manténte en el territorio de la diversión porque allí tu auténtico ser suele emerger de forma natural.
  5. Guíate por la libertad más absoluta.
    Estarás dejándote llevar en libertad cuando tu necesidad de expresión, desbordada por una energía abundante y espontánea, te lleve a transmitir al público aquello en lo que no puedes dejar de pensar, aquello que si no sacas, explotas. Al compartir esa materia también compartirás tus emociones. La libertad está en lo que tú tienes que decir, no en lo que a los demás les gustaría que dijeras. Si a los demás les interesan otros asuntos: ¡que se pongan ellos a discurrir sobre esos asuntos! Para eso son libres.
  6. No te pongas límites y busca tu estilo sólo cuando te apetezca.
    No hay prisa, sólo ganas de explorar y encontrar. El que busca, encuentra. Deja que tu exploración fluya. Pero si quieres encontrar tu estilo tendrás que ponerte a explorar. Nada encuentra quien nada busca. El estilo literario propio se encuentra, obviamente, escribiendo. Esa es la única vía a través de la que podrás definir un estilo propio. Leer sirve, por supuesto. Pero ningún autor se hace únicamente de lecturas. ¡A escribir!

King King me pregunta: ¿Cómo llegar al punto de leer y escribir sin renunciar a ninguna de las dos cosas? Su problema es que nunca deja de encontrarse a nuevos escritores, lo que le hace sentir que nunca termina de estar preparado para escribir. Ante estas interrogantes y después de haberte expuesto las valiosas reflexiones de Murakami, aderezadas con pajilla de mi propia cosecha, ¿conoces a alguien que repique y al mismo tiempo ande en la procesión?, ¿a alguien que repique la campana y a la vez lleve al Santo a cuestas? 

Se me viene a la cabeza una anécdota: mi abuelito Trini, al que le envío un beso lleno de cariño, suele decir a sus nietos cuando los ve moviendo gozosamente el bigote al comer: “Si chiflas te doy diez pesos». Hemos caído en la trampa, mi hermano y mis primos, todos. Seducidos por lo que podíamos comprar con diez pesos intentamos silbar aún con el bocado en la boca. Pero sólo conseguíamos escupir la rica comida que disfrutábamos antes de que viniera el abuelo a tentarnos con diez pesos. ¿Entiendes lo que quiero decir? ¿No? Entonces búscame de inmediato, porque sin lugar a dudas te vendría bien un coach literario. Reserva una clase de prueba ahora, me encantará conocerte y embarcarme contigo en un proceso creativo y formativo.

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