Últimas palabras en Sevilla de camino a Barcelona

Llamas zapatero a la libélula y chaleco al jersey. Preguntas ustedes a qué hora os vais y andas ligero y no rápido cuando tienes prisa. Cuando tienes fatiga no es que estés cansado, es que vas a vomitar.

Dices que alguien tiene los ojos celestes y no azules. Tus camisas son de listas y no de rayas. Sabes lo que es una bulla y escabullirte de ese gentío siendo gordo o canijo, que no delgado. 

Cuando alguien se marcha dices que se ha llenado y cuando se te rompe algo, en general, se te ha partido. 

Puedes escribir cereza o sesión pero lo vas a pronunciar con un solo sonido porque eres seseaste (seresa) o ceceante (ceción). 

Sabes que alubias es lo que pone en el paquete de chícharos que compras en el súper, has oído llamar resbaladera al tobogán y damasco al albaricoque. Alguna vez de chico y no de pequeño miraste hipnotizado la Giralda y ahora casi no te sorprende verla en tu horizonte diario.

Abrazando los tipismos a veces, otras dándoles la espalda. No eres el de los quillos y arsas que imitan en la tele para irritación tuya. 

Sabes que nadie en Sevilla se viste de faralaes sino de flamenca

Has pasado por la calle más estrecha de Sevilla que es, precisamente, la calle Aire. Allí vivió el poeta Luis Cernuda la asfixia de su última etapa sevillana. Sabes que en su libro Ocnos (1942) Cernuda recordó a Sevilla desde el exilio como un edén perdido, y que ese “paraíso que disfrutas como ciudad” es la prisión de la que deseas escaparte de inmediato.

Y haces todo eso porque estás en Sevilla. Como yo. 

La ciudad que amo con el entusiasmo provinciano de quien vive aquí. ¡Vivía! A un tiempo admirando las grandezas individuales de sus habitantes, otras veces soñando con una Sevilla sin sevillanos, como Abel Infanzón, el apócrifo de Antonio Machado:

¡Oh, maravílla,
Sevilla sin sevillanos.
La gran Sevilla! […]
Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!

Pero siempre, como el lector si es de Sevilla, tengo a la ciudad enfrente y a sus palabras en mi entorno, en mi mente, siempre está Sevilla en mí, pero no yo en ella. 

En la plaza de San Lorenzo miro el campanario sin asombro, ya hacen trece años, y oigo desde arriba la lengua distinta de la decidida escisión lingüística sevillana, que me recibió, mas no acogió, que me divirtió, mas no quiso ni entendió.

¡Mira allá! ¡Arriba del todo! ¡Palabras nuevas entre el mar y la montaña! Una lengua ajena que aún me puede rechazar.

Benvingut a Barcelona,
La Ciutat del Barça y las papallonas
Aquí me siento como en casa
Aunque sea una farsa
Y se hayan acabao las Olimpiadas.

Me ves partir, indiferente. Será que me he llenado…

«¿Quién era tú? ¡Ah sí! El de fuera… ¿Shino, era? Tú perdona, (aunque en verdá me da iguá si me perdona o no) si no te he llamao, es que estoy organizando mi Semana Santa y mi Feria de Abrí, que cae mayo y yo no me callo. Si se me ha pasao invitarte a una cerveza, como cuando me invitaste una tú, cuando llegaste, es que te has ío demasiao pronto. Y que no me importa, la verdá… Qué jará de tiempo, ¿no? Trece año eh musho, miarma

Musho ha tardao, tú, shiquillo. Si te he visto, no me acuerdo. Que al fin de cuenta…»

Como ya habrás concluido, hoy he venido simplemente a decir, de una forma un tanto rebuscada y emocional, que vuelvo a Barcelona junto a mi marido, esta vez para quedarle allí. Dejar Sevilla me produce emociones encontradas, pero me entusiasma muchísimo la vida con la que me voy a encontrar ahora en una ciudad a la que ya quiero y que me ha hecho sentir acogido desde el primer momento. Por supuesto, seguiré desde Barcelona trabajando en mi taller de escritura creativa. Nada cambiará, excepto porque a partir de ahora la cultura barcelonesa y, en general, del norte de España, se apoderará de mí durante un tiempo y haga conmigo lo que hizo la cultura andaluza, en todos los sentidos. 

¡Qué nervios!


Ahora que sabes que estaré por Barcelona, hazme saber qué asuntos literarios, vinculados con la ciudad, te gustaría que tratara aquí. Leo y respondo a todos los comentarios.